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El lado del Senado del Capitolio de los Estados Unidos en Washington, DC.
Los registros oficiales muestran que desde 2009 hasta 2026 el salario mínimo por hora ha permanecido congelado en US$7,25, tras el último incremento aprobado durante la administración de Obama
El salario mínimo federal por hora en Estados Unidos se ha mantenido inalterado en US$7,25 desde 2009, una cifra que, ajustada por inflación, refleja una pérdida sustancial de poder adquisitivo para millones de trabajadores. A comienzos de 2026, el país completa 17 años consecutivos sin un aumento a nivel federal, una situación inédita entre las principales economías desarrolladas.
Los registros oficiales muestran que desde 2009 hasta 2026 el salario mínimo por hora ha permanecido congelado en US$7,25, tras el último incremento aprobado durante la administración de Barack Obama. Antes de ese ajuste, el piso salarial era de US$6,55 por hora en 2008. Desde entonces, el Congreso no ha logrado consensos políticos suficientes para actualizar la cifra.
Este estancamiento contrasta con la evolución del costo de vida en Estados Unidos. En ese mismo período, la inflación acumulada ha elevado de forma significativa los precios de vivienda, salud, transporte y alimentos. En términos reales, el salario mínimo actual tiene un valor considerablemente inferior al que tenía en 2009, lo que ha intensificado el debate sobre su efectividad como herramienta de protección laboral.
Ante la falta de acción federal, muchos estados y ciudades han optado por establecer sus propios salarios mínimos, con montos que superan ampliamente el piso nacional. Estados como California, Nueva York y Washington han aprobado incrementos progresivos que sitúan el salario mínimo por hora por encima de los US$15 en varias jurisdicciones. Sin embargo, en los estados que se rigen exclusivamente por la norma federal, millones de trabajadores continúan recibiendo el mismo ingreso mínimo desde hace más de una década y media.
El debate político sigue abierto. Los defensores de un aumento argumentan que el salario mínimo actual es insuficiente para garantizar condiciones de vida dignas y que su actualización podría reducir la desigualdad y estimular el consumo. Los sectores opositores, en cambio, sostienen que un incremento federal podría afectar la competitividad de pequeñas empresas y el empleo en regiones de menor desarrollo económico.
Mientras tanto, Estados Unidos mantiene uno de los salarios mínimos federales más bajos en términos reales dentro del grupo de economías avanzadas. A falta de una reforma legislativa, el salario mínimo nacional continúa siendo US$7,25 por hora en 2026, una cifra que se ha convertido en símbolo de la parálisis política frente a los cambios estructurales del mercado laboral.
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