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La India, país de contrastes

Geográficamente, con 1.200 millones de habitantes, la India ocupa lo que se puede considerar como un subcontinente. Va desde Asia central al borde sur del continente, bañada por los mares de Bengala y Arábigo y por el océano Índico; al norte está Pakistán con 300 millones de habitantes, vecino de mayoría musulmán, que hasta mediados del siglo pasado hizo parte de esta nación.

Es el segundo país más poblado del mundo, después de la China. La mayoría de su población es rural, no obstante contar con grandes aglomeraciones urbanas, como las ciudades región de Delhi su capital y el puerto de Bombay (Mumbai), cada una con más de 22 millones de habitantes. Es el séptimo país en tamaño de territorio; su densidad supera los 400 habitantes por kilómetro cuadrado y no tiene control de natalidad efectivo, lo que probablemente en una década lo hará el país de más habitantes de la tierra. Últimamente su economía ha tenido crecimiento sostenido, con avances en exportaciones y una gran alianza comercial con Estados Unidos. Hace parte del llamado grupo de países BRICS, con Brasil, Rusia, China y Sudáfrica.

Cohabitan de manera pacífica las religiones Hinduista, con más de 75% de la población, el Islam que tiene conquistado a cerca de 20% de los indios y otras religiones, incluidas el Cristianismo, el Catolicismo y el Budismo con gran influencia espiritual en Asia. La época de oro del pasado fue con el imperio Mogol, de los siglos XVI al XVII, de la que quedan maravillosos fuertes, castillos, templos, mausoleos, mezquitas y vestigios arqueológicos singulares. Uno de los principales renglones de su economía es el turismo, que hoy tiene a la India como uno de los destinos más atractivos del mundo.

El denominado Triángulo de Oro, conformado por Delhi, Agra y Jaipur, es una muestra del desarrollo y la historia mogol, combinado con el caos urbano derivado de la superpoblación, la pobreza escalofriante, pero con avances en infraestructura y un nivel místico especialmente atractivo. Delhi, construida y saqueada varias veces, es muestra de épocas de Sultanes e invasión musulmana por más de siete siglos. Está dividida en la antigua y la Nueva Delhi, esta última con influencia inglesa ya que la India fue colonia hasta el 15 de agosto 1.947, fecha de su independencia.

Agra está a solo 200 km de Delhi, con fuertes de la época mogol y mausoleos de espectacular arquitectura, simetría y belleza, tanto que El Taj Mahal es una de las siete maravillas del mundo moderno, construido a mediados del siglo XVI. Jaipur capital del estado de Rajastán, es una de las ciudades más vibrantes de la India, llena de fuertes como el famoso de Amber. La nueva India, inspirada por la no violencia de Gandhi y el renacer económico, se refleja también en la enigmática Bombai, ubicada a orillas del rio Ganges, sagrado para los indios, donde conviven la opulencia con la pobreza extrema.

Están de moda los llamados gurús indios, el milenario yoga y la vida de pureza espiritual que llama esta cultura. Contrasta que los indios son limpios e impecables mientras las calles y el espacio público son extremadamente sucios, de lo que podría concluirse para el caso colombiano, en La Guajira y el Chocó, que la pobreza está ligada a esta concepción de suciedad; pero lo que sucede es que cada civilización tiene su propio entendimiento de la vida, en su idiosincrasia. La India es un país místico, de grandes contrastes, edificado sobre una singular cultura milenaria que se ha conservado desde sus orígenes.