Analistas

Construcción conjunta para transformar la ciudad

El pasado fin de semana, contamos con la participación electoral más alta en la historia del país, lo cual puede ser gratamente un indicio del naciente interés por construir juntos ese país que queremos y el deseo de fortalecer la democracia. Sin embargo, falta mucho camino por recorrer en la conciencia del voto a conciencia, pero es un gran paso el lograr superar la apatía y el desinterés de salir a votar, para decidir y tomar partido.

En las últimas décadas la constante de los candidatos es prometer cambios, lo que implica dos aspectos: el primero, que no existe satisfacción del estilo de gobernabilidad y su efectividad en dar respuesta a necesidades latentes en temas de gran prioridad y valor para los ciudadanos; el segundo aspecto es que no hay continuidad en los planes de gobierno en función de temas transversales para desarrollar por fases independiente del gobierno de turno. Esto conlleva a tener una gestión, en algunas ocasiones, de intereses particulares y no lograr el desarrollo sostenible que se espera.

La insatisfacción, falta de credibilidad en la forma de gobernar y el no contar con planes de gobierno integrales a largo plazo, son algunos de los aspectos que llevaron a que los electores buscaran ese cambio y confiaran en las opciones independientes en ciudades principales como Cali, Medellín, Bogotá y Bucaramanga, entre otras. Este voto de confianza lleva consigo grandes retos para no defraudar a sus electores; uno de ellos, la construcción conjunta de ciudad.

En este sentido y de manera acertada, el electo alcalde, Enrique Peñalosa, invitó a un gobierno incluyente, inspirado en la perseverancia, la unidad y en soñar con la Bogotá de la cual nos sintamos orgullosos y recuperemos la autoestima de vivir en la capital.

El convocar a una construcción conjunta no es fácil porque muchos asumen que cuando votaron y eligieron a un gobernante era suficiente y que ahora ellos son los responsables únicos de lograr la transformación de una ciudad como Bogotá que está en cuidados intensivos en muchos aspectos. 

Para transformar y recuperar el rumbo de la ciudad, se requiere del involucramiento de todos sus habitantes y visitantes. Y frente a ello existen dos barreras, el individualismo y la falta de identidad. 

El individualismo que es una de las grandes enfermedades de la sociedad actual donde prevalecen los interés particulares sobre los generales, donde se han perdido los valores relacionales como el respeto, tolerancia y solidaridad que son la base de la convivencia. 

Por otra parte, la falta de identidad hace que no encontremos puntos en común para trabajar unidos y más aún en la ciudad capital donde confluye diversidad de manifestaciones culturales de país y de mundo; en donde la expresión coloquial esto es de todos pero no es de nadie, evidencia la falta de apropiación y pertenencia.

Una de las formas para lograr el involucramiento es construir de forma conjunta la identidad de la ciudad; definiendo de forma participativa qué ciudad se quiere tener, que se valora de vivir y convivir en la ciudad y cómo se sueña la ciudad que queremos dejar para las generaciones futuras. Al tener una identidad de ciudad y de país, se logra encontrar lo que nos une, se encuentra sentido y significado a pertenecer, se minimiza el individualismo, la incertidumbre,  se gana confianza y por consecuencia se logra el involucramiento para aportar desde la cotidianidad a construir mejores ciudades y realizar una verdadera transformación en el nuevo contexto de país para alcanzar una convivencia en paz.