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Analistas 25/12/2020

La vacuna, sentimientos encontrados

Regino Navarro Ribera
Consultor empresarial y coach

La esperanza de buena parte de la humanidad para volver a vivir tranquilos y hacer vida normal está puesta en la vacuna contra el covid-19. Sin embargo, al observar los comportamientos de las personas en relación con esta medicina, se aprecian sentimientos diversos. No sólo hay esperanza, existe también incertidumbre, susto, al mismo tiempo que muchos deseos de que todo salga bien. La expectativa es grande, pues no es cualquier vacuna, se trata de encontrar una solución para contrarrestar un virus que ha puesto en jaque a la ciencia y a los mecanismos de salud y seguridad del mundo entero, desarrollados y sin desarrollar.

Se puede observar que no todo el mundo quiere ponerse la vacuna, y no porque hayan analizado los datos que se tienen y toman una decisión al respecto. Se podría decir que hay tres tipos de personas en relación con la vacuna. En primer lugar, aquellos que tienen toda su confianza puesta en la ciencia, creen en la vacuna, y quieren ser de los primeros en ponérsela. Después aquellos otros, más recelosos, que prefieren esperar a ver la respuesta a la misma en otras personas. Y por último, aquellas personas que no creen en absoluto en la vacuna, por una u otra causa, y no están dispuestos a seguir ese camino. Es la propia personalidad, más que otra cosa, la que influye en la decisión.

Aquellas que están acostumbradas a arriesgar, a buscar soluciones rápidas y fuertes, posiblemente están en el primer grupo. Personas con el hábito de calcular, de ponderar los pros y los contras, que no se dejan llevar por impulsos, formarían parte del segundo grupo, y el último grupo estaría formado, quizá, por personas con tendencia a desconfiar de lo nuevo, personas que prefieren lo “malo conocido que lo bueno por conocer”.

Además de la propia personalidad, la información seria y rigurosa que se disponga será un factor clave en la decisión de una buena parte de la población. El Estado y de los medios de comunicación tienen un papel decisivo. Es claro que existen muchos intereses comerciales, por lo que la posibilidad de manipulación con información no completa es una posibilidad real y próxima. ¿La vacuna que compró el gobierno es la mejor o la primera en salir al mercado? ¿Tenemos todos los datos para tomar una buena decisión? ¿Las campañas de personajes ilustres que se van a vacunar tienen una intención recta?

Necesitamos transparencia de las autoridades y pronunciamiento de los expertos.

El virus estará bastante tiempo más entre nosotros, a partir de que se comience a aplicar la vacuna. Parece que para que la vacuna sea solución, deberá vacunarse entre un 60% y 70% de la población. Es en ese punto donde la “inmunidad de rebaño” comienza a tener efecto, y las personas susceptibles de contagio se benefician de una protección indirecta contra la infección. Por otra parte, conviene tener en cuenta que existe muchas personas a los que el covid-19 y la vacuna le dicen muy poco, pues el problema de sobrevivir es más urgente para ellos. Cuando no se cuenta con alimentos, agua, salud real, servicios básicos y vivienda el virus es otro elemento más que perturba la supervivencia diaria.

Estas personas tardarán tiempo en tomar una conciencia más puntual del problema, y podrían por tanto retrasar, quizá, la consecución del efecto rebaño. El beneficio de la vacuna solo es real cuando es beneficio para la mayoría.