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El emprendimiento es un actor clave para impulsar la economía, el empleo, el desarrollo sostenible y las buenas prácticas laborales
Desde la ANDI vemos el emprendimiento en Colombia como una de las principales fuerzas de transformación productiva del país. No lo entendemos sólo como creación de empresas, sino como la capacidad de identificar problemas reales del mercado, convertirlos en soluciones sostenibles y conectarlas con sectores productivos que necesitan innovación, eficiencia, talento, tecnología y nuevos modelos de negocio.
El panorama del emprendimiento en Colombia es positivo, pero exige una lectura realista. Hay vitalidad emprendedora, talento, capacidad de innovación y una red institucional cada vez más madura, pero también persisten retos estructurales en financiación, sofisticación empresarial, formalización, acceso a mercados, escalamiento y conexión efectiva con la demanda de los sectores productivos.
Un primer dato muestra esa vitalidad. En 2024 se crearon en Colombia 297.475 nuevas empresas, según Confecámaras. Aunque esto representó una ligera caída frente al año anterior, hay una señal interesante: las sociedades crecieron, lo que sugiere una tendencia hacia estructuras empresariales con mayor vocación de formalidad y escalamiento. Además, una parte importante de las nuevas empresas creadas generó al menos un puesto de trabajo.
Desde la ANDI, una de las principales fortalezas que vemos es que Colombia ya no parte de cero. El país tiene ecosistemas emprendedores en Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Bucaramanga, Manizales y otras regiones, con universidades, cámaras de comercio, aceleradoras, fondos, empresas ancla, programas públicos y comunidades emprendedoras. Esa base institucional y empresarial es una ventaja para conectar el emprendimiento con la agenda de productividad del país.
Sin embargo, el gran salto que necesita el emprendimiento colombiano no está solamente en crear más empresas, sino en lograr que más empresas jóvenes crezcan, vendan, exporten, innoven, generen empleo formal y se conecten con cadenas de valor. El Índice Subnacional de Emprendimiento 2024 muestra que el país tiene profundas brechas regionales y que las condiciones habilitantes (financiamiento, capital humano, infraestructura, entorno de negocios, innovación, conocimiento y desempeño emprendedor) varían significativamente entre ciudades. Incluso Bogotá, que lidera la medición, obtiene un puntaje de apenas 6,4 sobre 10, lo que evidencia que hay margen amplio de mejora en todo el país.
También hay una dualidad importante: Colombia tiene emprendimientos de oportunidad, que nacen para resolver problemas de mercado, pero también muchos emprendimientos de necesidad, asociados a la informalidad y a la falta de alternativas laborales. Esa diferencia es clave. Los emprendimientos de oportunidad, formales y conectados con mercados, suelen tener mayor capacidad de crecer, innovar, generar empleo y sostenerse en el tiempo.
En ese sentido, la gran oportunidad está en pasar de un emprendimiento centrado en la supervivencia a un emprendimiento orientado a productividad, sofisticación e impacto. Para lograrlo, el emprendedor necesita tres conexiones: conexión con el mercado, conexión con conocimiento y tecnología, y conexión con empresas que puedan convertirse en clientes, aliados, proveedores o canales de distribución.
Por eso, el emprendimiento colombiano tiene que ser cada vez menos retórico y más conectado con resultados: ventas, empleo, productividad, sostenibilidad, exportaciones, formalización, inclusión y solución de problemas concretos.
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