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Comentarios al metro de Bogotá

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En esta ocasión, deseo compartir algunos correos recibidos y comentarios a mis dos últimas columnas publicadas en este diario que corresponden a  importantes aportes que complementan lo expresado y en particular la discusión del problema de movilidad de Bogotá, el que ha conducido a fuerte deterioro tanto en competitividad como en calidad de vida de nuestra capital. 

Comienzo compartiendo un comentario recibido con ocasión de la columna ‘Inseguridad jurídica en la actividad empresarial’, realizado por el intelectual Jorge Guzmán Moreno, en el que dice que cuando un funcionario público anuncia un programa a sabiendas que no lo puede ejecutar genera igualmente y de manera grave inseguridad jurídica y deteriora la confianza en los gobernados.

Ahora bien, retomando el tema del metro de Bogotá, el destacado líder empresarial y cívico Carlos Enrique Cavelier, me expresó su complacencia por la propuesta y análisis de una línea de metro elevada. Sobre el particular el exalcalde Enrique Peñalosa en un extenso correo apoya la idea como modo de transporte complementario, planteando una ruta sobre la Caracas desde Usme en el Sur, continuando por la línea del ferrocarril al norte, siempre elevado, con rutas brazo hacia el occidente. 

Peñalosa comenta que por lo menos 20% de los ciudadanos de ingresos más altos que se movilizan en automóvil, no deberían utilizar sus vehículos, ya que al usar transporte masivo, pueden incluso obtener disminución en tiempos de viaje, que contribuye a despejar la vía. Concluye que, en materia de transporte masivo de pasajeros, la solución para Bogotá es considerar una combinación de metro elevado y TransMilenio.  Insiste que, si bien el metro subterráneo es bueno, no necesariamente corresponde a la mejor alternativa para el problema capitalino.

 La línea de metro elevada podría costar US$ 80 millones por kilómetro, lo que equivale a una tercera parte de lo que costaría el metro subterráneo; a su turno, TransMilenio cuesta US $20 millones por kilómetro. Estas cifras y la necesidad de tener diferentes modos de transporte, en correos independientes fueron expresadas  por el economista urbano Jorge Torres, lo mismo que por la ingeniera Maria Fernanda Ortiz, experta en transporte, quienes igualmente comentaron la pasada columna, entre otros lectores. 

Es evidente para los expertos, que los sistemas de transporte masivo solucionan la movilidad, pero no necesariamente alivian el tráfico. Para esto último, comparto lo expresado en otro correo, en el sentido que a Bogotá le faltan vías, hay que mejorar la malla actual y requiere un programa sostenido de mantenimiento a la red vehicular.

Conforme la columna de opinión que dio origen a estos comentarios, lo importante es tener liderazgo y gobernabilidad para ejecutar las obras integrales que requiere la ciudad – región con transporte multimodal, tal como la ampliación  de las rutas  de Transmilenio, tren elevado, primera línea del metro, tren ligero regional y metro cable. La esencia del asunto está  en jerarquizar y priorizar en términos de inversión, tiempo y población atendida. 

Mejorar la movilidad, la seguridad y la competitividad son prioridades de la Capital. Además, la falta de visión de largo plazo sobre los requerimientos de infraestructura y el deterioro de la movilidad no es problema exclusivo de Bogotá, se ha extendido a las principales ciudades colombianas, de modo que se requiere planeamiento urbano y de políticas efectivas para salir de esta pesadilla.

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