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Ajuste del mercado inversionista

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Si bien invertir en finca raíz, especialmente en nuestro país, ha sido una buena alternativa; ¿en la coyuntura actual, se reafirma dicha circunstancia? 

La caída del precio del petróleo, la depreciación de nuestra moneda, la tendencia bajista de la bolsa y el final de la bonanza de los commodities, hace de la inversión inmobiliaria, una buena alternativa. Para su análisis, es propio entender que la rentabilidad de la finca raíz corresponde a la suma de la valorización más el canon de arrendamiento.

El crecimiento de la construcción está garantizado por la continuidad en los programas del gobierno, habiendo tomado al sector como instrumento de política, generando recursos nunca antes vistos del presupuesto nacional para la construcción de infraestructura y de vivienda, lo que incluye otorgamiento de subsidios y programas que tienen probada su efectividad.

Se aúna a lo anterior que, aunque a menor ritmo, la economía sigue creciendo y por ende el poder adquisitivo aumenta. Además, en la presente década se crean en promedio 280.000 hogares por año que demandan vivienda, por ello el mercado inmobiliario está en alza.  

Según el Banco de la República la valorización de la vivienda usada se ha mantenido en los últimos años por encima de dos veces la inflación. Cuando se alquila, el canon para este tipo de vivienda, dependiendo del estrato socioeconómico y de la ubicación, genera ingresos en el rango entre 6% y el 10% anual, como porcentaje del valor del inmueble. Rentabilidad total, evidentemente atractiva.

  Además, hay múltiples formas de inversión inmobiliaria. Vincularse como beneficiario de área en fideicomisos de proyectos, genera valorización sobre la totalidad del inmueble, porque congela el precio, pudiéndose pagar a plazos su cuota inicial durante la construcción y el saldo contra la entrega ya sea con recursos propios o créditos hipotecarios que están asequibles en el mercado financiero.

Otras opciones, es participando de fondos inmobiliarios, en fondos de capital privado donde el subyacente es la propiedad raíz, invirtiendo en derechos fiduciarios de todo tipo de proyectos, desarrollos hoteleros, o incluso para un propietario de suelo aportarlo en un nuevo proyecto de construcción. Aquí la rentabilidad supera con creces 8% anual. 

Prueba de lo anterior, es que grupos empresariales, inversionistas profesionales y hasta algunas constructoras, han tomado la decisión de no vender sus proyectos al público, manteniendo la propiedad para arriendo. Vale destacar que invertir en ciudades donde el ingreso per cápita crece y en ciudades intermedias de gran desarrollo, con precios inmobiliarios atractivos, corresponde a un segmento interesante. A manera de ejemplo, Cali, Medellín, Bucaramanga y las principales ciudades del Caribe.  

Otra oportunidad que se presenta es para los colombianos que mantuvieron por años inversiones en dólares, ya que en la última década por cuenta de la revaluación del peso obtuvieron rentabilidades negativas. Pues hoy, con los mismos dólares de hace un año, pueden comprar 30% más de inmuebles, incluso cumplir su sueño de tener una segunda vivienda o invertir en una vivienda para el descanso o la jubilación en nuestro país. 

Queda claro entonces que, si bien los precios en estratos altos en Bogotá se encuentran inalcanzables y que las acciones de empresas como la emblemática Ecopetrol han generado pérdidas coyunturales, invertir en propiedad raíz, en diferentes segmentos y en ciudades intermedias, se encuentra a la orden del día y con alta probabilidad de éxito. 
 

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