MI SELECCIÓN DE NOTICIAS
Noticias personalizadas, de acuerdo a sus temas de interés
Parag Khanna, fundador y director de AlphaGeo
El consultor Parag Khanna insistió en que el país debería dejar de preguntarse “¿a qué bloque deberíamos unirnos?” y entender que “tiene más influencia de la que cree”
Síganos y léanos en Google Discover
Parag Khanna es uno de los pensadores más influyentes en geopolítica y estrategia global. Es fundador y director ejecutivo de AlphaGeo, plataforma de analítica geoespacial impulsada por inteligencia artificial, y socio fundador de FutureMap, firma de asesoría que combina análisis de datos y planeación de escenarios para gobiernos y empresas. Autor de siete libros bestsellers traducidos a más de 20 idiomas, entre ellos Connectography y The Future is Asian.
Khanna, quien tiene su conferencia en el Congreso Empresarial Colombiano, es el creador de conceptos como “mercado geopolítico” y “multialineamiento”, con los que describe un mundo que ya no gira en torno a un único poder dominante ni a una nueva Guerra Fría bipolar, sino a una competencia simultánea entre potencias por relaciones, recursos e influencia.
El estratega analiza qué significa ese nuevo tablero para Colombia: desde el potencial subestimado del país en tierras raras y seguridad alimentaria, hasta los riesgos y oportunidades que enfrenta en materia de inversión, migración, tecnología y cambio climático.
El mayor potencial geopolítico en los próximos cinco años reside en la intersección de los minerales críticos, la energía verde y la seguridad alimentaria, áreas en las que Latinoamérica destaca. Colombia, en particular, posee un potencial subestimado en yacimientos de tierras raras, mercados de carbono vinculados a la biodiversidad y su papel como centro de seguridad alimentaria en un mundo que enfrenta crecientes dificultades agrícolas. La región está infravalorada desde una perspectiva geopolítica.
El multialineamiento no es privilegio exclusivo de las grandes potencias. De hecho, es la estrategia natural de las potencias medianas bien posicionadas. Colombia tiene más influencia de la que cree: limita con el Pacífico y el Atlántico, se ubica en el extremo norte de Suramérica y mantiene relaciones con Washington, Bruselas, Pekín y su propio entorno, simultáneamente. La clave no reside en tomar partido, sino en gestionar de forma deliberada el momento y las condiciones de cada relación.

El panorama político es más complejo que nunca: China, Estados Unidos, la Unión Europea, India y las potencias regionales compiten simultáneamente por relaciones, recursos y relevancia. Colombia debería dejar de preguntarse “¿a qué bloque deberíamos unirnos?” y empezar a preguntarse “¿qué tenemos que todos necesitan y cómo podemos aprovecharlo sabiamente?”. La influencia no reside en el tamaño, sino en la indispensabilidad.
La riqueza en materias primas de América Latina ya no es una maldición que deba gestionarse, sino un activo estratégico que debe negociarse. La cuestión es si Colombia y sus vecinos extraerán el máximo valor mediante el procesamiento, las empresas conjuntas y la transferencia de tecnología, o si simplemente extraerán y exportarán como antes. Los países que desarrollen capacidad nacional de refinación y manufactura en torno a sus recursos se integrarán a las cadenas de suministro como socios. Quienes no lo hagan seguirán siendo subcontratistas.

Fortalezca su red de conexiones: física, digital y diplomáticamente. La principal limitación estratégica de Colombia radica en su escasa conexión con las cadenas de valor globales, más allá de lo que justifican su geografía, recursos y talento. Cerrar esta brecha —mediante la expansión portuaria, la infraestructura digital y una diplomacia comercial y de inversión ambiciosa que trascienda Washington— generaría un mayor retorno económico y geopolítico en los próximos tres años que cualquier otra política. La geografía le otorga a Colombia enormes ventajas, y la conectividad es la clave para aprovecharlas y convertirse en una potencia más próspera e influyente.
La deslocalización cercana es una realidad, pero su distribución es desigual. Los beneficios se concentran principalmente en México, Panamá y Costa Rica, países que contaban con la infraestructura, la logística y los marcos institucionales necesarios para aprovecharlos. Para el resto de Latinoamérica, la deslocalización cercana seguirá siendo una promesa hasta que los gobiernos realicen las importantes inversiones en puertos, fiabilidad energética y previsibilidad regulatoria que requieren las ubicaciones de manufactura verdaderamente competitivas. Colombia tiene la geografía adecuada, pero debe invertir en mejoras sustanciales de infraestructura.
Diversifique entre divisas, no solo entre activos. La vulnerabilidad del peso a la política monetaria estadounidense es un riesgo estructural que ninguna cartera nacional puede cubrir por completo. Invierta en los sectores donde Latinoamérica es un ganador estructural -agricultura, energías renovables, infraestructura logística- en lugar de buscar rentabilidad en clases de activos donde la región se encuentra permanentemente en desventaja. Considere su cartera como una cobertura geopolítica, no solo financiera.
Colombia cuenta con ventajas innegables en esta competencia: una población joven, universidades en constante mejora, una economía digital en auge y ciudades como Medellín que se han reinventado con éxito como centros creativos e innovadores. El riesgo reside en que la diáspora siga extrayendo talento a un ritmo mayor del que las oportunidades nacionales pueden absorberlo. La prioridad política debería ser convertir a Colombia en el destino predilecto para el talento latinoamericano, y no solo en un exportador a Miami y Madrid.
La tensión es real, pero no irresoluble. La evidencia global demuestra que la competencia tecnocrática y la legitimidad democrática no son opuestas, sino complementarias cuando se alinean adecuadamente. Singapur, Chile en sus mejores momentos y Uruguay demuestran que las instituciones bien diseñadas pueden lograr resultados tecnocráticos manteniendo la rendición de cuentas democrática. La crisis de América Latina no radica en un exceso de tecnocracia, sino en la percepción de que la tecnocracia sirve a las élites en lugar de a la ciudadanía, lo cual constituye un problema de distribución y comunicación, además de un problema de gobernanza.
La aerolínea anunció que los pasajeros podrán acceder, sin costo adicional y sujeto a disponibilidad, a alternativas como reprogramación de vuelos
Por ahora, la plataforma no cuenta con un balance consolidado sobre posibles afectaciones directas en sus instalaciones, repartidores o aliados comerciales
Algunas zonas de Pereira permanecen desconectadas como medida de seguridad tras las afectaciones causadas por el terremoto