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EMPRESAS Estamos frente a una era de oportunidades
jueves, 14 de marzo de 2013
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Primero que todo quiero agradecer, de una manera muy especial, al diario La República, a sus directivos, a sus periodistas y empleados, así como a los empresarios del país que participaron en esta designación como Empresario del Año.

Igualmente, lo saludo señor Presidente Juan Manuel Santos, y le agradezco, a Usted y a su equipo de gobierno, la presencia en este acto. Su visita a Antioquia y a Medellín nos honra y es generosa con el departamento, con la ciudad, conmigo y con este auditorio que nos acompaña.

Este no es el reconocimiento a una persona, si a una organización. Lo entendemos como un sentido homenaje a los fundadores; a un pasado y a una historia. Es un reconocimiento a esos hombres y mujeres que hicieron realidad a Bancolombia, y a quienes con su trabajo e iniciativas, trazaron proyectos que sólo ellos avizoraron en el horizonte. Sus nombres están inscritos en nuestra memoria.

Fueron ellos, junto a sus colaboradores, quienes hicieron posible que en 1875, el entonces Banco de Colombia y en 1945, el Banco Industrial Colombiano, abrieran sus puertas para atender las necesidades de los servicios financieros que demandaba la economía del país; cimiento de lo que es hoy el Grupo Bancolombia. Esas puertas no se han cerrado y por el contrario hemos abierto muchas más y seguiremos en este trascendental propósito.

Es el homenaje a la orientación y visión de nuestras Juntas Directivas, a la labor de los Presidentes que me antecedieron, a sus equipos de trabajo y a todos los empleados que los acompañaron y que seguramente muchos ahora me acompañan en este propósito común de hacer una Banca más Humana. Es el reconocimiento para nuestros clientes, nuestros proveedores, nuestras autoridades y la sociedad en general, y a casi 140 años de historia, donde no sólo se ha puesto énfasis en los resultados económicos, sino también en el impacto social que nuestras decisiones y nuestra labor generan.

Este reconocimiento es para más de 33.000 personas que trabajamos en Bancolombia, para todas esas personas que cada mañana nos levantamos con la ilusión de ponerle el alma a todo lo que hacemos.

La gratitud es hermosa, expresarla, lo es más. Doy gracias a Dios, a mis padres, a mi familia, a mis amigos, a mis compañeros de trabajo de hoy y de ayer, que me enseñaron a ser perseverante y disciplinado, y a los jesuitas, mis maestros, que me guiaron por el camino de pensar permanentemente en los demás, en el otro, en su dignidad.

Me honran con esta distinción, la recibo con orgullo, pero con la humildad inherente a mi condición de ser una persona que ha optado, desde el mundo de las empresas, a aportar ideas sociales para que las compañías comprendan que hay un ejercicio más allá del mero ejercicio económico.

Sabemos que las personas somos efímeras, accidentes en la historia y que lo que permanece es lo que hayamos hecho por humanizar el mundo y darle un sentido verdadero a las instituciones que nos acogen. Este galardón se constituye también en una gran responsabilidad que se traduce en un compromiso indeclinable con el presente y el futuro de Antioquia y de Colombia.

Tengo la firme convicción de que los líderes debemos convertir cada búsqueda y cada decisión en una visión positiva de la realidad cotidiana, porque el líder no soy yo, sino lo que hacemos. Como empresarios estamos llamados a trasmitir y a alentar una visión de integridad y ética en cada una de nuestras acciones para fortalecer la solidez y la confianza en nuestras compañías, pilares en los que se fundamenta el futuro y el destino de nuestras empresas; porque además de eficientes y rentables económicamente, nuestras empresas deben generar equidad social, justicia social, inclusión social.

Nuestra aspiración, en Bancolombia, es que seamos una empresa en crecimiento, rentable, eficiente y sostenible, basada en las personas.

Desde mi designación como Presidente del Grupo Bancolombia en 2010, sabía que en cada acción que realizáramos, deberíamos dejar una huella positiva en cada una de las personas con las cuales nos relacionáramos, bien fuera empleado, cliente, autoridad o cualquier otro integrante de nuestra sociedad. Ese relacionamiento debería contener como diferenciadores: la cercanía, la calidez, el respeto y la inclusión. Estos son los atributos que hemos escogido para relacionarnos, no solo dentro de nuestra empresa sino con los demás y en todas y cada una de nuestras actuaciones.

Había que soñar y pensar diferente, y para eso planteamos lo que hemos denominado la Humanización de la Banca. No con la pretensión de apropiarnos del concepto, sino de difundirlo, de hacerlo posible en todas las relaciones, en todas las empresas, pues al fin y al cabo, lo primero que debe pasar entre seres humanos es ser humanos.

Estoy convencido, que nuestra presencia en estas organizaciones, y aún más, el sentido de nuestra vida en la sociedad, deben estar inspirados en entender que “no estamos aquí para recibir sino para dar y que no estamos aquí para que nos sirvan sino para servir”.

Seguimos apegados al propósito de alcanzar una Banca más Humana, a tener una actitud de servicio permanente, donde el respeto entre nosotros y hacia los demás sea la clave y lo estamos logrando. No ha sido fácil, pero ha sido muy satisfactorio. Nuestra tarea es hacerla realidad todos los días. Y apenas estamos empezando, porque como lo decía Lao Tse: “un viaje de mil millas comienza con el primer paso”.

