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Estaba intentando meditar. Y aunque creía que mi cuerpo estaba dispuesto y mi mente concentrada, se me empezó a dormir la pierna derecha. Me moví para acomodarme. Volví a entrar en mi camino meditativo. Y después de unos minutos mi pierna comenzó a hablarme otra vez. En esta ocasión decidí seguir a pesar de la sensación, y me di cuenta de que sentía el hormigueo solo cuando movía mi cuerpo.
¿Por qué nos es tan incómodo estar presentes? Y, ojo, en este ejemplo sería muy fácil echarle la culpa al cuerpo. Pero, ¿de verdad era la pierna o mi mente encontró la excusa perfecta para salirse del estado meditativo? ¿Cuántas veces el cuerpo se convierte en el argumento que usa la mente para abandonar el presente? Para continuar con la historia, decidí seguir intentando concentrarme a pesar de lo que sentía físicamente porque sabía que el hormigueo iba a seguir, pero en algún momento se detendría.
Una de las definiciones de yoga que más me gustan es “la práctica que elimina las fluctuaciones de la mente”. Y eso se siente cuando se va al tapete. El yoga no crea la incomodidad, ayuda a revelarla. La ansiedad ya estaba, la dispersión ya existía, la impaciencia ya se evidenciaba. Lo único que hace la práctica es quitar el ruido que las encubría. Y claro que es incómodo ver las cosas tal y como son. Es como cuando apaga la música de un carro y descubre un ruido del motor que llevaba semanas allí. Seguramente le molestará o le preocupará que ese ruido exista, pero al menos ahora es capaz de escucharlo.
Sin embargo, no toda incomodidad es una señal para detenerse. A veces, como en el caso del inicio de esta columna, simplemente hay que trabajar con ella. Lo que genera un dolor permanente, un ruido constante, es lo que no debe ignorarse. La práctica de yoga consiste en aprender a distinguirlas. Y llevémoslo a la vida: hay conversaciones incómodas que debemos tener, decisiones incómodas que debemos tomar y cambios incómodos que debemos atravesar. Por eso, hay que tener cuidado con confundir incomodidad con peligro, pues eso nos puede mantener inmóviles.
Hoy la atención es uno de los activos más valiosos, pues desde empresas, hasta amigos y familia compiten por capturar cada segundo de nuestra concentración a través de redes sociales, streaming, notificaciones y publicidad. En parte por eso permanecer únicamente con nuestros pensamientos se siente extraño. Hemos perdido el hábito de incomodarnos. Y el problema es que en la incomodidad también hay lugar para la expansión.
En los Yoga Sutras de Patanjali aparece el concepto de sthira sukham asanam, cuya traducción es “la postura debe ser estable y cómoda”. Esto no significa que cuando practicamos yoga la comodidad debe ser inmediata, sino que nos invita a encontrar la estabilidad a través de una incomodidad inicial. En otras palabras, no buscamos eliminar toda sensación, sino dejar de reaccionar automáticamente a ella.
Volvamos al inicio: la verdadera pregunta nunca fue por qué se me dormía la pierna. ¿Qué era tan difícil de encontrar en el silencio que necesitaba moverme? Eso es lo que todavía intento responder. Tendré que pasar por la incomodidad de estar presente.
Muy pronto Colombia iniciará una nueva etapa con un nuevo gobierno. Ese nuevo escenario plantea un desafío para los empresarios. Ya no basta con crecer. Somos parte de la solución. La diferencia está en el impacto positivo que seamos capaces de generar en la socieda