Analistas 29/10/2020

Antesala de una debacle

La campaña presidencial en Estados Unidos llega a su etapa final condicionada por la agudización de una pandemia que ha causado cerca de 300.000 defunciones. Ese hecho y sus repercusiones sociales y económicas conforman el aspecto central de la evaluación que deberán hacer los estadounidenses acerca del desempeño de Donald Trump y de su aspiración de ser reelegido por cuatro años.

A pesar de las restricciones sanitarias a la movilidad y a los eventos multitudinarios, es previsible que el nivel de participación electoral sea bastante alto. Antes de concluir el mes de octubre, ya se habían consignado más de 58 millones de votos para las elecciones del 3 de noviembre. Varios factores explican la intensidad de esta movilización ciudadana.

Hay una fuerte polarización partidista estimulada por el clima sectario y pendenciero promovido desde la Casa Blanca. El estilo administrativo caótico y la práctica de conducir el gobierno como un reality televisado han inducido una sensación de fatiga entre un amplio sector de la opinión pública.

Adicionalmente, manifestaciones crecientes de autoritarismo presidencial y de culto a la personalidad han puesto de presente que lo que está de por medio es la preservación de la tradición democrática de la nación. Un editorial reciente del New York Times describe la reelección de Trump como la mayor amenaza para la democracia americana desde la Segunda Guerra Mundial.

Las encuestas acerca de intención de voto a nivel nacional coinciden en asignarle a Biden una ventaja considerable sobre Trump. En los denominados estados-bisagra, que pueden determinar la composición del Colegio Electoral, Biden también registra ventajas, aunque menos pronunciadas.

Los grupos a favor de Biden que pueden compensar la ventaja de Trump entre los blancos sin educación superior son los blancos con educación superior, las mujeres y los afroamericanos. A diferencia de la antipatía que suscitaba Hillary Clinton en las elecciones pasadas, la imagen positiva de Biden contrasta con la imagen negativa de Trump. Si bien hace cuatro años, éste se presentaba como un empresario que ofrecía un cambio de comportamiento político, en la actualidad, su ineptitud y su corrupción son conocidas.

Dado el resultado sorprendente del año 2016, hay cierta reticencia a hacer predicciones firmes acerca del resultado electoral. The Economist le asigna a Biden 92% de posibilidades de ganar. La cadena de televisión CNN calcula que Biden empezaría el conteo definitivo en el Colegio Electoral con 290 votos, 20 votos más de los requeridos para ganar la elección.

Las principales cancillerías del mundo están preparando escenarios para diseñar cambios en sus relaciones con Washington en la eventualidad de un gobierno presidido por Joe Biden y un Congreso con mayoría Demócrata. Se da por descontado que Estados Unidos regresaría al acuerdo de París sobre cambio climático y a la Organización Mundial de la Salud. Habría un apoyo renovado a la Unión Europea y a la OTAN.

Pero la tarea más apremiante de la administración Biden será la de reparar el daño causado por Trump a las instituciones democráticas.