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Arriba el metro, abajo el carro

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La semana pasada se anunció que el primer tramo del metro de Bogotá comenzará a ser construido en 2018, y se aspira a completarlo en 2022. Esta es una buena noticia. Se mencionó que, con el fin de reducir costos, éste será elevado. Este detalle, por supuesto, despertó la ira de quienes consideran que el metro elevado es una enorme equivocación porque contamina y desvaloriza las propiedades aledañas. Ciudades como Vancouver y Chicago cuentan con metros elevados, y desde hace más de 100 años hay tramos elevados en los metros de Londres, Nueva York y Boston. Esto no es ni mucho menos una idea nueva y resuelve un problema de fondo.

La realidad es que Bogotá necesita desesperadamente un metro. El tráfico es uno de los principales problemas de la ciudad. Los bogotanos deben pasar horas en buses y vehículos para poder llegar a su sitio de trabajo. Esto no sólo deteriora la calidad de vida de los ciudadanos (Bogotá ya ocupa el lugar 130 entre 230 ciudades del mundo de acuerdo con la encuesta de Calidad de Vida de Mercer), sino que reduce la productividad de la ciudad. 

De acuerdo con la encuesta de movilidad de Bogotá, las personas de menores ingresos tardan en promedio 80 minutos por trayecto. El transporte público es el principal modo de transporte utilizado en la ciudad y más de 40% de los recorridos se hacen en buses y colectivos.  

No hay distingo de clase, pues los niños de las familias acomodadas esperan desde antes de las 6 de la mañana a que los buses escolares los recojan, para poder evitar el tráfico, y aun así se demoran cerca de una hora en llegar al colegio. En la tarde es un verdadero calvario.

No hay duda de que Bogotá necesita un metro. Si, dada la difícil situación fiscal del país, y la debilidad del peso, resulta más eficiente desde el punto de vista económico hacer al menos algunos tramos elevados, que se hagan elevados. Pero la ciudad no puede permanecer estancada en el debate de la última década en torno a las características de un metro que nunca llega. 

Ahora bien, el metro es sólo parte de la solución al problema de tráfico en Bogotá. El éxito depende de sacar más carros de las calles. El sistema de transporte público debe convertirse en una alternativa viable al uso de vehículos privados. Esto implica que son necesarias políticas adicionales. Medidas como el pico placa, eficaces en otros lugares del mundo, tuvieron un éxito limitado y resultaron en que los hogares con los ingresos necesarios compraran más carros, multiplicando los vehículos en circulación. El periodo de apreciación del peso contribuyó a reducir el precio de carros importados, y las calles se inundaron de vehículos. 

Una alternativa podría ser aprovechar el bajísimo precio de petróleo para desmontar permanentemente los subsidios al combustible. El efecto puede no ser importante en el corto plazo, pero deberá reducir el consumo una vez el precio del petróleo se recupere. 

Una política de cargos por congestión, en la que se cobre por conducir en ciertas zonas a ciertas horas, también podría ser efectiva para desestimular el uso del carro. Sería aconsejable para el oriente de la ciudad. 

Así mismo, se debe regular el parqueo, cobrando tarifas más altas e impidiendo que los carros parqueen libremente en las calles sin pagar. Todo esto debe contribuir desincentivar el uso del carro. Naturalmente esto se debe complementar con un sistema de transporte público eficiente, rápido y seguro que represente una buena alternativa. La construcción del metro es un primer paso.
 

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