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ANALISTAS 03/07/2026

Continuarán… Productividad y eficiencia: la importancia de hacer un alto en el camino

Rodrigo Lozano Vila
Abogado - Consultor de Empresas Familiares

“Lo que es importante rara vez es urgente y lo que es urgente rara vez es importante”. Esta frase la inmortalizó Dwight D. Eisenhower y, en materia de productividad, ha sido rescatada y puesta en escena por un gran experto en hábitos y productividad, Stephen Covey. La productividad y la eficiencia deben ser criterios aplicables a todos los ámbitos y esferas de la existencia; la familia empresaria no es la excepción.

En medio del trajín del día a día -de velar porque las empresas funcionen, de cuidar el patrimonio y preservar la unidad familiar-, sus integrantes deben hacer un alto en el camino con un propósito fundamental: llevar a cabo un ejercicio denominado “estado de situación”. Una actividad diferente de las usuales, que permite revisar si los objetivos trazados en el pasado se están cumpliendo, si existen hechos sobrevinientes que ameriten ajustes o correcciones a los planes previstos con anterioridad y, lo más importante, observar si en el horizonte se evidencian amenazas que puedan alterar el orden y la estabilidad.

Este tipo de ejercicios es más importante de lo que se piensa y debe formar parte de la agenda del plan de continuidad y de la estrategia general de la familia empresaria. Sin embargo, se antepone una máxima muy conocida según la cual lo urgente desplaza lo importante. Situados en la esfera de la productividad y la eficiencia, conviene pensar, desde un inicio, en una distribución eficiente de funciones e incluso en la delegación de estas, para garantizar que todos los frentes -incluso aquellos que creemos menos prioritarios o postergables- sean atendidos de la mejor forma y en el momento adecuado. Me refiero concretamente a los ejercicios de planeación, los retiros, las asambleas de familia y toda actividad que se aleja del negocio y de las fuentes generadoras de ingresos. Se trata de iniciativas y actividades tan importantes como el corazón mismo de la actividad productiva. Hacen parte del cuidado integral de un sistema, donde un daño o una falla en alguno de sus componentes puede significar pérdidas significativas de tiempo, dinero y cohesión familiar.

Insisto: la familia empresaria debe trabajar de manera organizada y con propósito en la actualización permanente de su agenda de continuidad, planeando actividades diferentes e innovadoras. Estas actividades, bien concebidas, se convierten rápidamente en la esencia de una nueva forma de cuidado de un sistema, una guía y complemento que orientan a la familia empresaria hacia la continuidad, hacia la preservación y transmisión del legado y el fortalecimiento de las relaciones familiares.

En materia de actividades de este tipo, el cielo es el límite. No hay un libreto que seguir, un manual que cumplir ni una guía que respetar. La imaginación y el deseo de llevar a cabo ejercicios con propósito, serios, consistentes y recurrentes marcan un buen punto de partida.

Una vez se instaura el hábito y el grupo familiar lo ve no como un capricho, sino como una necesidad y un complemento eficaz de sus dinámicas, los efectos son inmediatos.

¿Y usted, ya ha pensado qué actividades puede sugerir y ayudar a organizar?

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