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Raquel Bernal, rectora de la Universidad de los Andes
Raquel Bernal, rectora de la universidad de los Andes reveló que el derecho es una de las carreras que puede sufrir con mayor rapidez la absorción de la inteligencia artificial
La educación es la base del desarrollo y el progreso de un país. Es por eso que la mayoría de las universidades colombianas se han destacado por tener programas exigentes y enfocados en aportar a esas ramas fundamentales que mueven la economía nacional.
Una de las instituciones que lo ha entendido a la perfección es la Universidad de los Andes. Su rectora, Raquel Bernal, reveló qué los diferencia de otras instituciones y cómo trabajan para convivir con las nuevas tecnologías; un auge transformador que amenaza con poner en jaque a las carreras universitarias tradicionales. De hecho, reveló que en los próximos tres años desaparecerán al menos 30% de las tareas que se hacen.
La Universidad de los Andes está cumpliendo 77 años este año y yo digo que la universidad es como un milagro. A nosotros nos gusta utilizar el QS: la primera de Colombia, la séptima en Latinoamérica de más o menos 430 que se postulan a ser evaluadas, y en el mundo estamos en el percentil tres. Entonces, realmente para estar en el sur global en un contexto país que no es fácil, es un verdadero milagro estar en el top tres de las mejores universidades del mundo.
La Universidad de los Andes desde que nació tenía una visión innovadora, muy internacional. Mario Laserna Pinzón, nuestro fundador, el sueño que él tenía ni siquiera era de un modelo educativo, sino era de transformación de país. La universidad se crea justo después del Bogotazo y eso no es coincidencia; es la respuesta a una situación de país muy preocupante y ese grupo de fundadores querían una universidad que se basara en la formación de educación liberal, una formación socio-humanística muy importante con una prioridad en la formación del buen ciudadano y el buen ser humano. Así hemos crecido, innovando, siendo pioneros y manteniéndonos a la vanguardia.
Ciencias de Datos. Consiste en todo el tema de manejo de datos y analítica de los datos, que es el futuro de todo; cómo utilizar los datos para tomar mejores decisiones en cualquier disciplina. Estamos empezando a diseñar el pregrado en Inteligencia Artificial. Y estamos lanzando para el próximo año uno que se llama Cambio Ambiental Global, para los empleos verdes en el liderazgo de las compañías.
Ese programa apenas está en diseño. Creo que en 2026 ya pasamos al Ministerio de Educación para registro calificado, con la expectativa de que en el segundo semestre o en el primero de 2027 ya tengamos eso al aire.

Según la evidencia internacional, lo que está pasando es que hay tareas dentro de todas las disciplinas que fácilmente se van a automatizar; son cosas que ya no tendremos que hacer. No veo que haya una carrera que desaparezca definitivamente del todo, pero en el derecho hay unas partes de esas tareas que las va a hacer la máquina.
Contaduría todavía hay lugar. El analista financiero es una tarea que quizás se desaparecerá fácilmente; buena parte de las tareas de un contador también. En general, dicen que 30% de las tareas que uno hace desaparecerán en los próximos tres años prácticamente para cualquier disciplina.
Esa y todas, la verdad. Si cogemos el ejemplo del derecho, los trabajos de entrada van a ser sustituidos por la máquina. Todo el repaso de la jurisprudencia que hacían los jóvenes recién ingresados a bufetes de abogados, pues ya la inteligencia artificial lo va a hacer más eficientemente. Entonces, ¿cuál es la tarea que van a hacer los jóvenes recién ingresados y cómo evolucionan dentro de los bufetes? Es la pregunta que uno se tiene que hacer; el currículo tiene que abordar justamente esas nuevas necesidades.
Esta es una era de mucho cambio en la educación superior. De hecho, incluso los propios pregrados están cuestionados porque el conocimiento se mueve tan rápido en este momento que uno se pregunta si tener cuatro o cinco años a los jóvenes tiene sentido, dado que al quinto año las cosas han cambiado de manera muy significativa.
Estamos trabajando mucho en programas nuevos interdisciplinares. Yo creo que el mundo está enfrentando unas policrisis todas de carácter interdisciplinario: el cambio climático, la fragilidad de la democracia, las migraciones globales, nada de esas cosas se soluciona con una disciplina.
