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Cuando hablan de Pipe, recuerdo a mi sobrino a quien conocemos en familia con ese apelativo, con aprecio. Actualmente, ese vocablo corresponde a la sigla del Plan de Impulso a la Productividad y el Empleo del Gobierno. Cada mandatario tiene una forma singular de realizar su gestión y de direccionar el gasto público. El Presidente Santos creó el Pipe, tendiente al fortalecimiento de varios sectores sociales y económicos del país.

Pipe I, lanzado en 2013, incluyó tanto medidas transversales como sectoriales. Las primeras estuvieron dirigidas a permear todos los sectores económicos, con medidas de tipo cambiario, tributario, arancelario, de competitividad y anti contrabando, mientras que las segundas, se centraron en sectores específicos, como infraestructura, vivienda, comercio y agricultura.

Como resultados esperados del Pipe I, el Gobierno planteó un aumento del ahorro en moneda extranjera, reducción de parafiscales, tarifas preferenciales de retención en la fuente para industria y agricultura, cero arancel para bienes de capital y materias primas no producidas en el país, eliminación de sobretasas a energía y gas para el sector industrial, renovación del parque automotor de carga, incremento en el pie de fuerza de la Policía Fiscal y Aduanera, impulso a la infraestructura vial, subsidio a la vivienda, crédito con tasa preferencial para el sector industrial, fondo de protección para las tasas de cambio y fortalecimiento fitosanitario para el sector agrícola.

Habiendo un resultado positivo en algunos de los sectores utilizados como instrumento de política pública, aún no se tiene adecuadamente cuantificado el resultado de la implementación del Pipe I; sin embargo, el Presidente Santos acaba de anunciar la segunda versión de este programa. En esta oportunidad, los recursos que se vincularán pasaron de $5 billones en el Pipe I, a $16,84 billones en el Pipe II de los cuales el Gobierno aportará $11,34 billones, comprometiendo el presupuesto nacional de los próximos años, hasta 2019.

Para el sector de la construcción, el fortalecimiento se centra en cuatro aspectos. El primero, en vivienda, corresponde a la continuidad de programas exitosos tales como el subsidio a la tasa de interés para financiar la compra de vivienda nueva no VIS, que su precio oscile entre $86,9 y $200 millones, también la del subsidio para adquirentes de vivienda de interés social en ciudades que en el Pipe I no fueron beneficiarias y el programa de vivienda gratuita rural. El segundo, en infraestructura de transporte, correspondiente principalmente a la ejecución de 55 proyectos de carreteras nacionales y regionales, para un total de $4 billones de inversión en 858 kilómetros de vías. 

El tercero, en infraestructura para educación, donde se construirán 31.000 aulas a lo largo de todo el país, con lo cual se propone aumentar la cobertura de la jornada escolar única para todos los estudiantes de instituciones públicas. El cuarto, en el sector de infraestructura hotelera, ampliando los beneficios de exención en impuesto de renta que estaba limitado para los nuevos hoteles cuya operación iniciara antes de diciembre 31 de 2017.

Si bien hay inquietudes sobre la manera de gobernar del Presidente Santos, la propuesta Pipe II trae un interesante escenario de mejora en el largo plazo del país, reduciendo la brecha de más de 20 años de atraso en la infraestructura de transporte y lo más atractivo, mejorando el sistema educativo, base de un progreso sostenible para los ciudadanos y su calidad de vida.
 

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