martes, 6 de agosto de 2013
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María Mercedes Cuéllar

En los últimos años la banca ha vivido una serie de cambios en su estructura, los cuales han sido promovidos por las condiciones del mercado, por los actores involucrados en el negocio, y por la regulación que ha venido delimitando el actuar de estas entidades.

En este sentido, la dinámica que ha vivido la banca en años recientes ha estado promovida por diferentes fenómenos que se han desarrollado de forma paralela, y que han sido determinantes para su estructura actual. Entre estos, se pueden distinguir: (i) la consolidación de la banca tradicional, (ii) la entrada de nuevos jugadores locales al mercado bancario, (iii) la llegada de entidades internacionales y (iv) la internacionalización de la banca local.

El primer fenómeno ha estado relacionado con la llegada y el fortalecimiento de la presencia de algunas entidades en nuevos nichos de negocio. En efecto, en los últimos años se ha visto cómo entidades con una mayor experiencia en el otorgamiento de una determinada modalidad de crédito, han aumentando su participación en segmentos diferentes e, inclusive, algunas han incursionado en segmentos completamente ajenos al desarrollo normal de su negocio.

El segundo fenómeno destacable en esta dinámica ha sido la entrada de nuevos bancos enfocados en la prestación de servicios financieros a segmentos específicos, dada su trayectoria y experiencia en la atención de esos mercados. Entidades como Coomeva iniciaron un proceso de transformación corporativa con el propósito de ofrecer un portafolio más integral a sus clientes, también el caso de Bancamía, la Fundación WWB, Finandina entre otras.

Junto a este proceso nacional, las condiciones del mercado y del país crearon un ambiente jurídico y político adecuado para la entrada de nuevos actores extranjeros. Ejemplo de ello son Itaú BBA y BNP Paribas, quienes ante el aumento del consumo interno y el desarrollo de la infraestructura.

La banca en Colombia refleja una estructura sólida, fomentada por la competencia, la cual, analizada desde cada uno de los componentes del balance, permite identificar una serie de beneficios para la sociedad en su conjunto. Por el lado del activo, se evidencia una mayor y mejor oferta productos y servicios; la reducción de costos reflejados en las tasas de colocación; el apoyo constante a las iniciativas del gobierno en temas de vivienda; la continua financiación desde la banca a la producción nacional y su contribución al mayor dinamismo y profundidad del mercado de capitales.

Desde el pasivo, los beneficios redundan principalmente en inclusión financiera, a través de: la oferta de productos innovadores como los monederos electrónicos; la promoción de nuevos canales no presenciales como la banca móvil; la reducción de cobros asociados a los servicios ofrecidos, e incluso la gratuidad de algunos de estos y la cobertura de casi la totalidad del país.

Tal evolución ha generado un sector sólido, capaz de financiar de forma responsable el desarrollo del país. Ello se refleja en los altos niveles de solvencia de la banca, los cuales están por encima de los requerimientos legales, en los márgenes de intermediación y en la rentabilidad del sector, que, comparados con otros países de la región, revelan que aun en esto, la banca colombiana es altamente competitiva.

América Latina es el destino de la banca nacional
El proceso de expansión hacia mercados internacionales que han iniciado algunos bancos y el posicionamiento de otros en mercados anteriormente conquistados, ha marcado la internacionalización del sector financiero colombiano. Este es el caso de Grupo Aval en Panamá, la compra del Hsbc por parte de Bancolombia en ese mismo país, Davivienda en Costa Rica, Honduras y El Salvador, entre otros.