.
Industria

Empresas B, sostenibilidad como ventaja competitiva


Cada vez más compañías incorporan el impacto social y ambiental a su modelo de negocio, buscando que el crecimiento económico también se traduzca en bienestar para sus trabajadores, comunidades y cadenas de valor

Camilo Ramírez, director ejecutivo del Sistema B en Colombia
INDUSTRIA

Lo que el terremoto reveló sobre la confianza empresarial

martes, 29 de septiembre de 2026

De acuerdo con Ramírez, el movimiento es todavía joven y creo que queda mucho por hacer.

Foto: Sistema B

No llegó a improvisar. Llegó a ejecutar una infraestructura de confianza y de relaciones que llevaba años construyendo

Camilo Ramírez
Síganos y léanos en Google Discover

El 10 de agosto, un terremoto de magnitud 7,4 dejó 574 estructuras colapsadas y afectó a más de 317.000 personas en 16 departamentos de Colombia. En las horas y semanas siguientes ocurrió algo que merece leerse con atención: mientras las instituciones tradicionales luchaban por coordinar una respuesta, el sector privado ya estaba en terreno.

No llegó a improvisar. Llegó a ejecutar una infraestructura de confianza y de relaciones que llevaba años construyendo.

La confianza se acumula

El Edelman Trust Barometer 2026 para Colombia es incómodo para casi todos los actores tradicionales del país: el gobierno recibe apenas 34% de confianza, los medios 45%, las ONG llegan justo a la neutralidad con 50%. Las empresas, en cambio, alcanzan 65%, y el empleador directo -la relación más cercana y cotidiana que una persona tiene con una organización- llega a 80%, el nivel más alto de toda la medición.

Ese dato no es un premio de consolación para el sector privado; es una responsabilidad. Cuando ocurre una tragedia como el terremoto de Chocó, la pregunta no es solo quién tiene el dinero para ayudar, sino quién tiene la credibilidad para que esa ayuda realmente llegue, se use bien y no se pierda en el camino. Y en Colombia, hoy, esa credibilidad está mayoritariamente del lado de las empresas.

Lo notable de la respuesta empresarial al terremoto fue su velocidad y su precisión. Alquería no tuvo que averiguar cómo llegar a Buenaventura o al Chocó: movilizó siete vehículos con agua potable y más de 30 toneladas de producto porque ya tenía las rutas logísticas trazadas.

Providencia, junto con ingenios azucareros aliados, coordinó en cuestión de días 50 toneladas de azúcar, 50.000 litros de agua y energía eléctrica para un hospital y un albergue en 11 municipios de Valle del Cauca y Risaralda. Medirex activó su Fondo de Solidaridad para articular no solo recursos propios, sino los de sus proveedores y las familias de sus colaboradores.

Esdiez Constructora, con la sensibilidad de quien conoce el territorio que construyó, revisó una por una las viviendas que había levantado a lo largo de los años para confirmar su estado después del sismo. Ninguna de estas acciones nació de cero el 10 de agosto. Nacieron de años de operar bajo estándares exigentes de gobernanza, relación con comunidad y gestión ambiental -los mismos que exige la certificación de Empresa B-.

Bohío Playa, Heincke y Biogar convirtieron sus instalaciones en centros de acopio en cuestión de horas. Indeleble no solo canalizó donaciones: puso a su propio equipo a armar kits humanitarios, y señala ese tiempo de trabajo como su aporte más valioso. Frisby, por su parte, ya suma apoyo directo a 3.221 personas afectadas.

Esto no es una lista de buenas intenciones; es la evidencia de que el propósito superior, cuando se practica de forma sistemática y no cosmética, se convierte en capacidad de respuesta real cuando se necesita.

La sostenibilidad es estrategia

Aquí está el punto que muchas veces se pierde en el debate: hacer empresa con propósito no es una carga que se paga con menor rentabilidad. La pregunta que deberían hacerse hoy las compañías no es si la sostenibilidad importa porque esa discusión ya está superada, sino qué oportunidades están perdiendo por no integrarla a su estrategia de negocio. Y la respuesta corre por cuatro vías muy concretas.

La primera es el costo. En muchas industrias, la energía y las materias primas pueden representar hasta 35% de los costos de producción, lo que convierte la eficiencia en una decisión financiera antes que ambiental.

La segunda es el acceso a mercado: 82% de los clientes empresariales ya exige a sus proveedores información clara sobre su desempeño ambiental, social y de gobernanza, y quien no la tiene queda por fuera de licitaciones y alianzas.

La tercera vía es el financiamiento: en Colombia ya existen líneas de crédito sostenible con tasas preferenciales de hasta 120 puntos básicos por debajo de las tradicionales, y el mercado regional de bonos temáticos crece cada año. Y la cuarta es el talento: tener un propósito claro en el trabajo es hoy determinante para que la Generación Z y los millennials elijan dónde quedarse.

El terremoto no inventó estas ventajas; las puso a prueba. Las empresas que ya sabían medir su impacto, que ya tenían relaciones de confianza construidas con proveedores, comunidades y colaboradores, fueron precisamente las que pudieron moverse rápido cuando la emergencia llegó. La sostenibilidad, vista así, no compite con la competitividad: es una de sus fuentes.