Sabemos que es un proceso, que hay un largo camino por recorrer, que es una senda de coherencia entre lo que pensamos, decimos y hacemos. Soy un convencido que la rentabilidad no es sólo cuantitativa sino también cualitativa. Las utilidades no son una cifra, son el resultado de algo bien hecho. Nuestro objetivo no es únicamente generar utilidades, es, ante todo, generar y crear valor, porque los valores siguen siendo los principios fundamentales en la conformación de la identidad o la personalidad de un individuo o de una empresa, para el rescate de nuestro patrimonio moral, el único que tiene sentido desear, perseguir y alcanzar. Por eso, no nos cabe la menor duda, que integridad y alto desempeño son compatibles.

Tenemos que ser capaces de llevar nuestros valores al trabajo, que cada acción nuestra logre transformar el entorno.

Precisamente por reconocernos como agentes de cambio, es que tenemos un desafío superior. Somos actores que generamos profundas transformaciones, pero no cualquier clase de transformación, tiene que ser una transformación trascendente de cada uno de nosotros, de nuestras empresas y de la sociedad.

No solo somos actores económicos sino dinamizadores de las sociedades donde estamos inmersos y a las cuales nos debemos. Por eso la tendencia hoy en día está encaminada a alinear e integrar iniciativas públicas y sociales con la actividad empresarial, ya que precisamente entendernos como actores de la sociedad, de lo social, nos impulsa al fortalecimiento, la solidez y la perdurabilidad de las empresas.

Y es precisamente por esta razón, que no puedo dejar de aprovechar esta oportunidad y referirme ante este distinguido auditorio, a la paz, a nuestra anhelada paz.

Quisiera unirme a las voces de quienes pregonan la negociación del ya largo conflicto armado en Colombia, todos sabemos que vale mucho más hacer la guerra que alcanzar la paz. Si no tenemos una agenda y un propósito común para parar la guerra, se continuará ahondando en la deshumanización de nuestro país. Para detener el conflicto es necesario un proceso de reconciliación, hay que sanar las heridas, pero para lograrlo primero hay que tener paz interior para ser capaces de alcanzar la paz exterior.

¿Acaso la búsqueda de la paz no debe hacer parte de una agenda individual y común?, ¿Acaso no hay algo que genere mayor desarrollo y nos haga más competitivos que lograr la paz?. En la democracia colombiana si algo nos hace falta es mayor compromiso con las ideas, las iniciativas y el acompañamiento a las políticas públicas. No dejemos que nos impongan la guerra, propongamos nosotros la paz. Hay que tener voluntad, juntar voluntades, actuar con decisión de cara a la construcción de una paz duradera y estable.

La paz es el bien más preciado de una sociedad, representa la salud de toda una nación. Que bueno sería que en lo más profundo de nuestro ser, nos preguntáramos y nos respondiéramos con sinceridad: ¿Qué he hecho, que estoy haciendo yo por la paz?. No esperemos que termine el conflicto para empezar a construir el país que todos nos soñamos, empecemos desde ya, hagamos parte de la solución.

Pero esa solución no será posible, sino está unida, íntimamente ligada, a algo que le da fuerza y vigor a nuestro sueño, y eso no es nada distinto al valor de la confianza.

La confianza es la base de toda relación, no podemos avanzar y crecer sin confianza. Qué nos hace falta para confiar?, porque desconfiamos de todo lo que hacen los demás?, Arturo Graf, ya lo decía: “desconfiar instintivamente de todo y de todos, no es acaso un signo patente de debilidad”?. Por qué no aceptamos las diferencias, por qué pretendemos solucionar nuestros problemas a gritos, descalificando, insultando, exigiendo, demandando? Por qué no confiamos en lo que tenemos y hacemos?, en el talento de las personas y en la capacidad de nuestros líderes y autoridades?. No dejemos que una crisis de confianza y de credibilidad den al traste con nuestras ilusiones. Si cambiamos el lenguaje, cambiaremos la realidad. Mejor luchemos para que exista una verdadera y sincera confianza. Porque donde existe confianza, habrá armonía, habrá convivencia y habrá aliento para obtener nuestras metas comunes.

Sabemos que tenemos profundas y estructurales dificultades en nuestro país, pero también es cierto que hacemos parte de esa Colombia trabajadora, entusiasta, comprometida, a la que le entregamos nuestra inteligencia, nuestra visión de futuro y nuestra vida. Son esas personas las que están, día a día, luchando por una sociedad mejor, las que personifican la pujanza y el esfuerzo de nuestro país. Todos ellos representan la confianza en Colombia y en los colombianos, en sus instituciones, en lo que deseamos y aspiramos ser como Nación.

Hoy invito con optimismo, a que seamos capaces de ver, no solo como empresarios, sino como sociedad, que estamos frente a una Era de Posibilidades, una era donde seremos capaces de realizar nuestros sueños y los sueños de los demás. Esas posibilidades no son nada diferente que desatrasarnos de un pasado que nos ha marcado por la violencia, el narcotráfico, la corrupción, la injusticia social y la desigualdad, de ser capaces de rescatar el concepto de lo ético para todas nuestras actuaciones en la vida, la posibilidad de ser más, para que cada día que pase nos llene de ilusiones en la búsqueda del progreso individual y colectivo, pero con un fin, servir mejor.

Nuestras decisiones, como lo decía el ex - jesuita, que fue banquero del J.P. Morgan, Chris Lowney: “son el único puente entre el sitio en el que nos hallamos ahora y el puerto al cual queremos llegar. Lo que escojamos hacer, es el único camino entre la civilización que hemos heredado y la civilización que aspiramos crear. Escojamos sabiamente.” bilidades; soñemos con entusiasmo por una Colombia económicamente próspera, ambientalmente saludable y socialmente incluyente. Y en paz. Muchas gracias.

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