Analistas

Relevancia del Libre Comercio

Los dos eventos políticos inesperados del 2016, el Brexit en el Reino Unido y el resultado de la elección presidencial en Estados Unidos, han sido atribuidos al rechazo popular a la globalización en dos naciones industrializadas.  En efecto, tanto la decisión británica de retirarse de la Unión Europea como el triunfo electoral del nacionalismo económico y la retórica proteccionista de Donald Trump constituyen un retroceso en el avance gradual pero sostenido hacia la liberalización del comercio internacional de los últimos setenta años.

Sin embargo, sería prematuro concluir que ha llegado el momento de redactar el acta de defunción del libre comercio a nivel mundial.  Hay razones para considerar que los triunfos recientes del populismo xenófobo pueden estar promoviendo movimientos en sentido contrario.  Lo cual sugiere que la permanencia de los triunfos mencionados no está garantizada.  La puesta en vigencia de las iniciativas aislacionistas todavía no ha tenido lugar.  Por lo tanto, las opciones por el proteccionismo pueden acabar siendo reversibles. 

La clase política del Reino Unido está empezando a asimilar las implicaciones y los costos de deshacer el tejido institucional elaborado durante 43 años de participación en el proyecto de integración europea.  Si bien el proceso de salida de la Unión Europea solo inicia a partir de marzo del 2017, cuando el gobierno británico invoque el Articulo 50 del Tratado de Lisboa, la perspectiva de perder el acceso privilegiado a su principal mercado empieza a afectar la confianza de las empresas y el clima de inversión.

Mientras se logra estructurar la estrategia gubernamental para iniciar las negociaciones del retiro con la Comisión Europea, empiezan a ponerse de presente ciertas realidades.  Para los demás gobiernos que hacen parte de la Unión Europea, la libertad comercial es inseparable de la libertad para el movimiento de personas.  El gobierno británico no puede invocar el derecho a restringir la inmigración de ciudadanos de la Unión Europea y conservar el libre acceso al mercado comunitario ampliado.  Las condiciones en las cuales el Reino Unido establezca sus relaciones comerciales y financieras con la Unión Europea, después del divorcio, serán necesariamente menos favorables que las que tiene ahora.  Por ese motivo, los responsables de la política económica y los empresarios británicos están promoviendo una opción intermedia denominada soft Brexit.

Con respecto a la propuesta de Trump de elevar los aranceles vigentes para las manufacturas chinas, el gobierno de la China ha dejado saber que respondería con medidas  perjudiciales para la economía de Estados Unidos.  El viraje hacia el proteccionismo en Washington introduce un elemento de confusión ideológica entre sectores latinoamericanos para los cuales el libre comercio es sinónimo de imperialismo norteamericano.  Un motivo adicional de perplejidad es el hecho de que los dirigentes de los regímenes comunistas de China y Vietnam estén actuando como adalides de la libertad de comercio internacional.  Una consecuencia paradójica del triunfo de Trump es que, en América Latina, la defensa del libre comercio va a dejar de ser una herejía neoliberal.