La universidad, cuando comenzó a crecer como universidad de investigación, rápidamente avanzó en los rankings. Eso ocurrió en la rectoría de Carlos Angulo, que falleció recientemente. Entonces serán unos 25 a 30 años en que la universidad invirtió en su capacidad de investigación formando a los docentes en doctorados a nivel internacional, construyendo los laboratorios, adquiriendo los equipos robustos para la investigación de frontera. Rápidamente los profesores comenzamos a producir conocimiento de frontera, publicar bien, y eso nos ayudó muchísimo a dispararnos en los rankings.
19.000 larguitos en este momento. 700 profesores.
De los profesores de planta, que son cerca de 700, 84% tienen doctorado. En el ecosistema colombiano educativo esa fracción es 14%, o sea, tenemos la planta profesoral más calificada de este país sin lugar a dudas.

En este momento, en realidad no, porque pospandemia, a través de la educación virtual, está la posibilidad de llegar a más partes más rápido y con mayor impacto. Yo creo que la idea es más bien apalancarse en esa educación virtual de alta calidad para llegar a más territorios de Colombia; incluso internacionalmente estamos haciendo un esfuerzo de atracción en Latinoamérica también.
Vale $34 millones. La no medicina $25 millones, pero sí, efectivamente es una matrícula que es más alta que cualquier otra universidad en el país.
Es porque estamos logrando una calidad muy alta de la educación superior, y la calidad de la educación superior es costosa. Esto incluye profesores altamente calificados que uno los tiene que remunerar bien para que se queden; significan instalaciones, un campus con toda la tecnología, laboratorios, equipos. Muchas de las cosas actualmente las adquirimos en dólares; toda la tecnología que se está requiriendo ahora en este tema de la tecnología tan disruptiva es un costo muy alto para las universidades. La suma de eso requiere que podamos pagar toda esta calidad
A pesar de que la economía es una ciencia social, es bastante densa en cuantitativo. En matemáticas, en cálculo, en álgebra lineal, eso ya es como una primera barrera porque las mujeres tenemos ese sesgo anti-Stem que toca solucionar pronto en el futuro. También el hecho de que incluso cuando entramos a la economía, las mujeres hemos tenido mayor probabilidad de irnos por la microeconomía y no la macroeconomía.
Yo soy una microeconomista que me dedico a comprender temas más micro, como la educación, la política social, la política laboral. Estas son decisiones de individuos y no son los temas macroeconómicos de país. Ya por ambas vías como que nos vamos achiquitando en cantidad y, por lo tanto, en probabilidad de llegar a cargos macroeconómicos.
Me parecería supremamente interesante y sí existen mujeres economistas en este país que podrían ser fácilmente ministras.
Hay al menos dos mujeres economistas que conozco muy bien que han trabajado en cargos macroeconómicos, han estado en cargos muy importantes en el Banco de la República, en el Ministerio de Hacienda: Carolina Soto y Ana Fernanda Maiguashca. Son dos mujeres que tendrían todo el potencial de llegar a un cargo como ese y que lo harían estupendo.
Sí, tenemos ya la página web "Educación Continua Universidad de los Andes". Allá está todo el portafolio por categorías, por áreas de conocimiento.
La gran mayoría. Tenemos muy poco en el campus, la verdad que la gente no tiene tiempo. Si uno va a hacer la educación continua en cerámica le toca ir al taller de cerámica, pero son contadas excepciones de presencialidad. La gran mayoría lo estamos dictando virtualmente.

Con las becas del Estado nosotros llegamos a tener 35% de nuestra población estudiantil de pregrado en estratos 1, 2 y 3. Esa posibilidad de inclusión y diversidad es muy importante para el aprendizaje. Todos los estudiantes de los Andes aprendían distinto gracias a esa diversidad. Con el fin del programa esto se limita a las becas que nosotros podemos conseguir. Tenemos maravillosos donantes que creen en la educación de alta calidad en Colombia y logramos becar aproximadamente al 11% de nuestro estudiantado. Tratamos de que sean jóvenes en estratos 1, 2 y 3 también con excelencia académica. Nos mantenemos en una fracción de diversidad que quisiéramos que fuera mayor, pero se logra con el apoyo de filántropos y de la sociedad civil.
Lo que creo es que la desigualdad se atiende por una combinación de políticas. Aunque yo estoy de rectora en la universidad en este momento, si yo tuviera la plata se la pondría toda a la inversión en educación inicial: la educación desde el embarazo hasta los niños de cinco años. Esa es la inversión más efectiva porque es el momento en que el cerebro es más plástico, más maleable. Por lo tanto, tú inviertes poco y logras mucho. Eso lo hemos avanzado en Colombia, pero llega el siguiente presidente lo abandona; como que no lo hacemos con consistencia.
