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Analistas 23/02/2021

Podemos estar peor

Paula García García
Conductora Red+Noticias

De pesadilla sin fin o hasta de castigo divino hemos tildado en algún momento la traumática experiencia de la pandemia. A cada uno de nosotros, de alguna forma, nos han golpeado los efectos del virus. La cabeza no da para pensar en algo distinto, y ahora, con vacunas a bordo, la energía se concentra en hacer cálculos. Qué tan rápido puede avanzar el proceso de inmunización es lo único que nos inquieta.

Desde ya, hacemos planes. ′Cuando esto pase haremos, seremos, iremos, decimos a menudo. Se volvió costumbre conjugar la vida en futuro. Con certeza creemos que nada puede ser más grave que lo que hemos padecido. Sin embargo ―y esto es muy serio, hay alertas que se escabullen en la confusión del presente.

′Hacer las paces con la naturaleza, el reciente informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma) es un gran jalón de orejas que poco se ha difundido. El reporte, nada alentador, pone de manifiesto los años que nos esperan en un planeta duramente golpeado por las acciones del hombre.

Más de un millón de especies entre animales y vegetales en peligro de extinción, nueve millones de muertes prematuras cada año por enfermedades relacionadas con la contaminación, más de cuatrocientas zonas marinas sin oxígeno y, como si fuera poco, cerca de tres mil millones de personas afectadas en sus fuentes de sustento producto de la degradación de los suelos. ¡Vaya cifras!

Mientras la emergencia sanitaria nos tiene conviviendo con todo aquello que sea desechable y en aras de la bioseguridad reutilizando cada vez menos, la casa se sigue cayendo a pedazos.

De acuerdo con los autores del estudio, ninguno de los objetivos para la protección del planeta se ha cumplido plenamente. ¡Qué desazón y enojo! ¿Para qué ha servido entonces tanta cumbre climática?, ¿cuándo vamos a entender que lo que está en peligro es nuestra viabilidad como especie? Si el covid-19 nos ha parecido una tragedia, la advertencia que tenemos en frente amenaza con ser la hecatombe.

Por cuenta de una economía mundial que en los últimos 50 años se ha quintuplicado a expensas de la extracción de recursos naturales, la generación de miseria, asegura el documento, es insostenible.

Al parecer, desde el Protocolo de Kioto hasta el Acuerdo de París pasando por las múltiples Conferencias de las Partes (COP) que de Bali a Chile se han celebrado, los encuentros solo han sido pompa. Preacuerdos ligeros para la foto. Frágiles compromisos que se diluyen con el tiempo sin ser dignos de alcanzar la categoría de pactos serios.

El coronavirus nos zarandeó, nos doblegó, pero podemos estar peor. Podemos estarlo en tanto los consensos internacionales para combatir los daños ambientales continúen entregando pobres resultados. Podemos estarlo en la medida en que nuestras actitudes individuales se mantengan pasivas y nos quedemos esperando a que los Estados, sobre todo los poderosos, actúen por nosotros. La condición actual del planeta debería ser igual de preocupante a la posibilidad de la envestida de una próxima pandemia.

Reconsiderar nuestra relación con la naturaleza y sus recursos finitos, el llamado vigoroso que hace el Pnuma es una decisión tan personal como gubernamental que requiere voluntad. Nuestro hogar está muriendo y nosotros, sin querer darnos cuenta, agonizamos con él.