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Las baterías de los carros eléctricos pueden tener una segunda vida antes de ser recicladas, pero el crecimiento de la movilidad eléctrica plantea nuevos retos para su manejo.
Las baterías son uno de los componentes principales de los vehículos eléctricos y, con el paso del tiempo, pierden capacidad para almacenar energía. Sin embargo, cuando dejan de tener el rendimiento necesario para movilizar un vehículo todavía pueden ser utilizadas en sistemas de almacenamiento para industrias, proyectos solares o respaldo energético, antes de llegar a la etapa de reciclaje.
Según la Agencia Internacional de Energía (Iea), cerca de 1,2 millones de baterías de vehículos eléctricos podrían llegar al final de su vida útil en 2030. La cifra aumentaría a 14 millones en 2040, más de 11 veces el volumen previsto para 2030. Este crecimiento plantea la necesidad de fortalecer los sistemas de recolección, reutilización y reciclaje a medida que avance la movilidad eléctrica.
La demanda de baterías también seguirá creciendo. De acuerdo con la Iea, la demanda mundial de baterías para vehículos eléctricos pasó de alrededor de 1 teravatio-hora (TWh) en 2024 y podría superar los 3 TWh en 2030. Al mismo tiempo, la capacidad mundial de reciclaje superó los 300 gigavatios-hora (GWh) anuales en 2023 y podría superar los 1.500 GWh en 2030 si se concretan los proyectos anunciados.

Una de esas alternativas es la segunda vida de las baterías. Castellanos explicó que una batería que ya no tiene las condiciones necesarias para continuar en un vehículo puede ser remanufacturada y utilizada como sistema de almacenamiento. Según una estimación de BATx, cerca de 90% de las baterías conservaría suficiente capacidad para ser destinada a otros usos después de su primer ciclo, aunque esta cifra corresponde a la compañía y no a una estimación oficial de la Iea o del Gobierno.
En el caso de BATx, Castellanos aseguró que durante 2026 la empresa ha puesto en el mercado 2,5 MWh de capacidad de almacenamiento a partir de baterías provenientes de vehículos eléctricos. Según su testimonio, estos sistemas se utilizan en aplicaciones de energía e industria y han sido adoptados por empresas como Epm, Erco, Celsia, Auteco y Somos. La compañía plantea así extender la vida útil de las baterías antes de que entren al proceso de reciclaje.
Cuando una batería ya no puede ser reutilizada, comienza la etapa de reciclaje, en la que se recuperan materiales como litio, níquel, cobalto, cobre y aluminio, dependiendo de la química de cada batería. Para Colombia, esto implica desarrollar no solo plantas y procesos de reciclaje, sino también sistemas seguros de recolección, transporte, almacenamiento y trazabilidad que permitan llevar las baterías a gestores especializados.
Para Castellanos, el principal desafío durante los próximos 10 años será que la regulación y el sector financiero acompañen el crecimiento de estas soluciones. El empresario considera necesario agilizar los procesos para ampliar el aprovechamiento de las baterías y facilitar la inversión en modelos intensivos en capital. Con el aumento proyectado de baterías que llegarán al final de su primer ciclo, Colombia tendrá que ampliar estas capacidades para evitar que un componente todavía aprovechable se convierta prematuramente en un residuo.
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