Analistas 14/12/2020

Recuperación, infraestructura y regalías

Los ímpetus de rápida recuperación económica, de cara al inicio de 2021, se van desvaneciendo por la falta de liderazgo gubernamental. Y, a cambio de ello, empiezan a aflorar malas ideas económicas. Por ejemplo, se discute en el Congreso un proyecto de Ley tendiente a reducir la jornada laboral semanal de 48 a 40 horas bajo la peregrina idea de que al limitar las posibilidades de los ya empleados entonces se impulsará la demanda por mano de obra adicional.

Ya habíamos escuchado estos cantos de sirena del Centro Democrático en pre-pandemia. En vez de impulsar cambios estructurales, ahora han decidido insistir en ello y sin haber analizado la nefasta experiencia de Francia en este frente laboral durante las tres últimas décadas.

La evidencia indica que la adopción de la jornada semanal de 35 horas en Francia causó los siguientes daños: i) se volvió habitual que trabajadores pasaran a tener dos tipos de actividades laborales para eludir la medida y con detrimento sobre su productividad; ii) esos trabajadores han manifestado no estar más felices, a pesar del aparente beneficio de estar devengando más por hora trabajada (convirtiéndose en un mero efecto contable); iii) las grandes empresas pudieron absorber ese mayor costo laboral sin aparente detrimento en relación de costos, pero las Pyme se vieron perjudicadas en costos laborales; y iv) en evaluaciones de mediano plazo ese tipo de medida no tuvo ningún efecto distintivo en la mayor generación de empleo, ver Stevao y Sa (2006) “Are the French Happy...”, IMF-MIT WPaper.

En Colombia son muchos los empresarios ingenuos que han venido repitiendo, durante los últimos 50 años, que para impulsar la demanda agregada debe elevarse significativamente el Salario Mínimo Legal (SML). Este ha sido el error por antonomasia de la Andi, desde las épocas de Fabio Echeverry. Han venido desconociendo 100 años de evidencia empírica global que prueba que esos impulsos monetarios-laborales, sin sustento en la mayor productividad, se desvanecen en mayor inflación.

La insistencia en esos “pactos salariales” condujo a un serio problema inflacionario en los Estados Unidos durante los años 80 y quienes sembraron esa molotov-inflacionaria no fueron los movimientos de izquierda, sino la derecha de estirpe republicana del propio Nixon. ¿Alguna semejanza con nuestro paisaje político macondiano actual?

Por esta razón, el grueso de los economistas que miramos la evidencia empírica (“no simplemente el yo opino...”) hemos venido recomendándoles a todos los gobiernos, durante las dos últimas décadas, que dejen de cometer el error anual de ajustar el SML por encima de la regla-universal: ajustarlo por la inflación causada más las ganancias en productividad laboral. En 2021, al tenerse en negativo este último factor, lo prudente sería ajustar el SML en 2% o 3% para evitar generar más desempleo, el cual ha venido promediando en Colombia 15% (uno de los más altos de toda América Latina).

En materia de recuperación del PIB-real para 2021, proyectándose tan solo un 4% tras el desplome de -8% en 2020, también se requiere mayor liderazgo del sector privado a la hora de coordinarse con el sector Estatal, tarea compleja a los niveles nacionales-territoriales. Un grupo amplio de economistas ha venido clamando por impulsar de forma decidida la inversión en infraestructura vial relacionada con las vías secundarias y terciarias. El presidente Duque parece estar de acuerdo con esta prioridad, pero tan solo anunció la asignación de $1 billón a tal propósito, cuando el disponible para tal fin es del orden de $7 billones al incluirse las regalías.

Qué bueno sería que la Cámara Colombiana de Infraestructura (CCI) usara su conocido liderazgo para coordinar las veletas Estatales que dilapidan recursos sin atención al incremento de la productividad. El mayor impacto pro-competitividad se logra al conectar vías secundarias con las primarias. Fede-Municipios y Fede-Departamentos están en mora de usar a la CCI como ese gran coordinador de planes viales, aprovechando los estudios previos realizados por Invias-DNP a nivel territorial.

Ojalá no siga reinando el afán electoral territorial del segundo semestre de 2021, pues ello nos llenará de insulsos polideportivos o de contratos amañados para los partidos de su interés. Lo que Colombia requiere es implementar las recomendaciones que nos hiciera 20 años atrás el presidente de Chile Ricardo Lagos en su visita a Cartagena: cuando Chile entendió que la calidad exportadora de sus uvas, manzanas y salmón pasaba por evitar que estos productos se malograran al salir de sus zonas de producción, debido a las pésimas carreteras secundarias que allí tenían, Chile avanzó significativamente en su diversificación exportadora.

La CCI trabajó por años para lograr implementar los “contratos tipo” que evitan que las obras se entreguen amañadamente a los amigos políticos de los gobernantes territoriales, luego ha llegado la hora de usar eficientemente ese instrumento contractual en aras de impulsar la productiva. Si Colombia piensa que la productividad se incrementa por la vía “contable” de reducir la jornada laboral, no solo no aceleraremos el PIB-real, sino que continuaremos siendo una economía deficitaria en su canasta exportadora (ver gráfico adjunto).