La misma convicción, contada en dos momentos

Lo que el terremoto de Chocó puso a prueba no fueron los discursos de sostenibilidad de las empresas colombianas, sino su infraestructura real: sus rutas logísticas, sus relaciones de comunidad, la autonomía de sus equipos para actuar sin esperar instrucciones desde arriba. Esa infraestructura no se construye en una emergencia; se construye en la manera cotidiana de operar, de medir el impacto y de rendir cuentas.

Por eso la solidaridad y la competitividad empresarial no deberían entenderse como dos temas distintos en la agenda de un directivo, sino como la misma convicción, contada en dos momentos distintos del calendario. Cuando no hay crisis, esa convicción se llama estrategia.

Cuando la hay, se llama simplemente estar ahí. La ventaja, en ambos casos, es de quien se anticipa: las empresas que entendieron esto temprano ya la tienen; las que no, tendrán que adaptarse más adelante, con mayores costos y bajo una presión mucho más alta.

Las empresas ya no solo se miden por cuánto facturan cada trimestre o por las utilidades que generan, sino también por el impacto real que producen en las comunidades, en sus cadenas de suministro, en el medio ambiente y, en general, en la sociedad.

Esto no significa que las compañías deban dejar de perseguir la rentabilidad. Al contrario, el reto está en demostrar que generar ganancias y producir un impacto positivo no son objetivos incompatibles.

Una empresa que cuida a sus trabajadores, fortalece a sus proveedores, reduce sus residuos o utiliza mejor los recursos también está construyendo condiciones para sostener su negocio en el tiempo.

El Reporte de Impacto Colectivo 2026 de Sistema B Colombia muestra que esta discusión ya se está traduciendo en prácticas concretas. En el país hay 133 Empresas B certificadas, que hacen parte de una comunidad de más de 10.500 compañías a escala global.

Uno de los datos que más llama la atención está en la relación con los trabajadores. Más de 81% de los colaboradores de las Empresas B que respondieron esta pregunta manifiestan estar satisfechos con su trabajo.

Además, 90,9% de estas compañías entregó un bono adicional a sus empleados durante el último año y 95,3% incluye en sus manuales políticas para garantizar sus derechos.

Pero el impacto no termina puertas adentro. En la relación con los proveedores también hay señales de un cambio en la manera de hacer negocios. La mitad de las Empresas B tiene al menos 60% de sus gastos, excluyendo los laborales, concentrados en proveedores locales independientes, mientras que 51% compra más de 60% del costo de sus productos a proveedores nacionales.

En materia ambiental, los datos muestran que tampoco se trata únicamente de sembrar árboles o reciclar. Un 85% cuenta con un sistema de gestión ambiental y la mitad de las empresas analizadas somete al menos 20% de sus productos a una evaluación de huella ambiental.

Además, 97% ejecuta algún programa para reciclar, reutilizar o reducir sus desperdicios. En un periodo de 12 meses, 91 Empresas B reportaron haber reciclado o reutilizado 31.685 toneladas de residuos.

Hay otro elemento importante: medir. Una empresa puede tener un discurso sobre sostenibilidad, pero si no sabe cuánto impacto genera, difícilmente podrá saber si está avanzando. El reporte muestra que 73,5% de las Empresas B mide indicadores o resultados directos para determinar si cumple sus objetivos sociales.

La sostenibilidad empresarial no puede quedarse en campañas, donaciones o informes anuales. Tiene que entrar en las decisiones que determinan cómo se contrata, a quién se compra, qué se produce, qué se desecha y cómo se utilizan los recursos.

El desafío ahora es que esta mirada trascienda a las empresas que ya decidieron medirse bajo estos estándares. Porque una economía sostenible no se construye solamente con compañías que hacen las cosas bien, sino cuando producir, crecer y competir incorpora responsabilidad.

La rentabilidad seguirá siendo indispensable. La diferencia estará en cómo se consigue y qué deja en el camino.

Conozca los beneficios exclusivos para
nuestros suscriptores

ACCEDA YA SUSCRÍBASE YA

MÁS DE EMPRESAS B, SOSTENIBILIDAD COMO VENTAJA COMPETITIVA

Industria 29/09/2026

El modelo detrás de la cúrcuma y el palmito de Crepes & Waffles

La cadena trabaja con dos organizaciones comunitarias del Chocó biogeográfico, una en Bojayá y otra en Vigía del Fuerte, que vinculan a 307 familias en total

Construcción 29/09/2026

Grupo Acesco: acero con propósito para reconstruir comunidades tras el terremoto

El grupo ha acompañado la inspección de 200 edificaciones con ocho de sus especialistas técnicos y 609 horas de trabajo, además de entregar 160.000 tejas de zinc

Laboral 29/09/2026

Corazón de Niño elevó su calificación B en 15 puntos: ¿qué cambios hizo para lograrlo?

Para la recertificación, la empresa dejó claro que fortaleció sus prácticas de gobernanza