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David Vélez, CEO de Nu Holding
David Vélez Osorno, CEO de Nu Holdings, aseguró que el origen de Nu estuvo en la frustración que vivió al intentar abrir una cuenta bancaria en Brasil
En 2013, cuando hablar de un banco 100% digital parecía una idea lejana, incluso absurda para muchos, David Vélez Osorno, CEO de Nu Holdings LTD, decidió apostarle a transformar la manera en que millones de latinoamericanos se relacionan con el sistema financiero. Más de una década después, esa visión no solo dio origen a uno de los neobancos más grandes de la región, sino que también lo llevó a ser reconocido como Empresario del Año 2025. Desde una experiencia personal de frustración al intentar abrir una cuenta en Brasil, construyó una compañía que hoy opera en varios países, ha logrado escalar a millones de clientes y se prepara para consolidar su presencia en Estados Unidos, marcando un nuevo capítulo en la expansión de las empresas tecnológicas latinoamericanas.
Vélez no solo repasa los hitos de ese camino -desde los desafíos regulatorios y la desconfianza inicial hacia la banca digital, hasta el crecimiento acelerado en mercados como Colombia-, sino que también plantea una visión crítica sobre las barreras que aún limitan la inclusión financiera en la región. Desde la tasa de usura hasta la informalidad, pasando por el potencial de las remesas, las finanzas abiertas y la digitalización de los pagos, el empresario expone cómo la tecnología puede cerrar brechas históricas. Al mismo tiempo, aborda temas de mayor alcance, como la sostenibilidad fiscal, la posibilidad de dolarización y el rol del sector privado como motor del crecimiento, en una conversación que mezcla historia empresarial, diagnóstico económico y visión de futuro.
Mucha honra. Nu es un proyecto que llevamos trabajando desde hace 13 años. Empezamos un par de mis cofundadores y yo con un gran sueño: que los celulares y las plataformas tecnológicas podían crear la oportunidad de disrumpir el sistema financiero global.
En 2013 ese concepto parecía absurdo. Mucha gente no podía creer que alguien iba a confiar en un banco 100% digital. Hoy somos uno de los bancos más grandes de América Latina sin tener una sola bóveda física.
La idea surgió de una experiencia de frustración cuando me mudé a Brasil y tuve dificultades para abrir una cuenta bancaria. Vimos que era un problema no solo de Brasil, sino de varios países de América Latina. Hemos crecido en México y Colombia, y en menos de cinco años en Colombia nos hemos convertido en el quinto mayor banco en número de depósitos. Apenas estamos empezando: tenemos cerca de 4 millones de clientes.
Esto representa la posibilidad de crear empresas tecnológicas de escala global en América Latina, y también demuestra el rol del sector privado en resolver problemas como la inclusión financiera. Nosotros representamos una empresa del sector privado que entró a una industria muy concentrada, en la que cinco bancos eran dueños de 80% del mercado, y compitiendo por el amor a los clientes pudimos ganar espacio.
Es una gran oportunidad. De hecho, hacer negocios en Estados Unidos puede ser más fácil que en América Latina por su estabilidad macroeconómica y política. Además, el mercado hispano en EE.UU. es enorme. Es el país “latino” más grande en términos económicos. La regulación cambió recientemente, permitiendo nuevas licencias bancarias, lo que abrió una ventana para entrar.

Lo evaluamos y estuvimos cerca, pero llegó la crisis a Argentina. Decidimos ir a Colombia en su lugar. A futuro sigue siendo un mercado atractivo, pero depende del momento.
Es un mercado mucho más regulado y con mayores barreras de entrada. Además, hay que priorizar. Hoy las oportunidades en Estados Unidos y en América Latina son mucho más relevantes.
Sí, empezamos desde cero. Pedimos una licencia de financiamiento comercial, pero es difícil comenzar porque la banca se basa en confianza, regulación y escala. Hay barreras regulatorias que dificultan la entrada de nuevos jugadores. Es un sector históricamente cerrado, que favorece a los incumbentes. Aun así, logramos construir una marca fuerte y generar confianza en los consumidores.
Emprender es una jornada difícil y de largo plazo. La mayoría no funciona, pero la constancia, el foco y el trabajo ayudan.
En servicios financieros y en otras industrias, gana quien logra encantar al cliente. Hay que enfocarse en la experiencia al consumidor, usar tecnología para cobrar menos y no más, y tener disciplina, resiliencia y foco.

