Analistas

En nueve meses

Estamos entrando en una etapa del país que requiere del involucramiento de todos, donde se evidencie el interés por conocer con espíritu constructivo -y no criticón- los avances que ha tenido Colombia, así como las necesidades que aún permanecen en los ámbitos ambientales, sociales, tecnológicos y económicos. En un año tendremos nuevo presidente y esto implica que los casi 35 millones de colombianos habilitados para votar elegirán un nuevo mandatario y su estilo de gobierno.

Estas elecciones no son iguales a las de años anteriores, porque el país cambió y es una realidad que, gracias a la implementación de los Acuerdos de Paz, son miles las vidas de colombianos que se han salvado y que las antiguas zonas rojas se están configurando como zonas verdes de esperanza porque se han reducido en casi un 100% los homicidios.

En un marco de proceso de paz, las elecciones son y deben ser diferentes, los candidatos deben tener un nuevo estilo de comunicación y relacionamiento con los colombianos, y los votantes deben involucrase para reducir el abstencionismo y que puedan tomar decisiones con responsabilidad.
El próximo gobierno ya no tiene como prioridad defenderse ante un conflicto armado, sino que tiene la meta de recomponer la unidad de un Estado. Por lo tanto, las interrelaciones en este proceso electoral deben ser diferentes e incluso deberían iniciar valorando los avances del actual gobierno y reconocer que es un punto de partida y no de inflexión.

Las nuevas relaciones entre el candidato y el votante deben estar basadas en la escucha, en la transparencia, en un diálogo respetuoso con un lenguaje desarmado y no de ataque, donde se respire un espíritu de construcción y no de destrucción, en donde exista debate, basado en argumentos reales y no en supuestos, donde la dignidad de las personas y de un pueblo estén por encima del deseo de tener poder.

En este nuevo relacionamiento, los procesos de comunicación deben ir más allá de tácticas informativas unidi- reccionales porque lo que se requiere es propiciar diálogos para construir propuestas conjuntas, donde se sientan identificados todos los colombianos y no recibir propuestas preconcebidas impregnadas con el deseo de tener poder sin escuchar las necesidades y expectativas de un pueblo. Recordemos que la base de la democracia es la participación de un pueblo en la acción de gobernar.
Se requiere un mandatario que recupere la confianza del votante, con alta sensibilidad humana, conocedor de un país desde el territorio, que su ego no opaque lo verdaderamente importante que es recobrar la unidad de un país, que sus palabras estén desarmadas, sean para construir y que sus propuestas involucren a la gran mayoría.

Durante estos nueve meses de proceso electoral, como si fuera una gestación, se puede concebir vida, unidad y paz, con menos enfrentamientos y polarización. La responsabilidad de los colombianos es mayor porque se está frente a la oportunidad de continuar la construcción de un país en paz, que ya ha iniciado, y cuyos avances y camino acordado, requiere que sean comprendidos y valorados, para que estas elecciones no caigan en politiquería sino que se dialogue entorno a preservar y proteger la vida, brindar oportunidades de bienestar y trabajo a los colombianos que incluya a los territorios con el fin de consolidar una Colombia con desarrollo sostenible, incluyente y justa.