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Colombia es el noveno país más costoso de la región para formalizar empleo
El país registró un costo de formalización cercano a 80% del salario informal promedio, por encima de economías como México, Chile y Trinidad y Tobago
En América Latina, contratar formalmente a un trabajador sigue siendo mucho más costoso de lo que muchas empresas pueden asumir. Un informe regional del Banco Interamericano de Desarrollo sobre costos laborales y formalización evidenció que varios países mantienen elevadas cargas sobre la nómina y que Colombia continúa entre las economías donde formalizar empleo representa un desafío para las compañías, especialmente para las pequeñas y medianas empresas.
El reporte compara salarios mínimos, aportes obligatorios, costos no salariales y el costo total de formalización laboral en países de América Latina y el Caribe. Allí se evidencia que, aunque las diferencias entre economías son amplias, en la mayoría de los casos el costo real de contratar formalmente supera ampliamente el salario que recibe el trabajador.
La medición del costo de formalización laboral, que compara cuánto cuesta pasar de un trabajador informal a uno formal frente al salario promedio informal, ubicó a Honduras como el país con la mayor carga de la región, con un costo cercano a 240%. Le siguieron Costa Rica, con cerca de 160%; Ecuador, con 145%; Panamá, con 135%; y Guatemala, con alrededor de 125%.
Colombia apareció en el noveno lugar del ranking. El país registró un costo de formalización cercano a 80% del salario informal promedio, por encima de economías como México, Chile y Trinidad y Tobago.
El estudio también mostró que Colombia mantiene cargas importantes sobre el empleo formal. Para 2025, los aportes laborales promedio en el país llegaron a 33% del salario, distribuidos entre 16% para pensiones, 4% para salud y 13% en otros costos laborales y contribuciones obligatorias.
Además, el salario mínimo mensual en Colombia equivale a US$949 ajustados por costo de vida, mientras que el PIB por persona fue de US$42.383 bajo esa misma metodología.
Clara Inés Pardo, profesora titular de la Escuela de Administración de la Universidad del Rosario, explicó que los altos costos no salariales terminan afectando directamente la contratación formal.
“Cuando contratar formalmente implica asumir cargas que elevan significativamente el costo total del trabajador frente al salario que recibe, muchas empresas, especialmente pequeñas y medianas, reducen contrataciones, automatizan procesos o migran hacia esquemas informales”, afirmó.
Pardo señaló que Colombia ha permanecido históricamente entre los países de América Latina donde el costo total de contratación supera con mayor amplitud el salario neto del trabajador. “Esto reduce la competitividad frente a economías como Chile, Perú o México, donde las cargas sobre la nómina son relativamente más bajas o están parcialmente financiadas vía impuestos generales”, dijo.
Según Pardo, esta situación termina golpeando principalmente a sectores intensivos en mano de obra, como comercio, manufactura, agroindustria y servicios.
El informe también muestra que Colombia mantiene altos niveles de informalidad laboral. Pardo comentó que, en varias ciudades intermedias, la informalidad sigue cerca de 55%, mientras que en algunas zonas rurales supera 80%.
“Una minoría accede a empleo formal con protección social completa, mientras una gran parte de la población permanece en la informalidad o en esquemas precarios”, agregó.

Algunos países han mantenido estables sus cargas laborales durante la última década. Costa Rica, por ejemplo, registró contribuciones totales de 38,4% del salario promedio y El Salvador de 27,5%. México se ubicó en 24,6%, mientras Chile llegó a 25,1%. En el caso colombiano, las contribuciones laborales prácticamente no cambiaron entre 2013 y 2025. En pensiones se mantuvieron en 16%, salud permaneció en 4% y otros costos pasaron de 12,6% a 13%.
Alejandro Espitia, politólogo y docente de la Universidad Javeriana, aseguró que cualquier incremento en los costos laborales termina afectando las decisiones de contratación de las empresas.
“Un empresario toma sus decisiones de contratación si lo que le cuesta el trabajador es menor a lo que este le permite ganar. Si el trabajador le cuesta más de lo que le incrementa los ingresos, simplemente no lo contrata”, explicó.
Espitia señaló que cuando aumentan los costos formales suelen presentarse dos fenómenos: más desempleo o más informalidad. “Generalmente ocurre un poco de ambos”, afirmó.
Espitia también indicó que los empresarios no diferencian si el sobrecosto proviene de salud, pensión u otro componente. “El empresario solo piensa: contratar a esta persona me cuesta esto, y a partir de ahí hace cuentas sobre si vale la pena vincularla o no”, dijo.
Uno de los puntos que más preocupa a los expertos es el impacto sobre las pequeñas empresas. El estudio mostró que formalizar empleo en algunos países puede costar más de 130% del salario informal promedio.
Para Pardo, esto genera un círculo complejo para las MiPyme. “Contratar formalmente no implica únicamente pagar el salario mensual, sino asumir una carga acumulada que puede volver inviable la expansión de la nómina”, afirmó.
Añadió que muchas compañías terminan recurriendo a esquemas como la contratación por prestación de servicios, la tercerización o la informalidad parcial para reducir costos laborales.
Concluyó señalando que esto termina debilitando el recaudo, reduciendo la cobertura del sistema de protección social y aumentando la presión sobre quienes sí cotizan.
En la región, algunos países han optado por mecanismos más flexibles para incentivar la formalización. Uruguay y Chile, por ejemplo, han combinado protección social con incentivos tributarios y esquemas menos dependientes de la nómina formal.
Según la Encuesta anual de fuerza laboral, elaborada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, Colombia es el país con mayor índice de autoempleo dentro de los países miembros de la organización, con una tasa de 45,8%,15% por encima del segundo país en la lista, México, que mostró una tasa de 30,8% en el listado de la Ocde. Para la organización, el autoempleo comprende a aquellos individuos que trabajan en su propia unidad económica, es decir, empresa, comercio o práctica profesional.
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