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Científicos que investigaban el hantavirus estuvieron cerca de desarrollar una vacuna
Los anticuerpos desarrollados en el laboratorio de inmunovirología de la Universidad de Concepción, aparentemente habían neutralizado el germen
La viróloga María Inés Barría recuerda el momento Eureka de hace una década. Barría y su equipo en Chile llevaban meses trabajando en anticuerpos para tratar el hantavirus, virus que causa la muerte de aproximadamente una de cada tres personas que lo contraen. El avance decisivo se produjo alrededor de 2016, cuando el característico brillo verde fluorescente que indicaba la presencia del virus desapareció bajo el microscopio.
Los anticuerpos desarrollados en el laboratorio de inmunovirología de la Universidad de Concepción, a unos 300 kilómetros al sur de la capital, Santiago, aparentemente habían neutralizado el germen.
“Vamos por buen camino”, recuerda haber pensado Barría, de 48 años. “Tenemos que seguir adelante”.
Tras el éxito obtenido en ensayos con animales, el laboratorio estaba listo para colaborar con socios internacionales y comenzar las pruebas en humanos. Pero entonces se quedaron sin dinero.
Ahora, esa misma cepa de hantavirus, la única que se sabe que se transmite de persona a persona, está acaparando la atención mundial. Un brote de infecciones vinculado a un crucero que navegaba de Argentina a Europa dejó varias personas muertas y otras gravemente enfermas, lo que provocó una alerta de la Organización Mundial de la Salud y generó nuevas preguntas sobre cómo se propaga la enfermedad.
Barría y Chile no fueron los únicos en trabajar con el hantavirus, aunque el progreso ha sido gradual. Kartik Chandran, profesor del Albert Einstein College of Medicine, ha estado desarrollando una vacuna y un tratamiento con anticuerpos. La investigación está en sus primeras etapas, pero el anticuerpo, una versión de las células producidas por el sistema inmunitario para combatir las infecciones, ha demostrado ser eficaz para proteger contra el virus de los Andes en modelos animales. Chandran afirmó que el anticuerpo está listo para pasar a ensayos en humanos.
“Estamos manteniendo conversaciones con diversas partes interesadas”, afirmó. “El objetivo es contar con un plan de acción en caso de que se produzca otro brote. Soy optimista y creo que aprenderemos de la situación actual y estaremos preparados para afrontar futuros brotes de hantavirus”.
Un ensayo clínico sería complicado, añadió, dado el escaso número de casos. Ese mismo dilema lo afrontan los científicos que investigan otras enfermedades que se propagan por el mundo, como la gripe aviar, la mneumonía por VPH y el ébola.
Encontrar un tratamiento para el hantavirus es más urgente en Chile, donde ya se han registrado 39 casos en 2026, incluyendo 13 fallecimientos, según el Ministerio de Salud. También representa un desafío en el sur de Argentina, donde se han diagnosticado 42 contagios en el país en lo que va del año hasta el 7 de mayo, según el gobierno.
Aún se desconoce el origen del reciente brote en el crucero MV Hondius, que zarpó de Argentina. Pero mucho antes de que la noticia llegara a los titulares, en Chile ya se estaban sentando las bases de un posible tratamiento y una vacuna, hasta que la falta de recursos y el posterior inicio de la pandemia de Covid-19 paralizaron el proyecto.
La experiencia del laboratorio chileno recuerda a muchos casos en los que los científicos tuvieron que interrumpir su trabajo con nuevos coronavirus antes de que estallara la pandemia de Covid porque se agotaron los fondos.
Según Barría, el virus había pasado desapercibido durante mucho tiempo fuera del sur de Chile, en parte porque es poco común y se concentra geográficamente. "Siempre ha sido un problema de salud pública aquí, pero sin solución", afirmó.
El equipo de Barría, liderando una colaboración entre científicos chilenos y socios internacionales, incluyendo investigadores de los Laboratorios Rocky Mountain de los Institutos Nacionales de Salud, el Instituto Robert Koch en Alemania e Ichor Biologics, con sede en Nueva York, comenzó a trabajar en 2014 utilizando muestras de sangre de sobrevivientes para comprender la respuesta inmunitaria. Los científicos también utilizaron un pseudovirus seguro para laboratorio en sus pruebas.
Para 2018, habían publicado los resultados de un estudio que aisló y caracterizó dos anticuerpos monoclonales capaces de neutralizar el virus; uno de ellos, en ensayos posteriores con animales realizados con socios internacionales, logró eliminar por completo la infección de los pulmones. Para 2021, uno de ellos recibió la designación de medicamento huérfano por parte de la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos, FDA, con el fin de acelerar su desarrollo.
Sin embargo, los ensayos en humanos requerían una inversión considerable, de unos US$7 millones, según estimó Barría. El equipo e Ichor Biologics buscaron financiación internacional, pero el progreso se estancó durante la pandemia de Covid debido a la reorientación de los recursos y a la insuficiencia de la financiación local.
Si bien los ensayos en humanos permanecen suspendidos, Barría y su equipo trabajan en áreas relacionadas, como el estudio de las respuestas inmunitarias de los pacientes y la durabilidad de los anticuerpos. Según explicó, estos detalles son cruciales para el diseño de futuros tratamientos y vacunas.
“El factor clave que impide seguir avanzando es la financiación y los recursos”, afirmó. “Hemos logrado avances significativos, pero hemos llegado a una etapa mucho más costosa que requiere un nivel de inversión diferente, así como una infraestructura específica de la que actualmente carecemos”.
Incluso si se consiguiera la financiación, Barría calcula que a ella y a su equipo les llevaría entre 12 y 24 meses volver a la situación en la que se encontraban antes de la pandemia.
Barría, actualmente investigadora en la Universidad San Sebastián de Puerto Montt, creció en una zona donde el hantavirus era conocido pero poco comprendido. La gente de su comunidad enfermaba a causa de la enfermedad, no con frecuencia, pero sí gravemente cuando lo hacía, y no existía tratamiento.
El brote en el crucero ha aumentado la importancia del tratamiento para la cepa andina que ella ha estado estudiando durante años. Más de ocho personas se han infectado, y pasajeros y personal de 23 países estuvieron potencialmente expuestos. Decenas han regresado a sus hogares, donde se encuentran en cuarentena para prevenir cualquier riesgo de transmisión futura.
Los primeros síntomas se asemejan a los de la gripe, incluyendo fiebre, fatiga y dolores musculares, además de náuseas y, ocasionalmente, dolor abdominal. En casos graves, la enfermedad puede progresar rápidamente a insuficiencia respiratoria debido a la acumulación de líquido en los pulmones, lo que a menudo requiere cuidados intensivos y ventilación mecánica.
En Chile se diagnostican entre 40 y 60 casos de infección al año, con una tasa de mortalidad de hasta 40%, según estimaciones de la Clínica Alemana, un hospital privado. No existen tratamientos específicos, aunque el pronóstico mejora notablemente con el diagnóstico y la atención precoces.
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