Analistas 26/08/2020

¿Saldremos fortalecidos?

Se ha convertido ya un tópico de actualidad afirmar que la sociedad saldrá fortalecida de esta adversidad, que la familia ha cambiado porque los lazos familiares se han robustecido, y que las empresas que sobrevivan a la crisis serán más creativas y estarán más preparadas para otra eventualidad. Frases que esconden más deseos que realidades, pues quizá no se traducen en hechos.

Para que ese deseo sea una realidad se debe estar trabajando duro ya, sin esperar que ocurra un milagro o que surja como por arte de magia. La unidad familiar, por ejemplo, no es el resultado de estar mucho tiempo juntos los integrantes de la familia en el hogar, o de jugar toda la familia de vez en cuando, sino que implica trabajar en diversos aspectos. En primer lugar, se debe evitar cualquier cosa que lesione las relaciones interpersonales, como la impaciencia, arranques de mal genio, reclamos intempestivos, quejas y reclamos continuos… Más allá de esto, habrá unidad si la comunicación entre los cónyuges es más profunda, si salen a relucir temas más hondos como incertidumbres, deseos, miedos, inseguridades…si hay más trasparencia en las expectativas, etc. Habrá más unidad si se enriquece el mundo emocional dando más cabida a la ternura, a la empatía, etc. Más unidad, desde luego, si el mundo del espíritu fortalece todas las relaciones. Todo esto requiere esfuerzo, dedicación y entrega por parte de todos.

Si observamos ahora, en otro ámbito, a algunas empresas que se están incorporando a la vida productiva, se ven ya comportamientos inadecuados, igual o peor que antes. Por ejemplo, engañar para no cumplir la normativa de seguridad o contratar a personas por menos dinero del que pagaban antes, etc. Me doy cuenta de que estoy haciendo hincapié en aspectos negativos, sin considerar tantas manifestaciones positivas como hay también en la actualidad. Algunas empresas cumplen a rajatabla lo establecido y se pueden considerar además casos de éxito. Para otras empresas el cambio está en intentos modestos de cambiar el objeto social del negocio, para emprender tímidos emprendimientos, sin demasiada repercusión en los resultados económicos.

Son pocos, sin embargo, los casos de empresas empeñadas en reinventarse, en aprender, en convertirse en una empresa mejor. A veces unas preguntas nos pueden ayudar. ¿Qué aprendizaje se obtuvo desde el punto de vista tecnológico durante los últimos meses? ¿Qué rubro del presupuesto se incrementará a partir de ahora? ¿Cuál es el número ideal de personas en mi empresa? ¿Con qué perfiles? ¿Se justifica los salarios que tiene la alta gerencia, en relación con el salario mínimo? ¿Está preparada la organización para el cambio permanente, para una evolución constante? ¿Qué tipo de formación necesita los colaboradores de la empresa? Seguro que a usted se le ocurren otras preguntas interesantes e importantes.

Saldremos fortalecidos de la pandemia si hay cambios en las personas que conforman las empresas y las familias. Cambios en la forma de ver la realidad que se traduzca en actitudes nuevas y comportamientos distintos, mejores. Cada uno de nosotros debe plantearse si estos meses de pandemia han servido para poner en primer lugar en la familia y en la empresa lo verdaderamente importante, es decir, cada una de las personas que conforman la institución. La persona primero.