sábado, 23 de febrero de 2019

Más columnas de este autor Sergio Clavijo - sclavijo@uniandes.edu.co

Con frecuencia, el Congreso de Colombia da muestras de bajo entendimiento sobre la forma en que operan los mercados financieros-crediticios a nivel global. Por ejemplo, durante el último quinquenio se han ventilado propuestas populistas en los frentes de: i) forzar reducciones en los costos transaccionales al establecer “topes” en sus comisiones (expediente que quiere implementar AMLO en México); ii) obligar a la prestación de servicios
bancarios adicionales o de forma gratuita; y iii) reducir forzosamente (“a sombrerazos”) la tasa de usura, desconociendo los avances en inclusión financiera provenientes de la liberalización de dicha tasa desde 2010 (ver
Informe Semanal No. 1338 de octubre de 2016).

Más recientemente, el debate ha virado hacia el rol que cumplen las Centrales de Riesgo (CR) en el sistema financiero, donde se ha propuesto debilitar la calidad de los reportes que generan dichas CR en Colombia (Datacrédito y Cifin). Al respecto, Anif ha advertido que con ello se corre el riesgo de destruir los historiales crediticios que se han construido en las CR, lo cual implica un daño inmenso para el consumidor financiero vía mayores tasas de interés y desaprobaciones de préstamos, e incluso reactivaría el mercado del gota-a-gota con tasas de interés superiores al 300%, en vez del 30% que se paga en el mercado legal.

Este populismo crediticio puede sonar bien en la coyuntura actual de  escontento político. Sin embargo, la verdad, dichas medidas arriesgan con dar al traste con los logros de inclusión financiera de los últimos años. Esto debido a que un mejor conocimiento del comportamiento crediticio de potenciales clientes evita incrementos generalizados de las tasas de interés. Esto también podría implicar mayores palos en la rueda en el canal de transmisión crediticia de la política monetaria, por cuenta de un menor dinamismo en los  mecanismos de recompra de cartera (ver Comentario Económico del
Día 4 de diciembre de 2018).

Adicionalmente, en materia de costos, cabe mencionar la trayectoria creciente que ha venido enfrentando el sistema bancario por cuenta de las abultadas inversiones tecnológicas que se han realizado en temas de banca
digital en Colombia en los últimos años, contando actualmente con favorables ofertas de servicios financieros online (ver http://www.anif.co/sites/default/files/investigaciones/libro_fintech_anif-felaban-caf.pdf).

Allí también deben considerarse los nuevos desafíos que está enfrentando, en simultánea, el sistema bancario tradicional: i) la revolución disruptiva del Fintech, lo cual conlleva una atomización del negocio financiero mediante desintermediación vía servicios ágiles prestados a través de plataformas tecnológicas y apps; y ii) la mayor carga regulatoria proveniente del acople a la nueva plantilla de Basilea III.

Este panorama luce apropiado para darle un vistazo a los costos que enfrentan los usuarios del sistema financiero, para lo cual hemos actualizado nuestro Índice de Costos Bancarios Anif (ICBA). Cabe recordar que dicho
ICBA ya ha cumplido más de una década de vida, nutriéndose de información oficial publicada por la Superintendencia Financiera (SF), ver Informe Semanal
No. 1374 de julio de 2017.

Este tipo de análisis se ha visto complementado por el Índice de Precios al Consumidor Financiero (IPCF) de la SF y el componente de servicios bancarios del IPC-Dane. Sin embargo, este último tan solo refleja los cambios en el precio final del agregado de productos al consumidor. La principal diferencia entre el IPCF de la SF y el ICBA (de Anif) radica en: i) las diferentes metodologías de ponderación de costos; y ii) el ICBA incluye no solo los costos, sino también los beneficios que obtienen los cuentahabientes al utilizar los servicios financieros. En este sentido, el ICBA va más allá de un simple índice de costos financieros (pues lo que refleja es un neto entre beneficios y costos).

