Analistas

Vivir en la dimensión de Trump

New York Times

Y ahora ya saben lo que debe ser trabajar en el gobierno de Trump. De hecho, solo vivir en el Estados Unidos de Trump se parece un poco a eso.

¿Qué desató en mí esta cadena de asociaciones? La respuesta puede sorprenderlos; fue el “plan” fiscal que el gobierno dio a conocer el miércoles.

La razón por la que utilizo citas atemorizantes aquí es que el documento de una sola página que hizo circular la Casa Blanca esta semana no tenía ningún parecido con lo que normalmente la gente entiende cuando habla de un plan tributario. Cierto, se mencionaron unas cuantas tasas tributarias, pero no se dijo nada sobre los umbrales del ingreso a los cuales se aplicarían.

Entre tanto, el documento dice algo sobre eliminar las exenciones fiscales, pero no dice cuáles. Por ejemplo, ¿se preservará la exención fiscal en las cuentas 401(k) para el retiro? La respuesta, según la Casa Blanca, fue sí o quizá no, o, mejor sí, dependiendo a quién y cuándo se preguntaba.

Así es que si se buscaba un documento que se pudiera utilizar para estimar, aun aproximadamente, cuánto acabaría pagando un individuo, lo siento.

Está claro que la Casa Blanca está proponiendo enormes exenciones fiscales para las corporaciones y los acaudalados, especialmente grandes para personas que pueden evitar los impuestos personales comunes, canalizando sus ingresos a negocios con trato fiscal privilegiado, personas, por ejemplo, llamadas Donald Trump. Así es que Trump planea inflar a lo grande el déficit, en gran medida para su beneficio personal; pero, eso es, prácticamente, todo lo que sabemos.

Entonces, ¿por qué la Casa Blanca daría a conocer un documento tan vergonzoso? ¿Por qué el Departamento del Tesoro consiente este espectáculo de payasos?

Desafortunadamente, conocemos la respuesta. Cada reporte desde el interior de la Casa Blanca transmite la impresión de que Trump es como un niño caprichoso, a quien aburren los detalles y se frustra fácilmente cuando las cosas no salen como él quiere; ser un empleado efectivo parece involucrar encontrar formas de hacerlo sentir bien y distraerlo de las noticias que siente que lo hacen verse mal.

Si él dice que quiere algo, sin importar cuán ridículo sea, se dice: “¡Sí, señor presidente!”; cuando más, se trata de minimizar el daño.

En este momento, según todas las versiones, el hombre-niño en jefe está de mal humor por la perspectiva de artículos nuevos en los que se reseñen sus primeros 100 días y concluyan que no ha logrado gran parte, si es que algo (porque no lo ha hecho). Así es que la semana pasada anunció que era inminente que daría a conocer algo que él podía llamar un plan fiscal.

Según “The Times”, esto dejó “sin habla” al personal del Tesoro, que no tenía absolutamente ningún plan listo. En su lugar, sacaron … algo, sin que haya alguien que esté seguro de qué significa.

Y la falta de un verdadero plan fiscal no es lo único que, aparentemente, el círculo interno no se atreve a decirle.

Obviamente, nadie se ha atrevido, todavía, a decirle a Trump que hizo algo tanto ridículo como vil, cuando acusó al ex presidente Barack Obama de haber intervenido los teléfonos de su equipo de campaña; más bien, funcionarios gubernamentales pasaron semanas tratando de inventar algo, cualquier cosa, que diera sustento a la acusación.

O la atención de la salud. El intento por revocar y remplazar al Obamacare falló ignominiosamente por muy buenas razones: tras tanto resollar, los republicanos no pudieron presentar una idea mejor. Por el contrario, todas sus propuestas llevarían a pérdidas masivas de cobertura y aumento en los costos para los más vulnerables.

De seguro que Trump y compañía deberían solo dejarlo y seguir a otra cosa. Sin embargo, eso requeriría un cierto nivel de madurez, una cualidad que no se halla por ninguna parte en la Casa Blanca. Así es que solo continúan, con propuestas que todos los que yo conozco llaman Trumpcare zombi 2.0, 3.0, y así sucesivamente.

Ni siquiera quiero pensar en la política exterior. En el frente interno, calmar al frágil ego del presidente con proclamaciones que suenen contundentes aunque sean incoherentes, daña poco; en el frente internacional, es una buena forma de toparse con una crisis diplomática o hasta una guerra.

De cualquier forma, me gustaría exhortar a mis colegas de los medios de información: no finjan que esto es normal. No actuemos como si esa cosa dada a conocer el miércoles, sea lo que sea que es, fue algo como, por decir, la reducción tributaria de Bush en el 2001; yo la desaprobé contundentemente, pero, por lo menos, era comprensible. No finjamos que sostenemos una verdadera discusión, por decir, sobre los efectos de crecimiento de los cambios en las tasas impositivas a los negocios.

No, lo que estamos viendo aquí no es política; son pedazos de papel, cuyo objetivo es calmar los berrinches temperamentales del gran hombre. Desafortunadamente, es posible que todos paguemos el precio de su terapia.