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Qué tan difícil será 2016

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El año que comienza puede marcar el inicio de la transformación del país hacia la paz, lo cual sin duda es un gran logro. En contraste, 2016 parece ser un año particularmente difícil desde el punto de vista económico. 

La economía continúa en un doloroso proceso de ajuste ante un choque sin precedentes en los términos de intercambio. El efecto de la caída del precio del petróleo se ha visto magnificado en Colombia por un déficit en cuenta corriente muy elevado, que superó 6% del PIB el año pasado, y este año probablemente rondará alrededor de 5% del PIB. 

La reducción de este déficit -reflejo de un gasto nacional por encima de los ingresos- debe darse justamente a través de menor demanda, pública y privada. Esto a su vez implica un menor crecimiento económico. No quiere decir que mayor demanda pública resulte en mayor crecimiento. Hay menores ingresos, y se debe gastar menos, punto. 

El Gobierno reconoció que no se materializarán los ingresos proyectados y deberá ajustar su gasto en 0,4% del PIB. Esto para cumplir con una meta de déficit fiscal de 3,6% del PIB, consistente con la regla fiscal. Si bien este ajuste es bienvenido, resuelve tan solo parte del problema. El Gobierno deberá también buscar reemplazar de manera sostenible la renta petrolera. Esto, sumado a la necesidad de sustituir tributos transitorios como la sobre-tasa del Cree, el 4×1.000 y el impuesto a la riqueza, hace indispensable una reforma tributaria el año que empieza. 

Un eventual acuerdo de paz traerá consigo demandas de gasto adicionales. Si bien no hay estimaciones precisas de lo que pueda “costar” la paz, el Gobierno deberá buscar fuentes frescas para cubrir estos gastos a la vez que reduce el déficit fiscal. Recuérdese que se debe retomar el sendero de déficit previsto en la regla fiscal, que apunta a 1,9% del PIB en 2019. En suma, el Gobierno deberá buscar recursos adicionales de por al menos 1,5% del PIB al año a través de la reforma tributaria que presentará en marzo.

La economía está lejos de haber superado el choque petrolero. Es posible que haya crecido cerca de 3% en 2015, y en el mejor escenario, crecerá a una tasa similar en 2016. De hecho el gobierno ajustó su expectativa de crecimiento para este nuevo año de 3,8% a 3,2%. 

El estímulo fiscal este año será menor que en el pasado y tanto la demanda como la inversión privada se moderarán ante la sustancial depreciación del peso y las mayores tasas de interés. El inicio de las obras de infraestructura de transporte, 4G, probablemente tendrán un rol importante para jalonar la inversión privada. A pesar de esto, sectores que han sido importantes en los últimos años, como la construcción y el comercio, crecerán bastante menos. Las exportaciones probablemente seguirán golpeadas, a pesar del debilitamiento del peso, en la medida en que el sector petrolero permanece afectado y la industria se tarda en responder. 

A pesar de la relativa debilidad de la economía, la inflación permanecerá elevada. Por lo tanto el Banco de la República se verá en la tarea de seguir subiendo sus tasas, por lo menos hasta el nivel considerado “neutral,” con el fin de anclar las expectativas de inflación. Esto deberá contribuir a la moderación de la demanda, y a reducir el preocupante déficit en cuenta corriente. Así las cosas, no parece fácil la tarea en política económica el año que comienza, para restablecer el equilibrio macroeconómico.
 

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