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El Caribe es una región clave para la economía, y eso lo demuestra su PIB, su mercado laboral y sus grandes proyectos de infraestructura
El Caribe no está esperando su turno en el desarrollo económico de Colombia, ya juega un papel central
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Barranquilla vive un momento de gran visibilidad. Ser sede alterna de la Presidencia pone más ojos sobre este territorio y esa atención sirve para visibilizar una idea que aquí ya sabemos pero que el resto del país apenas empieza a asimilar. El Caribe no está esperando su turno en el desarrollo económico de Colombia, ya juega un papel central.
El mundo está reorganizando cómo produce y mueve sus bienes. Las empresas revisan cadenas de suministro buscando cercanía a sus mercados, menores tiempos y menores costos, y en ese reacomodo nuestra ubicación pesa. Barranquilla y el Atlántico están entre cinco y ocho días de tránsito marítimo de la costa este de Estados Unidos, pero la ventaja no se agota en el mapa. La sostienen infraestructura logística y portuaria, industria consolidada, zonas francas activas, talento y una vocación exportadora real.
Las cifras lo confirman. En 2025, desde ProBarranquilla acompañamos 23 proyectos de inversión por US$469 millones que generaron 3.581 empleos directos. El 83% del capital fue extranjero y 18 de esos proyectos tuvieron foco exportador. En cinco años apoyamos más de US$2.136 millones en 144 proyectos y 14.200 empleos, una curva que no se explica por coyuntura sino por decisiones tomadas a nivel local desde hace dos décadas.
Barranquilla y el Atlántico no compiten con una ventaja aislada, sino con un conjunto de capacidades que pueden reforzarse entre sí. La infraestructura conecta la industria con los mercados y las zonas francas son plataformas de transformación productiva. A esto se suma una oportunidad que puede cambiar la escala de nuestro desarrollo industrial, y es la de convertirnos en un hub energético. No únicamente a través de la generación de energía, sino de construir una cadena de valor, desarrollando y atrayendo proveedores, nuevas capacidades y las industrias que la demandan.
Por su lado, el turismo de reuniones también forma parte de esta ecuación. Cada congreso, feria o convención que llega es una ventana para mostrar el territorio ante audiencias que toman decisiones de inversión y negocios, moviliza actividad económica, abre conversaciones comerciales y deja relaciones que van mucho más allá de los días del evento.
Estas capacidades ganan fuerza cuando las pensamos como región. El Caribe es más competitivo cuando actúa como región y Barranquilla y el Atlántico ganan cuando suman capacidades con los territorios cercanos. Infraestructura portuaria e industrial, logística multimodal, agroindustria, turismo y servicios empresariales conviven en esta región y se complementan. Juntos ofrecemos al mundo algo que ninguno puede dar por su cuenta, capacidades diversas, articuladas y con la escala que los grandes proyectos exigen. Ese es el siguiente salto.
Para lograrlo necesitamos coordinación, reglas claras y decisiones oportunas entre lo público y lo privado. La mayor presencia del Gobierno nacional es una oportunidad para acercar agendas y destrabar proyectos que llevan años esperando, pero la ventana no permanece abierta indefinidamente. Las transformaciones grandes no las hace una empresa ni una institución sola sino un territorio con propósito común y agenda compartida.
El Caribe ya demostró que puede transformarse. El reto es hacerlo a la escala que Colombia necesita. Eso, y no otra cosa, es Poder Caribe.
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