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Proyecto de Historia de la Información Económica


El Proyecto de Historia de la Información Económica busca identificar durante las seis últimas décadas (1954-2014) los hechos, noticias y decisiones financieras, empresariales y de política pública que han formado la estructura económica del país.

martes, 23 de junio de 2015

Salomón Kalmanovitz es de los historiadores de la economía más reconocidos y sus ensayos son de obligatoria lectura en todas las universidades. 

LR

Salomón Kalmanovitz (1943) es un profesor universitario de tiempo completo. Sus primeras clases de economía en la Universidad Nacional datan de 1970. Pero no siempre estuvo allí, en la universidad pública, también ha estado vinculado a las privadas como Los Andes, Externado y ahora a la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Sus posturas económicas neoinstitucionales lo tienen como referente crítico de nuestro acontecer. Fue codirector del Banco de la República, investigador del Dane y del Cinep y es uno de los columnistas más críticos de los procesos económicos del país.

Bien se puede decir que las tesis económicas de Kalmanovitz, más que pesimistas y críticas, son constructivas sobre el verdadero deber ser del Estado como actor social y económico. Es de los historiadores de la economía más reconocidos y sus ensayos son de obligatoria lectura en todas las universidades.

¿Cómo ve la economía? 
Con cierta preocupación pues después de una década larga -unos 12 años- de crecimiento fuerte, las cosas decaen. Yo saque el promedio entre 2003 y 2014, lapso durante el que tuvimos un crecimiento promedio de 4,7%. Casi un punto por encima de lo que veníamos haciendo en los 90.

¿Qué papel jugó el petróleo?
Desarrollamos un sector líder muy vulnerable, que no logró meternos en las grandes ligas de los países productores. Sí, subimos de 300.000 barriles diarios a producir un millón; hubo algunos descubrimientos, pero la mayor parte fue recuperación secundaria de pozos existentes, producto de un cambio tecnológico, que trajo Pacific Rubiales. Fue una fase que se consideró como premio mayor permanente, pues era un cambio estructural y no se tuvo en cuenta que estaba sometido a los vaivenes del mercado global de materias primas. Son mercados muy volátiles sometidos al posconflicto del Medio Oriente y a los cambios tecnológicos.

¿No aprovechamos las vacas gordas del petróleo? 
Cuando vino el despeñadero nos encontró en una situación donde el país no había ahorrado. Colombia gastó mucho más de lo que podía, tanto el Gobierno como el sector privado. El Gobierno se endeudó considerablemente; se mantuvo en déficit a pesar de que había una gran oportunidad para tener ahorro con el cual enfrentar años de vacas flacas. Hoy en día tenemos una deuda externa pública de US$60.000 millones; una deuda interna pública 26% del PIB, entre ambas casi abarcan 50% del PIB en deuda pública. Eso está como escondido; eso no se ha puesto en evidencia y nos hace más vulnerables, pues tenemos menos capacidad de enfrentar una situación difícil, con endeudamiento fresco que sería una de las salidas. Tenemos ocupada nuestra capacidad de pago con ese endeudamiento contraído cuando no se necesitaba.

¿Cuánto vamos a crecer? 
Mi pronostico basado en la tasa trimestral, que es el método que tienen casi todos los países menos acá, usted lo multiplica por cuatro y le da la tasa de crecimiento anual de 2,8%. Si se mantiene la desaceleración como ocurrió en el cuarto trimestre del año pasado frente al tercero, creo que el freno va a ser mayor, entonces vamos a terminar con 2,5% o 2,2% de crecimiento este año. Yo creo que soy buen economista, y los buenos economistas no hacemos pronósticos. Pero digamos en base a la evidencia y en base a como fueron los datos del último intertrimestral que conocemos, el máximo es 2,8%”.

¿Tenemos las herramientas para salir a flote? 
Tenemos un banco central independiente, un gobierno que se pega a la ortodoxia (que se ató las manos con la regla fiscal). La regla fiscal en una coyuntura recesiva como la que vamos a tener el año entrante es un poco suicida, pero bueno, como le dije, ocupamos la capacidad de endeudamiento que hubiéramos tenido si no hubiéramos reducido los impuestos cuando nos llegaba la renta petrolera, si la hubiéramos mantenido, si hubiéramos mantenido un ahorro público, si no nos hubiéramos endeudado tanto, entonces tendríamos una mejor capacidad de enfrentar con políticas contracíclicas lo que se nos viene encima.

¿Ya pasaron las vacas flacas o no llegan aún? 
Apenas arrancando. Todavía las regalías del año pasado se están gastando este año; no hay problemas este 2015 para los gobiernos locales. En 2016 la situación va a ser de mucha mayor penuria. Tenemos un estabilizador automático que es la tasa de cambio flotante, eso ayuda a recuperar el equilibrio de la cuenta corriente, pero la cuenta corriente está alcanzando 6% del PIB. Si usted ve los datos de The Economist, Colombia tiene el déficit de cuenta corriente más grande de todos los países enlistados. Nos estamos financiando con inversión extranjera que se  dedicaba en su mayor parte a petróleo y minería. Eso va a tener un frenazo muy brusco, entonces vamos a tener todavía una cuenta corriente en déficit por un par de años, hasta que la devaluación empiece a frenar las importaciones.

