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El banco central estadounidense mantuvo las tasas entre 3,50% y 3,75%, aunque tres miembros del comité votaron a favor de un aumento con el fin de contener la inflación
La Reserva Federal, FED, decidió mantener sin cambios las tasas de interés en un rango de 3,50% a 3,75%, una decisión que ya esperaba el mercado, pero que dejó ver una creciente división dentro del banco central estadounidense. Con esta determinación, el organismo completó cinco reuniones consecutivas sin modificar el costo del dinero, manteniendo la pausa iniciada en enero.
La decisión fue aprobada por nueve votos a favor y tres en contradentro del Comité Federal de Mercado Abierto, Fomc, el órgano encargado de definir la política monetaria de Estados Unidos. Los presidentes de las reservas federales de Dallas, Lorie Logan; Cleveland, Beth Hammack; y Minneapolis, Neel Kashkari, votaron por elevar las tasas en 25 puntos básicos, al considerar que la inflación sigue siendo demasiado elevada y requiere una política monetaria más estricta.

Durante la rueda de prensa posterior a la decisión, Kevin Warsh reiteró que la prioridad de la FED sigue siendo devolver la inflación a la meta de 2% y dejó claro que el banco central no relajará ese compromiso. “No existe un objetivo de inflación flexible. No existe un objetivo implícito flexible, al menos no durante la gestión de este comité”, afirmó Warsh.
El presidente de la FED añadió que varios años de inflación elevada han llevado a algunos hogares, empresas e inversionistas a pensar que el banco central aceptaría aumentos de precios superiores a 2%, una percepción que aseguró busca corregir. Warsh también dejó abierta la puerta a futuras subidas de tasas si los datos económicos lo justifican. “Si la inflación se mantiene elevada durante el período previsto, los tipos de interés bien podrían formar parte de la solución”, señaló, aunque aclaró que no sería la única herramienta disponible para controlar el aumento de los precios.
La cautela de la FED responde a que la inflación continúa lejos de su objetivo. El indicador preferido por el banco central alcanzó 3,4% anual hasta mayo, muy por encima de la meta de 2%, pese a que en junio los datos mostraron un alivio mayor al esperado gracias a la caída temporal de los precios de la gasolina.
Sin embargo, la autoridad monetaria considera que persisten varios riesgos que podrían volver a acelerar la inflación en los próximos meses.
Entre ellos sobresalen el impacto de la escalada del conflicto en Oriente Medio sobre los precios de la energía, la imposición de nuevos aranceles y el fuerte aumento de la inversión en inteligencia artificial, que está impulsando la demanda de equipos tecnológicos y centros de datos, generando nuevas presiones sobre los precios.
Al mismo tiempo, la economía estadounidense continúa mostrando fortaleza. La FED señaló que la actividad económica sigue expandiéndose “a un ritmo sólido”, mientras que el mercado laboral mantiene un crecimiento constante del empleo y una tasa de desempleo estable, factores que reducen la urgencia de recortar las tasas de interés.
Aunque no hubo cambios en la política monetaria, los inversionistas ahora centran su atención en la reunión de septiembre. Antes del anuncio, los mercados asignaban cerca de 40% de probabilidad a un aumento de las tasas en esta reunión. Ahora, varios analistas consideran que la votación dividida aumenta las posibilidades de que el próximo movimiento de la FED sea precisamente una subida de 25 puntos básicos, siempre que la inflación no muestre una desaceleración más clara en julio y agosto.
Para el economista Omair Sharif, fundador de Inflation Insights, el escenario más probable sigue siendo un incremento en septiembre, salvo que el mercado laboral se debilite de forma importante o que la inflación baje hacia el objetivo de 2%.
En la misma línea, Kathy Bostjancic, economista de Nationwide, sostuvo que el número de votos disidentes refleja una FED cada vez más inclinada hacia una postura restrictiva, aunque considera que mantener las tasas sin cambios durante el resto del año también sigue siendo una posibilidad porque un mayor costo del crédito no solucionaría problemas de oferta.
El presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, abrió el debate sobre el papel de la comunicación anticipada del banco central al señalar que las señales sobre el rumbo de las tasas pueden ser una herramienta efectiva durante episodios de tensión financiera, pero no necesariamente en escenarios de estabilidad económica. Warsh advirtió que los mercados han desarrollado una fuerte dependencia de estos mensajes, por lo que cualquier modificación en la estrategia de orientación debe hacerse de manera gradual.
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