domingo, 23 de octubre de 2016
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Durante años, los ejecutivos del banco estadounidense Wells Fargo emitieron tarjetas de crédito sin el consentimiento de sus clientes; crearon cuentas de correo electrónico falsas para registrar a sus usuarios en los servicios de la banca en línea, y abrieron cuentas ficticias cuya existencia sólo se hacía visible para los clientes cuando éstas comenzaban a generar intereses, según información de The New York Times.

Wells Fargo, fundado en 1852, es el tercer banco más grande de Estados Unidos por capitalización bursátil y cuenta con 40 millones de clientes. Los reguladores bancarios en aquel país encontraron graves deficiencias en la cultura organizacional y en los mecanismos de supervisión de esta entidad bancaria, algo que se refleja en el hecho de que sus empleados tenían una cuota de apertura de cuentas que debían cumplir si no querían ser despedidos.

El jueves 8 de septiembre, el Buró de Protección de los Consumidores Financieros de Estados Unidos impuso una multa por 100 millones de dólares a Wells Fargo por estas prácticas irregulares. Los empleados de Wells Fargo abrieron cerca de 1.5 millones de cuentas bancarias y asignaron 565,000 tarjetas de crédito a personas que no habían dado su autorización, explicaron los reguladores.

“Buscaban a las personas más vulnerables, aquellos que opusieran la menor resistencia posible”, dijo Kevin Pham, un exempleado de Wells Fargo en San José California, Estados Unidos.

Estos son algunos de los clientes a los que los empleados de Wells Fargo abrieron cuentas sin autorización:

1. Migrantes indocumentados

Las personas de origen mexicano que sólo cuentan con una identificación del consulado de este país fueron uno de los objetivos principales de los empleados del banco estadounidense. La falta de un número de seguridad social de estas personas hacía mucho más sencillo para los trabajadores de Wells Fargo abrir cuentas a su nombre, ya que este banco es de los únicos que no pide este tipo de información a sus clientes. De acuerdo con The New York Times, en California, la mayoría de las quejas por este tipo de prácticas provenía de ciudadanos mexicanos “debido a que sus documentos de identificación eran más fáciles de manipular”.

2. Estudiantes

Los campus universitarios, al menos en Los Ángeles, California, eran considerados por los empleados de Wells Fargo como puntos críticos para atraer a estudiantes, ya que “éstos tienden a confiar en el consejo de un empleado bancario”. Según una excajera de la institución bancaria, un empleado con el que ella trabajó recibía montones de formas de estudiantes ocupados que sólo tenían tiempo de firmarlas. Básicamente, los estudiantes le entregaban cheques en blanco a los ejecutivos del banco, con los que éstos podían abrir tantas cuentas como quisieran.

3. Personas de la tercera edad

Las personas de la tercera edad también eran una de las presas favoritas de los empleados de Wells Fargo, de acuerdo con The New York Times. “Tenemos clientes de todas las edades, pero los de mayor edad eran uno de los objetivos, debido a que no hacen muchas preguntas acerca de los intereses y otros términos bancarios”, explicó Brandi Baker, una extrabajadora del banco en Illinois. Incluso, los empleados de la institución estadounidense identificaban si sus potenciales clientes padecían de alguna enfermedad mental, como el caso de una señora que tenía problemas de la memoria.

4. Pueblos indígenas americanos

La comunidad indígena estadounidense también se unió a la lista de los principales defraudados por los empleados de Wells Fargo. En Arizona, por ejemplo, miembros de esta comunidad acudían cada tres meses a depositar dinero en la cuenta compartida del casino de la comunidad. En ese momento, de acuerdo con Ricky Hansen, exsupervisor del banco, los atraían para hacerlos abrir varias cuentas cargadas de intereses.

En algunas localidades de Estados Unidos, como Phoenix, los gerentes de sucursal de Wells Fargo esperaban con ansias los días en que una comunidad indígena realizaba el reparto de sus utilidades, para de la misma forma abrir varias cuentas que, según los propios empleados, “eran productos acordes con las necesidades de los usuarios”.

Aunque Wells Fargo quiere cerrar este capítulo sobre las cuentas ficticios, al afirmar que ha cambiado sus políticas, reemplazado a su director ejecutivo y despedido a 5,300 empleados involucrados en el escándalo, además de que ha restituido 2.6 millones de dólares a sus clientes, muchos legisladores y reguladores no se darán por vencido tan fácilmente, además de que existe reciente evidencia de que muchas de las víctimas del banco se encuentran entre sus usuarios más vulnerables.