¿Cómo ve 2016? 
Más difícil aún. Apenas estamos empezando el despeño de nuestra economía que tiene que ver con una pérdida permanente de riqueza. ¿Se va revertir? Quién sabe. El sector brillante de la agricultura que era el biocombustible también se va a ver afectado, porque es un bien sustituto que cayó de precio. Aunque aquí todavía somos compincheros con los palmeros y con los azucareros, y se mantendrá el precio alto que tiene nuestra gasolina y diesel. Pero tarde o temprano las condiciones le van a poner un freno también al desarrollo de esta agricultura de biocombustibles.

¿Alguna luz industrial? 
La industria se va a ver favorecida por una tasa de cambio más devaluada, así se recupera el mercado interior y puede que exporte más, pero está tan mal que lleva 20 años de deterioro. Ha perdido participación en el PIB. Muchas empresas cerraron, otras se volvieron maquiladoras. Para que vuelva haber inversión industrial, hay que poner a producir las fábricas que tienen sus maquinarias guardadas oxidándose.

¿Y la agricultura? 
Tenía síntomas de recuperación, pero eran biocombustibles y lo que le falta a la agricultura son bienes públicos. Me parece lamentable que todo el intento que hizo Juan Camilo Restrepo de dotar el Ministerio de personal técnico calificado y recuperar el ICA, todas esas cosas se revirtieron. Le devolvieron el Ministerio de Agricultura a los políticos. Y sin bienes públicos veo difícil que se desarrolle la agricultura y la agroindustria. Para exportar necesitamos controles fitosanitarios; para tener controles fitosanitarios debemos tener unos buenos institutos que tengan ramificaciones por todo el país; que sean certificados internacionalmente y que nos crean que nuestros productos son buenos para la salud humana o animal. Si estuviéramos exportando concentrados animales, que podrían ser una fuente muy importante, vemos que no tenemos producción de soya, sorgo y maíz amarillo. Todo eso ha caído y se ha venido importando; con el agravante de que la bonanza mineroenergética nos causó enfermedad holandesa y apenas nos estamos recuperando de ese mal.

¿Qué ve a largo plazo? 
Mi retrato es mixto. Hay elementos que en el mediano plazo nos van a hacer un desarrollo más fuerte de los sectores en los cuales se tiene que basar el desarrollo de un país. Y un país no se desarrolla exportando materias primas, pues esta sometido a la volatilidad. Los precios de las materias primas tienen periodos de auge y otros de estrepitosas caídas. Colombia tuvo gran desarrollo económico y tasas altas de crecimiento cuando la población rural, que tenía una productividad muy baja vino a la ciudad a trabajar en industria, banca o comercio, que tenían productividades 50 0 100 veces superiores. Ese periodo se fue agotando y nuestras tasas de crecimiento se fueron marchitando. Varios países desarrollados cuando tuvieron auge de las exportaciones de sus materias primas, construyeron sistemas educativos universales y de buena calidad; tenían sus instituciones para hacerlo. Nosotros no las tenemos.

¿Cuáles son nuestras fortalezas?
Nuestro gran activo tener estabilidad macroeconómica; un régimen de tasa de cambio flotante, que nos ajuste automáticamente frente a las loterías y frente a las perdidas; y una inflación relativamente baja, pero nuevamente nos está amenazando la devaluación. Tenemos una inflación aproximándose a 5%, el Emisor dice que es coyuntural, que se debe al clima, pues yo no soy profeta del clima, nadie lo es, yo no se si eso se revierta, tampoco es probable que la devaluación se quede donde está. Falta que ajuste la Reserva Federal su tasa de interés. Si la empieza a elevar empieza haber flujo de capitales y eso va a llevar a una mayor devaluación”.

El pilar neoinstitucionalista
Educado en universidades estadounidenses (Universidad de New Hampshire y New School for Social Research) en economía y filosofía, Salomón Kalmanovitz no pudo evitar permearse por la corriente institucionalista norteamericana. Es por eso que su obra trata de explicar la evolución de las instituciones dentro de la economía colombiana, como se ve en su libro ‘Las instituciones y el desarrollo económico en Colombia’, editado en 2001 por Norma, y publicado cuando era codirector del Emisor. También por eso, Kalmanovitz se ha dedicado al estudio de la historia, al punto de que el decano de ciencias económico-administrativas de la universidad Jorge Tadeo Lozano es también el presidente de la Junta Directiva de la Asociación Colombiana de Historia Económica.

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