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Crisis en infraestructura: impacto sobre el crecimiento potencial

El período 2013-2014 se perfila como de moderada recuperación económica en los países desarrollados y de clara desaceleración en el crecimiento de los países emergentes. Por ejemplo, Estados Unidos estará creciendo cerca de 2% en 2014, cifra similar a 1,9% logrado en 2013, mientras su tasa de desempleo se perfila del actual 6,2% hacia niveles de 5,5% para finales de este año. En la Zona Euro el crecimiento bordearía 1% en 2014, dejando atrás la recesión de 2012-2013, cuando se observaron contracciones de -0,4% por año, pero su tasa de desempleo continúa obstinadamente elevada en cifras cercanas a 12%. 

 Este resulta un momento apropiado para entrar a evaluar la magnitud del “sacrificio en crecimiento” que le dejó al mundo desarrollado la prolongada crisis del período 2007-2012. Estudios recientes del Nber indican que las pérdidas económicas en términos de menor crecimiento observado (respecto del potencial), desaceleración de la productividad multifactorial y menor generación de empleo han sido significativas. Por ejemplo, ese menor crecimiento, como resultado de la crisis del período 2007-2012, se ha estimado que representa entre 25%-30% respecto de su potencial en los casos de Grecia e Irlanda y entre 10%-17% en los casos de España, Portugal e Italia. 

En este sentido, la preocupación inicial que se desplegó en torno a la suerte de los Piigs (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España) no resultó infundada; ellos se demoraron en tomar correctivos financieros y fiscales en 2007-2008. Esa tardanza terminó cobrándoles con creces la tensión financiera durante 2009-2012, cuando inclusive se temió por la sostenibilidad del euro, tras las “peluqueadas” financieras de las cuales fue objeto la deuda pública de Grecia.

En el caso de los Estados Unidos la pérdida de crecimiento respecto de su potencial ha resultado más bien moderada (del orden de 5%), gracias a sus prontas respuestas con los paquetes financieros (Tarps) y al reconocimiento de las pérdidas hipotecarias en los balances del sistema financiero. Esto permitiría “desinflar” la burbuja hipotecaria en cerca de 50% en términos de los precios reales de la vivienda y reactivar la actividad constructora casi con dos años de antelación respecto de lo ocurrido en España. Sin embargo, el daño más grave en la economía de los Estados Unidos lo experimentaría el mercado laboral, donde la llamada Tasa Global de Participación ha caído de 66% a 63% durante 2007-2013. Esto implica grandes pérdidas en materia de capital humano que toma la forma de “retiros tempranos” y que se refleja en menores dinamismos en la productividad multifactorial.

Ahora bien, este tipo de evaluaciones pos-crisis podría dejarnos la falsa sensación de que las economías solo pierden potencial como resultado de las crisis. No. La ausencia o tardanzas en desarrollar sectores cruciales de la economía pueden arrojar balances negativos tan graves como aquellos provenientes de las crisis financieras, antes comentadas. En este caso de lento debilitamiento económico los titulares de prensa serán menos llamativos, pero es posible que las estructuras estén siendo carcomidas por “silenciosas termitas”, frenando de forma significativa el potencial de crecimiento de las economías.

A este respecto, Anif ha venido alertando durante los dos últimos años sobre el riesgo de desaceleración del crecimiento potencial de la economía colombiana por cuenta de cambios estructurales que no han recibido respuestas oportunas durante el período 2002-2014. 

Citemos aquí tan solo tres frentes de constante preocupación que apuntan en esa dirección de debilitamiento de nuestro potencial de crecimiento: i) el efecto de la llamada “Enfermedad Holandesa” sobre las exportaciones agro-industriales (ahora representando tan solo 24% del total de la canasta exportadora); ii) la lenta provisión de apropiada infraestructura, lo cual se refleja en costos de transporte que, en vez de disminuir, se han elevado en 27% en dólares, alcanzando los US$2.500/contenedor vs. los US$1.000/contenedor observados en Chile o Perú; y iii) “el fin anticipado” del auge minero-energético de Colombia, resultante de la reversión en el súper-ciclo de altos precios de los commodities y los efectos de la revolución shale-gas-oil, afectando especialmente el precio del carbón, donde Colombia es un jugador importante a nivel global.

Pues bien, todo lo anterior bien podría reflejarse en crecimientos potenciales para la economía colombiana que podrían promediar ya no el acostumbrado 4,5% por año, sino más bien 4% por año durante el próximo quinquenio. Nótese que esa desaceleración implicaría una pérdida de 11% (= 4%/4,5%) respecto del potencial actual, no muy distante de lo ocurrido en los Estados Unidos por cuenta de la crisis (antes comentada).