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María Fernanda Suárez, presidente del Banco Popular, habló de los retos que tienen el país de cara a los próximos años en temas estructurales como la energía
El Banco Popular es un verdadero caso de éxito: pasó de registrar pérdidas millonarias a consolidar ingresos sólidos, apostándole a una población que a menudo parece olvidada: aquella que entra a la segunda mitad de la vida.
A propósito de esta transformación, su presidenta, María Fernanda Suárez, explicó la importancia de dedicarse a este segmento y a la 'economía silver', dándole atención a una generación que está más vigente que nunca. Además, abordó los retos del mercado laboral, cuestionando cómo la temprana edad de jubilación para las mujeres en Colombia las pone en una enorme desventaja profesional frente a los hombres
Llevo dos años en el Banco Popular. Estos dos años he buscado tomar las fortalezas que tenía el banco y que muchas veces se veían como un problema. Lo primero es que cuando yo llegué hace dos años me dijeron: "acá tenemos un problema muy grande porque 65% de nuestros clientes tienen más de 50 años". Siete de cada diez clientes del banco tienen más de 50 años. Cuando uno ve la tendencia de muchos bancos, los neobancos y las fintech, están muy concentrados hacia los jóvenes, hacia los emprendedores. Todo el mundo está en la onda de que eso es lo que necesitamos hacer. Entonces parecía que teníamos un problema porque tenemos un banco en donde nuestros clientes tienen muchos años.
Pero cuando uno empieza a ver eso y a entender la transición demográfica tan importante que estamos viviendo y sobre la cual, siento que todavía no hay mucha conciencia. Uno ahorita habla de transición demográfica y a la gente le parece algo lejos. Lo que nos tenemos que concientizar en Colombia es que es algo que está pasando a una velocidad impresionante.
Hoy 13 millones de colombianos tienen más de 50 años. Uno de cada cuatro colombianos tiene más de 50 años. En 2035 uno de cada tres va a tener más de 50 años y en 2050 uno de cada dos va a tener más de 50 años. Está pasando un fenómeno y eso es lo que hay que entender, que los nacimientos, como hemos visto en todas las noticias y ha sido noticia en el 2025 de cómo se han caído, están cayendo de manera dramática.
Un dato: la tasa de fecundidad de Bogotá es menor que la de Tokio. Es una de las menores del mundo. Lo que a Europa le tomó cien años para poder llegar a este nivel de composición en la pirámide poblacional, a Colombia le va a tomar 30 años. La velocidad a la que la población colombiana estamos envejeciendo es altísima.
Cuando un hombre a los 55 está aspirando a ser CEO y le quedan 10 años de utilidad profesional, a las mujeres de 50 y 55 ya las empiezan a ver como un mueble viejo, cuando están mejor capacitadas y tienen una expectativa de vida más amplia. Yo creo que ese logro de jubilarse a los 57 está jugando en contra de las mujeres. ¿Esa es una hipótesis válida?
Ponerle una edad de jubilación a las mujeres menor que a los hombres tiene un efecto muy negativo sobre el ingreso de la mujer. Como la mujer ha tenido hijos, típicamente su carrera es más lenta, y los ingresos altos llegan más atrás. Si además, en el momento en que está más productiva y lista para tener los puestos más altos, se jubila, le cortan su momento más productivo.
El problema que hemos tenido en Colombia, y ahora que en el 2026 tenemos que dar debates a profundidad, es que el tema de la edad de pensión lo estamos debatiendo de la manera equivocada. Siempre el titular es el costo fiscal que tienen las pensiones, y nunca el efecto que tiene sobre el ingreso en la nueva longevidad. Si entendemos que tanto a los hombres como a las mujeres que están perfectamente vitales a los 57 años les estamos haciendo un flaco favor al pensionarlos tan temprano, tomamos la discusión desde un punto de vista diferente. Lo que se debería hacer en una reforma pensional en el 2026 es aumentar la edad de pensión de la mujer y otorgarle un bono en semanas por los hijos que tenga, para no generar incentivos negativos sobre la fertilidad. También premiar a la mujer con semanas por el cuidado de los mayores, una carga que recae mayoritariamente sobre nosotras.
Creo que es un tema en el que tenemos que avanzar a más velocidad, pero también hemos avanzado mucho.
El Grupo Aval ha dado un cambio impresionante en ese sentido. María Lorena es la primera administradora que no es de la familia y es una mujer. En las juntas directivas hemos avanzado hacia tener en todas 30% de participación de la mujer y vamos hacia la paridad. Hoy, de los seis presidentes de compañías del Grupo Aval directas, dos somos mujeres y María Lorena, que es la cabeza del grupo, también lo es. Estamos rompiendo muchos paradigmas.

Tenemos un camino grande por avanzar en todos los niveles. Soy parte de las fundadoras de Women in Connection, y nuestro trabajo es visibilizar que es posible. A veces pareciera que uno tiene que escoger entre tener hijos y matrimonio o ser exitosa profesionalmente. Yo estoy casada, tengo mis dos hijos, estoy feliz y tengo mi carrera; es difícil, pero es posible. Nos hace falta romper techos de cristal: tener una presidenta mujer, una ministra de Hacienda mujer, una presidenta de Ecopetrol, una gerente del Banco de la República.