Principales mensajes del ICBA-2018
Al cierre de 2018, el índice de servicios financieros reportado en el IPC del Dane mostró una desaceleración hacia tasas del 4.5% anual (vs. 5.8% un año atrás). Por su parte, el IPCF de la SF registraba expansiones del +12.9% anual a junio de 2018 (última información disponible), acelerándose frente al -17.1% registrado en junio de 2017. Esta diferencia se explica, en parte, por
las metodologías de cómputo, donde la SF se ha encargado de diseminar con mayor detalle la información de una canasta más amplia de servicios financieros que la del Dane.

Como veremos, nuestro ICBA mostró una tendencia similar a la del IPCF de la SF, particularmente en lo referente a las cuentas de ahorro y transacciones por internet (pagos a terceros y transferencias a otras entidades). Sin embargo, aquí cabe anotar que ello se explica principalmente por el incremento de costos reportado por una minoría de bancos (12% del total),
pues la mayoría dejó de cobrar por dichos servicios en los últimos años. Esto ha generado ruido estadístico en las series utilizadas en el ICBA y el IPCF-SF (por lo cual estaremos actualizando nuestra metodología de cálculo en los próximos meses). Por el contrario, en el caso del índice de costos de tarjetas crédito, se observó una desaceleración en línea con el reciente ciclo de política monetaria expansiva del Banco de la República (BR).

Cuentas de ahorro
Al corte de septiembre de 2018, Banca de las Oportunidades reportaba que las cuentas de ahorro eran el servicio financiero más utilizado por los colombianos (64% de la población adulta tenía una cuenta de ahorros activa).
Nuestro ICBA contempla dos “agentes representativos”: uno que mantiene un saldo mensual promedio de $1 millón en su cuenta (caso A) y otro con uno de
$4 millones (caso B). Ambos enfrentan un cobro de cuota de manejo y también incluimos la suscripción de una cuenta de débitos automáticos. Suponemos que los individuos utilizan semanalmente un volante de su talonario (4 al mes) para retirar por ventanilla, pese a la
disminución en el uso de este producto.

En el gráfico se observa la trayectoria del ICBA de las cuentas de ahorro durante la última década. Allí se evidencia una marcada tendencia positiva en el período 2013-2014, la cual responde a la inclusión del servicio de débito automático a la canasta de análisis del ICBA, considerando su mayor demanda por parte del usuario financiero. Dichos incrementos terminaron normalizándose en 2016-2017, retornando a sus niveles de crecimiento histórico (8%-11%).

Sin embargo, en el año 2018 se observó nuevamente un aumento en los costos de las cuentas de ahorro (caso A del 12.1% vs. 8.6% un año atrás; y caso B del 14.4% vs. 10.5%). Ello se explica por los mayores costos de: i) retiro por ventanilla con volante (70.5% en 2018 vs. 13.8% en 2017), lo cual probablemente ha respondido a que se ha buscado desincentivar dicho servicio, dadas las alternativas tecnológicas de menor costo para
los bancos (cajeros y banca por internet); y ii) cuotas de administración (+9% vs. -1.2%), aunque ello responde a los incrementos de solo 3 bancos que aún cobran por dichos servicios. Estos mayores costos no lograron ser
contrarrestados por las desaceleraciones en los costos de talonarios (4.8% en 2018 vs. 11.4% en 2017) y del débito automático (10.2% vs. 14.5%).

Tarjetas de crédito
El ICBA de tarjetas de crédito está conformado por la cuota de manejo mensual promedio (ajustando por la periodicidad del cobro) y el pago de intereses. Este último valor se presenta nuevamente bajo dos modalidades
(suponiendo pleno uso del cupo): $1 millón (caso A) y $10 millones (caso B). Así, la suma de los dos elementos arroja el costo total para cada cupo y a partir de allí se crea el índice.

