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Entre el pesimismo y la complacencia

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La forma como termina el año económico 2015 se presta para interpretaciones discordantes, a partir de los mismos indicadores.  Quienes desean enfatizar los aspectos negativos pueden señalar la menor tasa de crecimiento, el aumento de la inflación y la fuerte reducción en el valor de las exportaciones.  La comparación con el desempeño del año anterior permite argumentar que ha habido un deterioro.  La inconformidad con los resultados de la gestión de Gustavo Petro en Bogotá contribuye a la tendencia de algunos analistas a acentuar los tonos oscuros al describir el panorama económico nacional.  Se alude al supuesto fracaso de las decisiones del Banco de la República.  Se ha llegado a sugerir que el país corre el peligro de perder el grado de inversión.

Es posible esbozar un escenario menos alarmante si se sitúa la problemática actual dentro de un contexto apropiado.  La narrativa correspondiente permitiría desplazar la atención hacia la intensidad del choque externo que ha experimentado la economía y hacia la efectividad de las políticas públicas adoptadas para amortiguar su impacto.   El choque externo tiene varios componentes.  Tal como le ha sucedido a otras naciones emergentes, el fin del ciclo ascendente de precios de los commodities ha tenido un impacto negativo sobre las exportaciones, los recursos fiscales y el nivel de ingreso, vía los términos de intercambio.  En el caso de Colombia, es necesario añadir las consecuencias del fenómeno de El Niño y las restricciones a las importaciones de manufacturas adoptadas por Ecuador y Venezuela.

El efecto combinado de esos factores es un menor ritmo de crecimiento, la devaluación del peso y un aumento de la inflación por encima del rango meta.  Durante este año, la tasa de cambio flexible ha actuado como primera línea de defensa contra el choque externo.   El cambio en los precios relativos que ha tenido lugar por efecto de la devaluación está promoviendo una recomposición del gasto agregado que favorece la producción nacional y desincentiva las importaciones.   Ese es un proceso lento, cuyos resultados se empiezan a manifestar en los indicadores de crecimiento industrial.   Al mismo tiempo, el encarecimiento resultante de los bienes y servicios importados tiene un efecto inflacionario. 

La economía se ha ajustado sin mayores traumatismos a circunstancias adversas.  Eso es satisfactorio, pero  es insuficiente.  Más allá del aspecto coyuntural, la excesiva volatilidad del comportamiento de la tasa de cambio es indicativo de la debilidad del sector exportador.  La necesidad de reducir el déficit en la cuenta corriente ha implicado una devaluación anual del orden de 40%.  Una corrección de esa magnitud refleja la escasa participación de las exportaciones en la producción total. 

Nuestros socios en la Alianza del Pacífico, cuyas economías son más abiertas, han podido enfrentar la turbulencia externa por medio de ajustes cambiarios moderados. La economía colombiana es bastante cerrada. Esto constituye una vulnerabilidad.   La transición hacia una economía más diversificada y menos vulnerable  conlleva el incremento de la participación de  las exportaciones y las importaciones en el PIB.
 

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