Analistas

Vulnerabilidad sísmica

Con ocasión del desastre derivado del sismo de 7.8 grados en la escala de Richter del 16 de abril pasado en Ecuador y sus más de 1.500 réplicas, dos de ellas con 6.8 y 7.2  grados esta semana, se hace necesario analizar: ¿qué consecuencias podrían darse en nuestro país con un evento de esa naturaleza?, ¿cuál es la principal causa del riesgo de la caída de las edificaciones?, ¿nuestros edificios podrían caerse con un sismo de ese tamaño?

Comencemos por explicar que Colombia, entre otros asuntos, por ser un país que tiene tres cordilleras, dos mares y una cadena volcánica, es vulnerable sísmicamente. Los sismos no se pueden pronosticar. Todo el territorio patrio tiene medida su singularidad sísmica; la de Bogotá es de categoría media. Los colombianos hemos tenido que afrontar varios terremotos, como el de Tumaco en 1906 con una intensidad de 8.8 grados, el de Casanare en 1995 y la tragedia del Eje Cafetero en 1999 con 1.171 personas muertas y más de 5.000 heridos, entre otros.

A su turno, la gran mayoría de las edificaciones que colapsan con los desastres naturales son las construcciones informales. Los asentamientos precarios constituyen la manifestación física y espacial de la pobreza y la desigualdad de la población. Más de 50% de las edificaciones de nuestro territorio tienen origen informal, adelantadas en las llamadas urbanizaciones piratas o viviendas sin licencias, ubicadas generalmente en sitios vulnerables, incluso, en algunos casos en taludes o cercanas a quebradas y que atentan contra el medio ambiente.

La construcción informal en Ecuador es de 70%, la de América Latina en promedio se acerca a 60%, mientras que en Colombia es del orden de 50%. Bogotá coincide con la media nacional, pero hay ciudades que la superan como Cúcuta y las de la costa caribe. También hay otras que tienen mayor control urbano, mayor oferta de vivienda formal y mejor ingreso per cápita como Bucaramanga, donde la vivienda de origen informal no supera la tercera parte de las edificaciones existentes.

Desde hace más de tres décadas, Colombia tiene reglamentación de construcción sismo resistente acercándose cada vez más al cumplimiento de exigencias del primer mundo en diseño y construcción, incluyendo normas para evacuación de edificios en momentos de desastres naturales. A partir de la expedición del Decreto 1400 de 1984, primer código de construcción sismo resistente, entramos en la era de las edificaciones preparadas para soportar sismos. Con la expedición de la ley 400 de 1997 y sus actualizaciones NSR-98 y NSR-10 actualmente vigente, estamos a la vanguardia. Colombia es menos vulnerable cada día.

Hoy encontramos edificios con más de 30 años, construidos bajo la norma sismo resistente de su momento, los que no deberían sucumbir ante terremotos de magnitudes similares a los de Ecuador. Sin embargo, el problema continúa siendo el 50% de las construcciones, las que han sido adelantadas de forma ilegal y sin el cumplimiento de las normas pertinentes. La suerte de estas últimas sería otra.

Lo anterior, refuerza que la informalidad es fuente de desastres sociales, físicos y económicos. De otra parte, en relación a las edificaciones contemporáneas, no importa la altura de los edificios, si la construcción se ejecutó de manera formal después de 1984, la probabilidad de destrucción por un sismo como los de Ecuador o históricos colombianos, es relativamente baja. Las construcciones de la era de la NSR son estables.