La informalidad laboral en Colombia es nuestro mayor problema y ese es un tema de productividad también. No estamos formando para las tareas que requiere este país. Por ejemplo, la educación superior universitaria representa 70% de toda la educación que ofrecemos; el resto es 30% de técnica y tecnológica. Los trabajos para universitaria no existen tanto; la necesidad de educación técnica y tecnológica es al revés: 70% de los trabajos disponibles en el país son técnicos y tecnológicos. Estamos formando es más universitarios que técnicos y tecnológicos.
Son muy distintos de diversas maneras. Yo creo que son unos jóvenes que sueñan con una vida que es más dinámica y más de aprendizaje. Les importa más el camino que la meta. Les gusta mucho una vida en la que aprenden.
Uno no los premia con plata sino con viajes, pasándolos en las empresas a través de múltiples procesos dentro de la empresa para aprender. Son unos jóvenes profundamente preocupados por los desafíos de la humanidad como el cambio climático, realmente quieren hacer algo para salvar al mundo. Y es la generación que no va a querer trabajar en una multinacional por 30 años, como quizás nosotros sí queríamos.
Los de ahora son los Generación Z y ya casi nos van a llegar los Generación Alfa. Esos son cohortes muy diferentes. Dicen que estas son cohortes que no traslapan prácticamente nada con sus padres. Eso pasa solamente una vez cada siglo. Son realmente unas cohortes con preferencias, aspiraciones y expectativas muy distintas a las de sus padres, que somos nosotros.
En Cartagena tenemos una sede pequeña y en este momento esa sede se está utilizando sobre todo para modelos de educación más innovadores. Es un poquito ese aprendizaje a lo largo de la vida: cómo hacemos para calificar a las personas que ya tienen un trabajo, pero quieren aprender de inteligencia artificial, de los temas tecnológicos o tienen algunas expectativas específicas en sus trabajos —quieren mejorar su liderazgo dentro de sus compañías—.
Son cursos no formales que certifican competencias, que son cortos —a veces hasta de 18 horas, 40 horas— y la universidad certifica competencias. Estamos trabajando mucho más en extender la universidad a lo largo de la vida para que las personas estén siempre actualizadas y uno pueda seguir teniendo impacto no importa qué pasa con las tecnologías cada vez.

Ahora tenemos varios puntos críticos, Fernando. Está la crisis de las finanzas públicas, el tema de seguridad, por supuesto el tema energético. El tema de la salud es quizás el que más le está doliendo a los colombianos con toda la razón. Hay unos temas en crisis que creo que en el próximo gobierno tendremos que superar y trabajar fuertemente. Lo que a mí más me preocupa en realidad es el largo plazo. Siento que en Colombia no hemos podido construir un consenso para el país que queremos. No hay como un futuro compartido, cosas como las que han hecho Corea, Vietnam, Singapur. Este país, en los próximos 30 o 40 años, se va a dedicar a estos tres sectores estratégicos y todos los frentes nos acomodamos a eso: la educación, la política industrial, la política fiscal; todas las políticas se ponen al servicio del proyecto estratégico de país.
No tenemos un futuro compartido, exactamente. Creo que nos hace falta construir ese proyecto productivo que nos soñamos. Este país es un país de territorios muy diversos; seguramente que una cosa única de país no la vamos a lograr, pero hay que construir un proyecto territorial.
La transición demográfica se vino fuerte en Colombia. En este momento ya estamos con tasa de natalidad por debajo de la de Tokio: 0,9 niños por mujer. Eso es bajísimo, mucho más bajo de lo que es la tasa de regeneración. Ese es un problema complicado que tiene implicaciones a futuro en el sistema pensional, en el sistema de salud, porque se achata la pirámide; los adultos y adultos mayores vamos a tener mucho menos jóvenes que respalden los sistemas.
Desde el punto de vista de la educación tiene varias cosas positivas increíblemente: si llegan menos niños, los colegios y las universidades vamos a tener una escala más pequeña, pero la inversión por niño o por joven va a ser más alta. Creo que podemos ofrecer una educación de más alta calidad con la misma plata que teníamos. Hay que aprovechar eso y estar atentos a las oportunidades.