Para eso se necesita que siempre haya un criterio de idoneidad, no poner a alguien solo por ser mujer, sino porque es la persona idónea y además es mujer. Mientras la cancha siga desbalanceada y las mujeres seamos cien por ciento responsables del cuidado, y los hombres vean el cuidado como un "yo te ayudo", seguiremos desequilibrados.
Yo quería ser banquera. Lo de ministra me llegó después y fui muy feliz, pero de chiquita me fascinaba ser banquera. Cuando iba con mi papá a Carulla le decía: "yo quiero ser como esa señora que cuenta plata en la caja registradora". Tengo una gran ventaja en mi historia: mi abuela era empresaria y mi mamá era decana de ciencias humanas. Siempre viví con una imagen de mujeres que llevaban bien su vida trabajando, entonces nunca tuve un estereotipo o preocupación por eso y me sirvió mucho en la vida.
No es mito, es cierto. Cuando uno mira el comportamiento crediticio, las mujeres son mejores pagas y son mucho más responsables con el uso del dinero. En el gobierno veíamos que en los programas de transferencias monetarias, si se le hacen a las mujeres, hay una certeza inmensa de que esa plata se va a la educación o al bienestar de los hijos. Eso no ocurre cuando la transferencia es al hombre. Además, aunque cueste encontrar presidentas en las 100 empresas más grandes de Colombia, el 70% de las decisiones de compra las toman las mujeres. Ahí hay una paradoja. Por eso es vital tener diversidad generacional y de género en la sala de toma de decisiones.
Todavía eso no es parejo y se nota más entre más pequeña es la población. Medellín es una ciudad muy importante en industria y banca, pero la mujer, aunque es muy fuerte culturalmente como la matrona, tiene una participación menor en la presidencia de las empresas. En Mujeres por la Democracia tratamos de incluir fundadoras de todo el país, pero en las regiones la conversación política y empresarial todavía es muy masculina. Entre más pequeña es la población, el concepto de que la función de la mujer es el cuidado y la del hombre es el trabajo está mucho más marcado.
Definitivamente sí nos están respondiendo desde diferentes frentes. El banco tuvo una época muy difícil en 2022, 2023 y 2024. La situación difícil del banco estaba derivada por la subida de tasas de interés. Fue una subida muy fuerte la que Colombia experimentó pospandemia y ahí hay un montón de lecciones aprendidas. Para el banco, y para recuperar su rentabilidad, una de las cosas más importantes que teníamos que hacer era recuperar el crecimiento en depósitos del público.
Nos habíamos vuelto muy dependientes de tomar depósitos del mercado institucional. Una vez lanzamos en 2025 toda nuestra apuesta por la economía plateada, en ser un banco que realmente tiene una oferta totalmente diferenciada —no solamente en los productos que ofrecemos sino en el modelo de atención para las personas mayores de 50 años—, hemos tenido un crecimiento espectacular en los depósitos.
Nosotros tenemos un modelo que llamamos phygital. Si usted entra a los aplicativos del banco hoy en día, tenemos una aplicación súper moderna con todas las posibilidades, muy fácil de utilizar y muy amigable. Aquel cliente que quiera ser 100% digital y no quiera visitar una sucursal, va a encontrar todo de una manera muy fácil. Al mismo tiempo, el cliente al que le aburre hablar en un call center con una máquina o que solamente en el chat le conteste un bot —aunque está el bot para el que le funciona— puede decir: "quiero un humano", y se le atiende.
Nosotros tenemos cincuentones, sesentones, setentones, ochentones, noventones y centenarios. ¿Adivina cuántos clientes tengo de más de 100 años?
Hay 13.000 colombianos de más de 100 años. Yo tengo 600 clientes de más de 100 años. Hemos visto que en esa población todavía la inclusión financiera era muy bajita. Hay 13.000, pero no todos tienen cuenta bancaria. Nosotros tenemos que tener un modelo para todas las edades.
Parte de lo que estamos viendo es que la segunda mitad de la vida, que es la que vivimos después de los 50, es una vida moderna. Yo nunca hablo de la vejez, nunca hablo de los viejos o los adultos mayores. Yo tengo 51 años y me siento joven. Cuando a la gente le dicen "dónde están los jóvenes", yo podría levantar la mano, aunque a los jóvenes no les parece que yo soy joven.
Vemos que no hay una concentración especial todavía en unas zonas geográficas, pero sí vemos regiones que le están apostando a atraer a las personas que viven la nueva longevidad. Es como nos lo tenemos que pensar.
Hay ciudades, sobre todo en el Eje Cafetero, muy activas en hacer una apuesta por la economía plateada, ofreciendo alternativas de vivienda y temas relacionados a los aspectos sociales. Es un momento en que, sobre todo si usted es pensionado, su vida cambia mucho. Usted no quiere ser una persona sola sentada en un sofá viendo televisión esperando a que su hijo lo llame para sacarlo a almorzar.
