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El Servicio Geológico Colombiano reportó que el sismo registró una magnitud de 7,4, con profundidad de 96 km, lo que lo convierte en el más fuerte desde 1979
una tragedia puede mostrarnos lo más doloroso de nuestra realidad, pero también puede recordarnos algo profundamente humano: cuando un colombiano sufre, los demás no podemos simplemente seguir de largo
Hay momentos en los que las palabras se quedan cortas. Colombia está viviendo uno de ellos. El terremoto golpeó con fuerza a decenas de municipios y detrás de cada cifra hay familias que hoy tienen miedo, hogares destruidos, personas heridas y comunidades enteras esperando una mano que les diga: no están solas.
Como alcalde de Soacha y presidente de la Federación Colombiana de Municipios, pero también como colombiano, quiero hacer un llamado que nace más del corazón que de cualquier posición institucional: no podemos mirar para otro lado.
He visto con esperanza cómo miles de colombianos se han volcado a ayudar. Personas que salen a las calles, que llevan alimentos, que prestan sus vehículos, que donan lo que tienen. He visto a deportistas, artistas, personalidades públicas y ciudadanos anónimos poner sus redes, sus recursos y su voz al servicio de quienes hoy más lo necesitan. Eso demuestra algo que me llena de esperanza: en los momentos difíciles, Colombia sabe ser solidaria.
Quiero hacer un llamado especial al empresariado colombiano. A quienes tienen la capacidad de movilizar recursos, equipos, medicamentos, transporte y bienes que hoy son fundamentales. No se trata solamente de hacer una donación económica. Se trata de preguntarnos qué podemos poner al servicio de una familia que hoy lo perdió todo.
Los municipios están solicitando elementos muy concretos: medicamentos, antibióticos, analgésicos, anestésicos, insumos hospitalarios, camas, camillas, equipos para atención de adultos y niños, sillas de ruedas, elementos quirúrgicos y otros recursos necesarios para fortalecer la atención en salud. Muchos de estos elementos no hacen parte de lo que un ciudadano común puede tener en su casa. Por eso, aquí el sector empresarial tiene una responsabilidad y, al mismo tiempo, una enorme oportunidad de demostrar su solidaridad.
A quienes tienen empresas, clínicas, laboratorios, distribuidores, cadenas logísticas, vehículos, bodegas o capacidad para adquirir estos insumos, les digo: es momento de ayudar. Es momento de salvar vidas. Hoy cualquier aporte puede significar una atención médica, una persona trasladada, un niño atendido o una familia que recibe una respuesta cuando más la necesita. Y a quienes quieran donar alimentos, les pedimos que sean no perecederos, para facilitar su almacenamiento, transporte y distribución.
Pero ayudar también significa saber cómo hacerlo. A todos los ciudadanos que están llegando a las zonas afectadas les pido que permitan trabajar a los organismos de socorro. No nos aglomeremos en los lugares destruidos. Los rescatistas necesitan espacio, movilidad y concentración para buscar a quienes todavía pueden estar atrapados y atender a los heridos. La mejor solidaridad, en este momento, también es dejar trabajar a quienes están preparados para salvar vidas.
También quiero insistir en una preocupación que tenemos desde los municipios: el Chocó. Allí encontramos varios de los territorios afectados y necesitamos conocer con mayor precisión la gravedad y la magnitud de los daños. La dificultad para establecer una comunicación efectiva con algunas zonas nos preocupa profundamente. El silencio de una comunidad incomunicada no puede interpretarse como ausencia de necesidades. Al contrario: puede ser una señal de que tenemos que llegar más rápido.
Como presidente de Fedemunicipios, hago un llamado al Gobierno Nacional para que acompañe a los alcaldes con recursos, herramientas y capacidad de respuesta. Los mandatarios locales estamos en el territorio, viendo las necesidades de frente, pero necesitamos que el Estado entero esté presente.
Y como colombiano, quiero pedir algo más: que esta tragedia no nos sea indiferente.
Hoy hay personas que están ayudando sin preguntarse de dónde son quienes reciben su ayuda. Esa es la Colombia que necesitamos. La que abraza, la que comparte, la que no pregunta qué recibirá a cambio.
A quienes ya están ayudando, gracias. A quienes todavía pueden hacerlo, los invito a dar un paso adelante. Y al empresariado colombiano, le pido que saque lo mejor de sí mismo.
Porque una tragedia puede mostrarnos lo más doloroso de nuestra realidad, pero también puede recordarnos algo profundamente humano: que cuando un colombiano sufre, los demás no podemos simplemente seguir de largo.
La iniciativa busca movilizar aportes de clientes, empleados y ciudadanos para atender las necesidades de las comunidades afectadas
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