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Analistas 15/08/2024

Sobre quien mira y no compra

Sergio Molina
PhD Filosofía UPB

Ante una encrucijada amorosa por dos excelentes prospectos de novia, un orientador me dijo: “no te decidas apresuradamente, ve y mira”. Desconcertado, no comprendía como podía mantenerlas en vilo mientras tomaba la decisión. No asimilaba aquello de elegir bien con la mayor información posible y determinante para cuestiones trascendentales o para el día a día.

Traigo la historia a colación ahora que escucho reiteradamente de emprendedores, comerciantes y empresarios; que sus clientes piden cotización, merodean y retardan su pedido. “Vienen, ven, preguntan y no compran” - es la queja-. No es corriente cultivarnos en paciencia para la compra y la venta, ni para muchos actos de la vida en los que hay que tomarse el tiempo.

La venta o resulta de un proceso, casi siempre va a velocidades distintas a las esperadas. Comencemos por los rasgos connaturales en la interrelación, casi todos somos fisgones (averiguar, percibir o enterarse de algo), ojalá siempre probáramos anticipadamente como la experiencia test drive de un vehículo o la degustación de mantequilla de maní en el supermercado, no siempre es así y de allí la “preguntadera” y la observación vacilante.

Observamos formando opinión. Miramos a los lados en lugares públicos, el carro del lado, su conductor y lo que pasa allí. Los restaurantes, bares y cafés son un teatro primordial a la hora de fisgonear. Damos cuenta de la comida que traen a otro comensal y que de lejos se ve muy bien, a veces, mejor que la que habíamos ordenado. Alcanzamos a detallar la forma de pago del que está en la otra mesa y a ver el título del libro que lee. Fisgoneamos la pareja de al lado, de la que intuimos, está discutiendo. Antes de comprarla, advertimos la buena cartera o el morral de quien nos parezca exitoso o con clase. En suma, estamos mirando para anticiparnos, como auto protección y supervivencia, así que nada de vergüenza o culpas.

Hacer prospectiva, es apostar a muchas variables al tiempo: las calidades de lo por adquirir, el impacto y la temporalidad de ocurrencia. Quizás por eso destacamos al inversionista y mercadólogo que, con buen olfato, acierta en las tres variables mencionadas (calidad, provecho y oportunidad).

Insistamos pues en la situación con la que iniciamos y que describe la actitud del que va y mira sin presión, contrapuesta a la premura del que quiere mover el inventario. Interpreto bien el malestar del oferente ante el cliente indeciso, empatizo con su ansiedad por vender o permutar, no obstante, el rasgo mirón, preguntón y la lenta toma de las decisiones como características humanas de previsión, nos debe dejar identificados, reconciliados y aceptantes, con esta “manía” en casi todos, de pasar mirando o llamar preguntando antes de decir: ¡lo llevo!

Aunque la información está más a la mano que nunca, la recomendación ha de ser la misma: asómate y mira bien, como decía mi consejero sentimental para disminuir la disonancia cognitiva hasta en la pareja escogida. Paciencia a ambos, “El que pregunta, no yerra, si la pregunta no es necia”.

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