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Cada vez más, los viajeros recurren a la inteligencia artificial para decidir qué visitar O dónde comer. Por ello, los algoritmos ganan terreno como una nueva herramienta de decisión
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Planear un viaje ya no empieza necesariamente con una guía turística, una búsqueda en Google o la recomendación de un amigo. Cada vez más, los viajeros le preguntan a una inteligencia artificial qué visitar, dónde comer o qué lugares conocer, en un escenario en el que los algoritmos también empiezan a decidir qué destinos entran en el radar de los turistas.
Este fenómeno llega después de años en los que plataformas como TikTok e Instagram han convertido lugares poco conocidos en puntos de alta afluencia. Un restaurante, una playa o un pueblo pueden pasar de ser desconocidos a recibir miles de visitantes luego de que una publicación se vuelve viral.

Ahora, los chatbots pueden cambiar esa dinámica, aunque no necesariamente en una sola dirección. Clara Inés Pardo, docente titular de la Universidad del Rosario, señaló que la IA puede tanto concentrar como desconcentrar el turismo, dependiendo de cómo se diseñen los algoritmos y de los objetivos que incorporen. “Si una IA simplemente reproduce los destinos más buscados, mejor posicionados o con mayor cantidad de reseñas, puede reforzar la concentración turística”, dijo.
Sin embargo, considera que también existe la posibilidad de que estas herramientas recomienden destinos emergentes, municipios cercanos o temporadas alternativas, teniendo en cuenta variables como capacidad de carga y movilidad.
El papel de los algoritmos resulta clave en esta discusión. Alexander Ríos, fundador de Inverxia, señaló que estos sistemas no son neutrales y que, en muchos casos, buscan aumentar la probabilidad de interacción o compra. “Si los datos de entrenamiento están dominados por X o Y, esos lugares tendrán una ventaja estructural difícil de superar”.
Ese mecanismo puede generar un efecto de bola de nieve. Los destinos populares acumulan búsquedas, reseñas, fotografías y contenido en redes; esa información alimenta nuevamente a los sistemas y aumenta las posibilidades de que vuelvan a aparecer entre las recomendaciones para nuevos viajeros.
Alejandro Espitia, docente de la Universidad Javeriana, agregó que otro elemento es la cantidad y calidad de la información disponible. Según explicó, si la inteligencia artificial no tiene acceso a información nueva sobre destinos menos conocidos, puede terminar recomendando siempre las mismas zonas.
La diferencia frente a TikTok está en la posibilidad de personalizar. Mientras una red social puede mostrarles a millones de personas el mismo sitio porque se volvió viral, un chatbot puede cruzar preferencias, presupuesto, tiempo disponible e intereses para construir una recomendación específica.
Por ende, probablemente, la próxima vez que entre a TikTok y vea a cientos de personas haciendo fila en el mismo restaurante, la pregunta no sea solo por qué todos llegaron allí, sino si una inteligencia artificial podría ayudarlo a encontrar otro camino.
Durante años, las redes sociales fueron principalmente un espacio para entretenerse, informarse y relacionarse. Hoy también funcionan como vitrinas. Un video de un creador puede mostrar un producto, una recomendación puede despertar el interés y una herramienta de compra puede reducir la distancia entre esa primera impresión y la transacción. Un informe de Salesforce publicado en 2025 encontró que 53% de los compradores descubre productos a través de plataformas sociales, frente a 46% registrado en 2023.
El diario estadounidense apunta a que el gasto sería realmente superior en US$3 billones al monto reportado
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