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Una nueva era fiscal

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Los retos fiscales que enfrentará el Gobierno Nacional el año que viene, y los que siguen, no son menores. 2016 es el primer año en el que el Gobierno enfrentará el impacto completo de los menores precios del petróleo. Los ingresos fiscales asociados al petróleo  se estima alcancen tan sólo 0,3% del PIB, después de haber alcanzado un pico de 3,3% del PIB en 2013, antes de que iniciara el descenso del precio.  Por esta razón, se proyecta el déficit fiscal en 3,6% del PIB, 1,4% del PIB por encima de lo que inicialmente indicaba la regla fiscal, lo que contribuye al elevado déficit en cuenta corriente. 

El Gobierno ha optado por un ajuste gradual a la nueva realidad petrolera, cosa que le ha permitido mantener el ritmo de gasto en un contexto de desaceleración económica. Sin embargo, esto tiene nerviosos a los inversionistas internacionales, que consideran que la regla fiscal ha resultado ser  algo flexible, lo que genera incertidumbre sobre cómo se va a realizar el ajuste necesario.

El presupuesto para 2016 es un ejemplo de esto. El Gobierno había propuesto un recorte de 12% del gasto, pero el Congreso lo redujo a tan sólo 3,5%, a pesar de la caída en los ingresos. En el papel, el déficit suma 3,7% del PIB, debido a estas modificaciones. Sin embargo, el Ministerio de Hacienda está comprometido con que el déficit fiscal no supere 3,6% del PIB, por lo que un 1% del presupuesto es en teoría recortable y se apartó una suma de $1 billón como garantía de que se cumplirá con la regla fiscal, en caso de que los ingresos tributarios sean inferiores a lo proyectado. 

La tarea de Hacienda para cumplir con la meta de déficit no es fácil. El presupuesto tiene varias vulnerabilidades que, en caso de que se materialicen las contingencias negativas, podrían llevar – en el papel – a un déficit fiscal superior. Por ejemplo, se supone un precio de petróleo (Brent) para 2015 de US$60 (con base en lo cual se estima el impuesto de renta del sector), cuando el promedio para lo que va del año asciende a US$54. Se supone un nivel de inflación de 4% para este año y 3% para el siguiente; una inflación más elevada redundará en mayor presión de gasto. Así mismo se estimó el crecimiento del PIB para 2015 en 3,6%, y puede ser en la practica cercano a 3%. Adicionalmente, se incluyeron ingresos por gestión de la Dian por 0,5% del PIB, lo cual supone un reto mayúsculo para esta entidad. 

Cumplir con la regla fiscal es clave para mantener la credibilidad que se ha ganado frente a los mercados internacionales. De hecho, este instrumento será fundamental después de firmado el acuerdo de paz para garantizar que el periodo de posconflicto no traiga consigo un desbarajuste fiscal. 

Cumplir con la regla en 2016 y en los años venideros es una tarea difícil. Va a ser necesario un ajuste del gasto; lo más probable es que durante el año que viene se den los recortes que no se dieron en la discusión del presupuesto. Así mismo, la reforma tributaria estructural propuesta por Hacienda es indispensable para sustituir la renta petrolera, así como otros impuestos que están por vencer, y retomar el sendero planteado originalmente en la regla fiscal. Esto supone un recorte del déficit de 0,5% del PIB tan pronto como 2017. 

El tema fiscal dominará la discusión económica en Colombia al menos por los próximos dos años. La economía colombiana ha tenido que enfrentar un choque inusualmente grande, y ahora los ojos de los inversionistas y calificadoras de riesgo están puestos sobre el país a la espera de medidas para enfrentarlo.

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