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Ante una encrucijada amorosa por dos excelentes prospectos de novia, un orientador me dijo: “no te decidas apresuradamente, ve y mira”. Desconcertado, no comprendía como podía mantenerlas en vilo mientras tomaba la decisión. No asimilaba aquello de elegir bien con la mayor información posible y determinante para cuestiones trascendentales o para el día a día.
Traigo la historia a colación ahora que escucho reiteradamente de emprendedores, comerciantes y empresarios; que sus clientes piden cotización, merodean y retardan su pedido. “Vienen, ven, preguntan y no compran” - es la queja-. No es corriente cultivarnos en paciencia para la compra y la venta, ni para muchos actos de la vida en los que hay que tomarse el tiempo.
La venta o resulta de un proceso, casi siempre va a velocidades distintas a las esperadas. Comencemos por los rasgos connaturales en la interrelación, casi todos somos fisgones (averiguar, percibir o enterarse de algo), ojalá siempre probáramos anticipadamente como la experiencia test drive de un vehículo o la degustación de mantequilla de maní en el supermercado, no siempre es así y de allí la “preguntadera” y la observación vacilante.
Observamos formando opinión. Miramos a los lados en lugares públicos, el carro del lado, su conductor y lo que pasa allí. Los restaurantes, bares y cafés son un teatro primordial a la hora de fisgonear. Damos cuenta de la comida que traen a otro comensal y que de lejos se ve muy bien, a veces, mejor que la que habíamos ordenado. Alcanzamos a detallar la forma de pago del que está en la otra mesa y a ver el título del libro que lee. Fisgoneamos la pareja de al lado, de la que intuimos, está discutiendo. Antes de comprarla, advertimos la buena cartera o el morral de quien nos parezca exitoso o con clase. En suma, estamos mirando para anticiparnos, como auto protección y supervivencia, así que nada de vergüenza o culpas.
Hacer prospectiva, es apostar a muchas variables al tiempo: las calidades de lo por adquirir, el impacto y la temporalidad de ocurrencia. Quizás por eso destacamos al inversionista y mercadólogo que, con buen olfato, acierta en las tres variables mencionadas (calidad, provecho y oportunidad).
Insistamos pues en la situación con la que iniciamos y que describe la actitud del que va y mira sin presión, contrapuesta a la premura del que quiere mover el inventario. Interpreto bien el malestar del oferente ante el cliente indeciso, empatizo con su ansiedad por vender o permutar, no obstante, el rasgo mirón, preguntón y la lenta toma de las decisiones como características humanas de previsión, nos debe dejar identificados, reconciliados y aceptantes, con esta “manía” en casi todos, de pasar mirando o llamar preguntando antes de decir: ¡lo llevo!
Aunque la información está más a la mano que nunca, la recomendación ha de ser la misma: asómate y mira bien, como decía mi consejero sentimental para disminuir la disonancia cognitiva hasta en la pareja escogida. Paciencia a ambos, “El que pregunta, no yerra, si la pregunta no es necia”.
En lugar de reglas, es necesario rescatar la discreción en el mejor sentido keynesiano. No se puede continuar asociando la discreción a la irresponsabilidad
La meta es alcanzar 2,1 millones de créditos, lo que implica un aumento de 15% frente a 2025, es decir, cerca de 270.000 créditos adicionales para las regiones afectadas