También se observa cómo la trayectoria del ICBA de las tarjetas de crédito ha venido reflejando el ciclo de política monetaria del BR. En efecto, durante el período 2012-2014, los costos de las tarjetas de crédito con cupo de $1 millón promediaron contracciones del -1.9% anual y las de cupo de $10 millones caídas del -7.9%. En ello influyó la desaceleración local-internacional y la disminución de la inflación que le permitieron al BR adoptar una política monetaria expansiva (primero recortando su tasa en 200pb durante julio 2012-marzo 2013, llevándola del 5.25% al 3.25%, y luego manteniéndola
inalterada hasta marzo de 2014), ejerciendo presiones a la baja sobre los mencionados costos.

Posteriormente, en 2016 e inicios de 2017, se observa una reversión de dicha tendencia descendente de los costos de las tarjetas de crédito, promediando expansiones del +6.8% anual en el caso A y del +5.3% en el caso B. Allí jugó la política restrictiva del BR, incrementando la repo hacia picos del 7.75% en septiembre de 2016, por cuenta de las marcadas presiones inflacionarias derivadas del Fenómeno de El Niño y el paro de transportadores de junio-julio.

Más recientemente, el ICBA de las tarjetas de crédito ha venido desacelerándose nuevamente, incluso mostrando contracciones del -1.5% en el caso A al cierre de 2018 (vs. +4% un año atrás) y del -6% en el caso B (vs. +2.9%). Ello ha respondido principalmente a la transmisión del estímulo monetario proveniente de la reducción de 350pb en la tasa repo del BR desde los mencionados picos de finales de 2016 (ubicándose actualmente en el 4.25%).

Banca por internet
La banca por internet permite reducir los costos transaccionales, pero a dicho instrumento no le podemos atribuir un rendimiento financiero explícito. Aquí contemplamos dos servicios (con costo): transferencias a cuentas de otras entidades y pagos a terceros. Suponemos que nuestro “agente representativo” utiliza estos servicios cuatro veces al mes.

También se observa cómo los costos de la banca por internet se han acelerado marcadamente durante el período 2017-2018, cerrando con crecimientos del 13.7% anual en 2018 (vs. 4.3% en 2017), muy por encima de los niveles de inflación. Ello se explica por el aumento de los costos de transferencias a otras entidades (+15.1% en 2018 vs. +7.7% en 2017) y las menores caídas de los pagos a terceros (-7.4% vs. -25.2%). Aquí
nuevamente cabe aclarar que esos mayores costos responden a los aumentos reportados por 3 bancos, pues la mayoría de entidades redujo o eliminó esos cobros (al considerar dichos costos nulos, el indicador estaría desacelerándose hacia crecimientos del 12% vs. 19% en 2017).

De hecho, varios de los servicios de banca digital que originalmente tenían costo (acceso a la plataforma, cambios de clave, consultas de saldo, transferencias del mismo titular, pagos de cartera, entre otros) han pasado a ser gratuitos. Allí la banca tradicional ha venido ajustando su oferta para hacerle frente a la disrupción tecnológica del Fintech. Precisamente, a principios de 2019, los costos de transferencias entre diferentes entidades bancarias se eliminaron, lo cual debería estarse transmitiendo a los usuarios a lo largo del año.

Conclusiones
Hemos visto cómo el ICBA mostró mayores costos para los usuarios de cuentas de ahorro y banca por internet al cierre de 2018, aunque allí ha jugado el ruido de incrementos puntuales de algunas entidades, pues la mayoría ha reducido considerablemente los cobros. En contraste, los costos de las tarjetas de crédito continuaron exhibiendo desaceleraciones en el último año, mostrando una estrecha relación con el ciclo de la política monetaria.

Prospectivamente, se deberá monitorear cómo la revolución Fintech estará presionando dichos costos, no solo por la vía tecnológica (considerando la reducción y, en algunos casos, desaparición de costos de servicios digitales), sino por cuenta de las innovaciones que la banca tradicional deberá implementar para mantener su liderazgo financiero. Todo ello en medio de evidentes desafíos regulatorios, operativos y tecnológicos. Allí el gran beneficiado, claramente, deberá ser el usuario, siendo evidente la necesidad de contar con mayor innovación en productos que eleven la inclusión financiera, especialmente en la base de la pirámide, donde son más difíciles los elementos de penetración de educación financiera.