martes, 11 de diciembre de 2012
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luis fernando vargas alzate

Hoy se vuelve a tejer un ambiente de incertidumbre sobre lo que podría suceder en Venezuela ante la ausencia del presidente Hugo Chávez.

El mandatario se pronunció ante su pueblo para expresarle aspectos de su entorno y, de una vez, juramentar a su nuevo ministro de defensa, el Almirante en Jefe Diego Molero. Además, es la primera vez que la cabeza del ejecutivo venezolano toma la decisión de designar a una persona para que lo reemplace en sus actividades, tal como lo determinó con el vicepresidente y canciller de la República, Nicolás Maduro.

El episodio resulta realmente novedoso y abre de nuevo la serie de interrogantes en torno a la realidad, tanto del líder del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) como del gobierno bolivariano en general. Luego de que el presidente socialista se pronunciara, también se sigue especulando sobre su enfermedad, pues a pesar de ser poco conocida, un asunto es claro, y éste obedece a que no resulta normal que en la lucha contra un cáncer se programen más de tres cirugías. Menos común aún resulta que éstas sean exitosas para erradicar la enfermedad.

Ante el hermetismo con que el presidente Chávez ha manejado la información sobre sus dolencias, sólo queda intentar un esbozo sobre el posible escenario para los próximos meses en lo que tiene relación con la administración de gobierno en el país, su posible sucesor, los procedimientos que deberán seguirse para instaurar la máxima figura del Ejecutivo si es que el presidente llega a faltar, y las posibilidades que hay para el chavismo como particular corriente política latinoamericana.

Suponiendo que la cantidad de conjeturas que se ha venido gestando, desde muchos medios de comunicación y análisis de algunos expertos, acierte y que sea real que se esté llegando el final de Hugo Chávez en esta vida terrenal, es claro que el mismo líder político está preparando las circunstancias para que no se vaya a caer en el caos político. Justo ha entregado, aunque momentáneamente, gran parte de su poder político a Nicolás Maduro, un hombre que ha estado siempre al lado del presidente bolivariano. Ese es ya un indicador de que existe el riesgo de no volver y que de darse su desaparición física, el actual vicepresidente tendría el aval del presidente para lanzarse a las elecciones en su reemplazo.

Y es que aunque el actual mandatario ha instado a los venezolanos seguidores de su corriente política a brindar todo el apoyo a Maduro, la realidad es que el vicepresidente se distancia en mucho de la personalidad de Hugo Chávez. No obstante, sus palabras permanecen en la mente de los chavistas: “Mi opinión firme (…) es que en ese escenario que obligaría a convocar elecciones presidenciales, ustedes elijan a Nicolás Maduro como Presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Yo se los pido desde mi corazón”. Sin embargo, éstas no convencen plenamente al elector, y mejor se desea que no haya ningún cambio radical en el tradicional statu quo de la política venezolana.

Constitucionalmente está escrito (Artículo 233) que si el presidente de la República llegase a faltar antes de transcurridos los primeros cuatro años del ejercicio presidencial, entonces, se tendrá que convocar a nuevas elecciones, pudiendo ser candidato el Vicepresidente que tome el ejercicio mientras todo el proceso electoral se adelanta. Esto lo que hace es suponer un escenario sin Hugo Chávez, con Nicolás Maduro y Henrique Capriles disputando cara a cara, voto a voto, la opción de gobernar desde la primera magistratura del país. Algo que, aparentemente, le podría ser más favorable al segundo, puesto que la función del vicepresidente estaría exenta de autonomía en la medida que el chavismo ya le tiene un camino rígidamente establecido.

Aparece, entonces, otra pregunta: ¿el chavismo subsistiría sin su mentor? No son pocas las personas que se han pronunciado al respecto, coincidiendo en su mayoría en una posición negativa sobre la permanencia del modelo sin su líder natural. Sin embargo, aun las condiciones son tan profundamente confusas sobre su estado de salud que resultaría poco preciso lo que se señale ahora. Es mejor esperar a que amanezca, y entonces, se verá.