La comparación es interesante. Uber es la empresa de transporte más grande del mundo sin tener carros. Airbnb no tiene hoteles. Nu es el banco digital más grande del mundo sin efectivo físico. Esto muestra cómo las industrias se están digitalizando.
Sí, vieron lo que hacíamos en Brasil y reaccionaron rápido. Eso demuestra que la banca tradicional en Colombia es muy dinámica. Han tenido mucho éxito y han bancarizado a más de 20 millones de colombianos. Eso es positivo porque genera competencia y beneficia al consumidor.
Ayudó en términos de narrativa, pero la industria es muy protegida en todos los países. En Brasil tuvimos que esperar un decreto presidencial para obtener licencia; tardamos cuatro años. En Estados Unidos también fue difícil. La banca global protege a los incumbentes, lo que limita la competencia y encarece el acceso para los consumidores.
Sí. La tasa de usura es la mayor barrera que hay para el acceso al crédito.
Aunque busca proteger, en la práctica excluye a los más vulnerables, que terminan en el mercado informal pagando tasas mucho más altas. Por eso en Colombia solo 14% tiene tarjeta de crédito y cerca de 60% no accede a crédito bancario.

No necesariamente. Quienes hoy tienen acceso lo mantendrían, pero más personas entrarían al sistema, aunque inicialmente a tasas más altas. Con mayor competencia, esas tasas tenderían a bajar. Es similar a lo que pasa con controles de precios: generan escasez.
No. En Brasil, México y Estados Unidos no existe. Donde ha existido, ha reducido la oferta de crédito.
Primero, fortalecer el sistema de pagos interoperable del Banco de la República. Segundo, avanzar en finanzas abiertas para que los usuarios puedan compartir su historial financiero. Estos elementos ya se han implementado en países como Brasil e India con resultados muy positivos.
El gota a gota existe porque hay restricciones en el mercado formal, como la tasa de usura. Si se liberaliza, más personas entrarían al sistema financiero formal con tasas menores que las del mercado informal. También ayudan las finanzas abiertas y los pagos digitales, que permiten evaluar mejor el riesgo y ampliar el acceso al crédito. Y tercera: el Sistema del Banco de la República; pensemos, por ejemplo, en la persona que vende arepas en la esquina. ¿Quién le da crédito a esa persona?
Esa persona compra en la mañana su maíz, hace arepas y las vende durante el día. Pero esa información de su negocio no queda registrada en ningún lado, porque todas las transacciones se hacen en efectivo.
Si existiera un sistema de pagos digitales, donde compra y vende de forma digital, esa información quedaría almacenada y empezaría a construir un historial de crédito. Con ese historial podría ir a un banco y decir: “Mire mis dos años de ventas”, y acceder a un crédito.
Entonces, la digitalización de los pagos es una gran oportunidad para formalizar esos mercados informales.
Es una gran oportunidad. Hoy los modelos tradicionales, basados en sucursales físicas, implican costos muy altos. En muchos casos, enviar dinero cuesta entre 10% y 15% del monto.
Cuando el modelo es 100% digital, esos costos bajan significativamente. Además, tecnologías como las stablecoins pueden facilitar estas operaciones. El reto es el control de lavado de activos, que exige sistemas robustos. Ahí la inteligencia artificial puede ayudar a mejorar la trazabilidad y reducir costos.

La desventaja es que el Banco Central pierde su política monetaria. Hasta ahora, Colombia ha tenido finanzas relativamente sanas, lo que ha dado credibilidad al peso. Pero si la situación fiscal se deteriora mucho, con alta inflación y devaluación, podría considerarse. Por ahora no es necesario, porque se pierde más de lo que se gana.
Sí, definitivamente. Es un gran riesgo que aumenta el riesgo país y la incertidumbre para la inversión. Muchos países están incrementando su deuda de forma acelerada, y eso puede terminar en una crisis económica. Lo ideal es que se tomen medidas de disciplina antes de llegar a ese punto.
Apoyar al sector privado. Es el motor del crecimiento económico. Los modelos exitosos han sido los que impulsan el emprendimiento, no los que dependen de un Estado excesivamente grande.
Primero, lanzarse, incluso sin tener todas las respuestas. Segundo, tener resiliencia y disciplina, porque los mercados son volátiles. Tercero, buscar grandes problemas del consumidor. Muchas oportunidades nacen de la frustración.
Vengo de una familia de emprendedores, lo que marcó mi forma de pensar. Tuve la oportunidad de estudiar y trabajar en buenas empresas, pero siempre quise emprender. El punto de quiebre fue en Brasil, cuando decidí lanzarme tras una experiencia frustrante en el sistema bancario.
Es un orgullo personal. Es ejecutar un proyecto de vida y seguir un legado familiar. Además, tiene un valor especial hacerlo en Colombia, el país donde nací.

David Vélez es el fundador, el presidente de la Junta Directiva y el director ejecutivo de Nubank, que hoy tiene más de 131 millones de clientes y llegó al mercado de EE.UU. Antes de fundar Nubank en Brasil en 2013. Vélez fue socio de Sequoia Capital, a cargo del grupo de inversiones latinoamericanas de la empresa. Antes de Sequoia, trabajó en banca de inversión y capital de crecimiento en Goldman Sachs, Morgan Stanley y General Atlantic.
Tiene una licenciatura en Ciencias de la Administración e Ingeniería y una maestría en Administración de Empresas, ambas de la Universidad de Stanford.
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