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La firma estadounidense Weil, Gotshal & Manges anunció su disolución
La firma estadounidense, con ingresos anuales de US$2.000 millones, enfrentó una crisis por la salida de abogados que lideraban grandes negocios
Tener ingresos anuales cercanos a US$2.000 millones, más de 1.000 abogados y una trayectoria de casi un siglo no fue suficiente para garantizar la continuidad de Weil, Gotshal & Manges. La firma estadounidense anunció su disolución después de 95 años de operaciones, en medio de una crisis provocada por la salida de varios de sus socios más importantes, quienes representaban una parte significativa de su facturación y mantenían relaciones comerciales con grandes clientes.
El anuncio fue comunicado por Barry Wolf, presidente de la firma, durante una reunión virtual con sus abogados. Según reveló el Financial Times, la decisión tomó por sorpresa a varios socios, quienes desconocían que la dirección había agotado las alternativas para mantener la operación. Pese a contar con una sólida posición financiera, la pérdida de profesionales clave terminó por comprometer la viabilidad del negocio.

Uno de los factores detrás de la crisis fue la creciente competencia entre las grandes firmas de abogados de Estados Unidos por atraer socios capaces de generar ingresos millonarios. En los últimos años, el mercado legal ha experimentado una disputa por estos profesionales, a quienes las firmas rivales ofrecen elevadas remuneraciones para incorporar sus equipos y, potencialmente, sus clientes. Según el reporte, los ingresos de algunos abogados en la industria pueden superar US$30 millones anuales, impulsados, entre otros factores, por los honorarios provenientes de fondos de capital privado.
Sin embargo, Weil quedó en gran medida al margen de esta dinámica de contratación y comenzó a perder figuras importantes durante 2026. Entre las salidas más relevantes estuvieron Christopher Machera y Brian Parness, especialistas en capital privado cuyos clientes incluían a gigantes financieros como TPG, Brookfield y Goldman Sachs. Machera se trasladó a Paul Weiss, mientras que Parness llegó a Simpson Thacher, movimientos que también estuvieron acompañados por la salida de integrantes de sus equipos.

El golpe más significativo llegó con la decisión de Michael Aiello, uno de los principales abogados especializados en fusiones y adquisiciones, de incorporarse a Cravath, Swaine & Moore junto con un grupo de socios. De acuerdo con el Financial Times, Aiello y su equipo generaban entre US$100 millones y US$150 millones anuales, equivalentes a entre 5% y 7% de los ingresos totales de Weil, Gotshal & Manges.
A esta cifra se sumaban aproximadamente otros US$100 millones de ingresos anuales atribuidos a Machera, Parness y sus respectivos equipos. En conjunto, estos profesionales representaban una facturación estimada de entre US$200 millones y US$250 millones al año, lo que evidencia la dependencia de la firma de un grupo reducido de socios con capacidad para atraer grandes negocios.
A la salida de abogados se sumó una crisis de liderazgo. Ramona Nee, especialista en capital privado con sede en Boston, había sido elegida para suceder a Barry Wolf como máxima responsable de la firma en enero de 2027. Sin embargo, comunicó a algunos directivos que ya no quería asumir el cargo, una decisión que aumentó la incertidumbre sobre el futuro de la organización.

La situación se agravó con la salida de otros integrantes del comité directivo, entre ellos Drew Tulumello, Chantale Fiebig y Caroline Zalka. La crisis también alcanzó al comité global de liderazgo y estrategia, creado el año anterior para definir el futuro de la firma. De sus seis integrantes, tres —Aiello, Machera y Fiebig— habían anunciado su salida.
Ante este panorama, Weil, Gotshal & Manges exploró una posible fusión con Willkie Farr & Gallagher como alternativa para mantener sus operaciones. No obstante, las conversaciones terminaron a comienzos de noviembre, después de negociaciones e intercambios de propuestas financieras. Paralelamente, especialistas de Davis Polk y AlixPartners participaron en el análisis de la situación y las alternativas de reestructuración.
La firma también evaluó continuar como una organización independiente de menor tamaño, pero existía el riesgo de que los abogados que permanecieran no generaran ingresos suficientes para cubrir los costos operativos. La posibilidad de nuevas salidas terminó por reducir las alternativas de supervivencia.
En Estados Unidos, las normas de ética profesional restringen, en la práctica, los acuerdos de no competencia entre abogados, bajo el principio de que los clientes tienen derecho a elegir libremente a sus representantes legales. Esta condición facilitó la movilidad de socios hacia firmas competidoras y aumentó la vulnerabilidad de Weil frente a la pérdida de sus principales generadores de ingresos.
El deterioro de la confianza también se reflejó en el aumento de abogados que comenzaron a buscar oportunidades en otras organizaciones. Según el Financial Times, firmas rivales recibieron numerosas hojas de vida de profesionales de Weil, mientras los reclutadores intensificaban sus esfuerzos por atraer socios. Uno de ellos aseguró que recibía más de una docena de llamadas diarias de agencias de contratación durante el momento más crítico de la crisis.
Tras anunciar su disolución, Weil informó que continuará atendiendo los asuntos de sus clientes durante el proceso de cierre. Los asesores especializados buscarán recuperar los honorarios pendientes y utilizar esos recursos para cubrir las obligaciones de la organización, entre ellas el alquiler de aproximadamente 380.000 pies cuadrados de oficinas en el edificio General Motors, en Manhattan.
La firma también deberá responder por los saldos de capital de sus socios actuales y antiguos. El cierre podría tener consecuencias financieras para estos profesionales, algunos de los cuales utilizan sus participaciones en las firmas como garantía para obtener créditos. Para el personal de apoyo, incluidos asistentes jurídicos, administrativos e investigadores, el panorama es más incierto.
La crisis de Weil, Gotshal & Manges pone de manifiesto los riesgos del modelo de negocio de las grandes firmas de abogados, en el que la capacidad de generar ingresos depende, en buena medida, de las relaciones comerciales y del talento de sus socios. Su disolución evidencia cómo la salida de profesionales estratégicos puede comprometer la continuidad de una organización, incluso cuando cuenta con ingresos multimillonarios y una posición financiera sólida.
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