Lanzamos el Club Plateado. Es una plataforma digital, una comunidad virtual donde trabajamos tres dimensiones. Se lo ofrecemos a todo el mundo, no importa si es cliente del Banco Popular o no; nuestra apuesta —desarrollada junto a ADL, el laboratorio digital del Grupo Aval— es una comunidad abierta. Solo tiene que registrarse con su correo y celular para acceder a los beneficios sin costo.
Trabajamos tres dimensiones. Uno, la salud física: encontrarán clases virtuales de yoga, gimnasia, ejercicios de fuerza, recomendaciones sobre alimentación saludable y descuentos para gimnasios, exámenes de optometría, temas dentales, exámenes de próstata, de seno y tamizajes. Dos, la salud emocional: temas de educación y formación de nuevas comunidades. Le preguntan qué le gusta hacer (leer, jardinería, jugar dominó, oír boleros, ir a conciertos) y le llevan oportunidades de hacer cosas presenciales con nuevos amigos.
Antes del tercero, le doy un dato: en las aplicaciones de citas, 25% de las personas en la economía plateada han buscado amigos o parejas. El Club Plateado también puede ser una manera de encontrarse con personas. Y el tercero es la salud financiera. Están todos los temas para hacer un presupuesto, entender cuánto tiempo toma un ahorro programado, o calcular los intereses de un préstamo o de un CDT. Si usted tiene salud física, emocional y financiera, no solo tendrá más años de vida, sino que tendrá más vida en los años.

Definitivamente hay que llevar en las cuentas nacionales los efectos de la economía del cuidado y diseñar esquemas para equiparar la cancha. Si la economía reconoce el valor del cuidado, el hombre también valorará ser cuidador. Para mi gusto, tiene que haber estímulos y bonos de semanas en pensión para los cuidadores, sean hombres o mujeres. Este tema conecta con la nueva longevidad: viviremos muchos años más, pero enfermedades como la demencia senil o el Alzheimer requieren muchísimo cuidado. Tenemos que pensar, social y económicamente, quién se va a hacer cargo de esos cuidados.
Uno ve las cifras económicas y parece que todo estuviera bien, pero el colombiano de a pie va a comprar boletas para un concierto y están agotadas, va a viajar y los aeropuertos están llenos, los restaurantes igual, pero la gente sigue diciendo que la economía está mal. Parece una paradoja, pero lo que ocurre es que estamos sufriendo de una enfermedad silenciosa: el consumo está disparado, pero no hay inversión.
El principal problema de Colombia hoy se llama incertidumbre. Como no hay inversión, la economía crece pero no aumenta la capacidad instalada. ¿Y qué estamos viendo? Que la inflación está volviendo a despertar. Ese es un riesgo enorme para todos, porque la inflación es el peor impuesto para los hogares de menores recursos y nos puede jugar una mala pasada con las tasas de interés. Pero el cáncer más grande que tenemos en este momento, y que está siendo muy silencioso, se llama déficit fiscal. Estamos gastando a dos manos, y gran parte de los recursos se van solo en pagar los intereses de la deuda. La única solución para un nivel de endeudamiento como el que tenemos se llama crecimiento económico; no hay otra manera de salir.
Lo primero es que tenemos que elegir bien. Si no pasamos esta fase de incertidumbre y los candidatos hablan de "decrecimiento", no va a haber inversión y el capital privado se irá. Necesitamos desesperadamente inversión privada y elegir a alguien que pueda volver a construir y unir al país. Si seguimos en un mundo polarizado donde el que propone es bloqueado por el otro, no vamos a avanzar.
Además, el mundo se mueve a velocidades astronómicas con la inteligencia artificial. Si Colombia no se sube a ese tren del futuro, perderemos una gran oportunidad. Y fíjate, podemos crecer en todo. Fui ministra de Minas y Energía y te aseguro que tenemos todas las fuentes energéticas posibles: agua, sol, viento, petróleo y gas. Es cuestión de utilizarlas todas. La energía va a determinar qué países son competitivos. OpenAI le pidió al gobierno de Estados Unidos instalar nueva capacidad de generación eléctrica rápidamente para los data centers; nosotros podríamos hacer lo mismo en la Guajira con generación renovable y data centers.
Así es. Por eso hoy ya no deberíamos hablar de "transición energética", sino de "adición energética". Necesitamos más y más energía. Renovable hasta donde sea posible y fósil hasta donde sea necesario. Hay que ser pragmáticos, como lo están siendo Brasil, Chile y otros países. Otro sector con potencial enorme es la exportación de servicios (BPOs, call centers, programadores) y, por supuesto, el agro. Oportunidades de crecimiento sobran, lo que nos falta es decisión y capacidad de ejecución. Hoy los proyectos de generación de energía están frenados por falta de ejecución. No necesitamos más leyes ni burocracia, necesitamos que las cosas pasen.
Yo le diría: "Es la confianza". Para salir adelante necesitamos tres pilares. Uno, recuperar la seguridad, y eso es confianza para los ciudadanos. Dos, crecimiento económico. Y tres, equidad. Sin confianza, sin seguridad, sin crecimiento y sin equidad, no podremos superar los niveles de pobreza actuales.