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“Creo en la Antioquia libre de Epifanio; en la Antioquia altanera, en sus enjalmas. En la Antioquia pujante de Gonzalo Mejía, con bultos de imposibles a la espalda”. Hace días pensaba en la trascendencia de Antioquia en la vida reciente de nuestra República y contemplaba cómo, a través de la historia, la narrativa de una Antioquia grande y amante de la libertad ha sobrepasado sus propias latitudes para contagiar y, en ocasiones, defender el presente y el futuro de toda una nación.
Y es preciso decir que las naciones no se salvan únicamente desde los palacios de gobierno. También se salvan desde las regiones que, aun en medio de la incertidumbre, siguen produciendo, construyendo y creyendo en la libertad.
Hay pueblos que hacen historia con discursos. Antioquia la ha hecho con obras.
Durante más de dos siglos, Colombia ha conocido guerras, pobreza, violencia, centralismo, polarización e incertidumbre. En cada una de esas épocas, Antioquia respondió casi siempre de la misma manera: trabajando. No porque esta tierra haya sido perfecta ni porque nunca se haya equivocado, sino porque comprendió una verdad sencilla: las crisis no se superan esperando. Las crisis se superan construyendo. Por eso me atrevo a defender una idea que la historia respalda: cuando Antioquia ha resistido, Colombia ha encontrado una oportunidad para salir adelante.
En esta disertación, y ad portas de iniciar un nuevo capítulo para Colombia, me atrevo a plantear diez escenas para entender por qué, cuando Colombia atravesó sus mayores desafíos, Antioquia respondió construyendo.
1. Mientras nacía la República, Antioquia defendía la libertad
La Independencia no fue únicamente una declaración política. Fue una decisión de hombres que entendieron que la libertad debía defenderse. José María Córdova y Juan del Corral simbolizan ese espíritu. Desde entonces, Antioquia asumió que la libertad exige coraje, responsabilidad y sacrificio. En Antioquia entendimos que la libertad se defiende incluso con la vida propia.
2. Mientras el país buscaba un modelo de desarrollo, Antioquia creó el suyo
Los arrieros no esperaron caminos. Los abrieron. Los comerciantes no esperaron riqueza. La crearon. Los industriales no esperaron oportunidades. Las construyeron. Esa cultura empresarial convirtió a Antioquia en uno de los motores económicos de Colombia, con cerca de 15% del producto interno bruto nacional, miles de empresas y una capacidad productiva que ha beneficiado al país entero.
3. Mientras muchos esperaban soluciones del Estado, Antioquia construía instituciones, universidades, cooperativas, hospitales, fundaciones y empresas
La sociedad antioqueña entendió que el desarrollo comienza cuando los ciudadanos también asumen responsabilidades.
4. Mientras el terrorismo quería destruir la esperanza, Antioquia decidió reconstruirse
El narcotráfico intentó convertir esta tierra en el símbolo del fracaso nacional. No lo logró. La respuesta fue más educación, más empresa, más cultura, más ciudadanía y más institucionalidad. Porque en Antioquia no somos resilientes: somos antifrágiles, como bien lo diría el escritor Nassim Taleb. Nuestra historia ha estado trazada por un estrés constante que hemos sabido transformar en esperanza.
5. Mientras Colombia discutía, Antioquia ejecutaba
Los últimos años han estado marcados por intensos debates nacionales sobre economía, seguridad, descentralización y desarrollo. Entretanto, Antioquia siguió haciendo.
Es uno de los bloques comerciales más influyentes por el tamaño de sus mercados y la profundidad de sus reglas sobre bienes, servicios, inversión, comercio digital y cadenas regionales de valor
Estas no son las únicas decisiones que Colombia necesita, pero sí pueden convertirse en el punto de partida para construir una verdadera visión de país con el horizonte puesto en 2050