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Una clase de historia para los alarmistas

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Ah, París en la década de 1920. Fue la era de Ernest Hemingway y de F. Scott Fitzgerald, de Gertrude Stein y de Alice B. Toklas, de la deuda soberana y de la estabilización. Un momento, ¿qué?

 

Está bien, ya he escrito antes sobre la noción de que la Francia de la década de 1920 ofrece lo más cercano que encuentro en el registro histórico de una crisis del tipo que los vigilantes de los déficits de Estados Unidos nos siguen advirtiendo. No nos parecemos en nada a Grecia; tenemos nuestra propia moneda, y nuestras deudas están denominadas en esa moneda. Así que no podemos quedarnos sin dinero, incluso si los vigilantes de los bonos resultan estar en lo cierto y pierden la confianza en Estados Unidos. En el peor de los casos, somos algo parecido a la Francia de la década de 1920, con su tipo de cambio flotante y enorme deuda generada por la guerra – excepto que nuestra deuda realmente no es tan mala como porcentaje del producto interno bruto (PIB), y no tenemos la persistente mentalidad del estándar de oro que prevalecía en todo el mundo occidental en ese entonces. 
 
Entonces, ¿realmente qué le pasó a Francia en la década de 1920? 
 
Francia emergió de la Primera Guerra Mundial con deudas muy grandes. Usando la base de datos de deuda del Fondo Monetario Internacional (FMI), veamos en este gráfico la comparación con Grecia, el país que los vigilantes de los déficits usan ahora para espantarnos. Lo impactante, por supuesto, es la radical caída de la proporción deuda/PIB. ¿Cómo pasó eso? De hecho, sucedió gracias a los especuladores, quienes se volieron contra Francia en 1926, enviando al franco a un nivel marcadamente más bajo. Esto, a su vez, llevó a un aumento importante en los precios, erosionando el valor real de la deuda. 
 
Entonces, ¿cómo afectó esto a la economía francesa real? De hecho, Francia creció fuertemente durante la década de 1920. Sufrió una severa aunque breve recesión relacionada con la estabilización Poincarè del franco – en gran parte, según creo, debido a la repentina austeridad fiscal -, pero no duró. 
 
Después vino la Gran Depresión, pero esa es otra historia. 
 
Ahora bien, Francia estaba mucho más endeudada que nosotros, y sus políticas discutiblemente eran aún más disfuncionales que las del Estados Unidos de principios del siglo XXI. Aun así, empero, la deuda francesa no causó nada como el tipo de Apocalipsis que los vigilantes del déficit prometen rutinariamente a menos que hagamos lo que dicen. No hubo una crisis económica sostenida – nada parecido al infierno que Grecia, España, Portugal e Irlanda están sufriendo; y aunque hubo un brote de inflación, tampoco se pareció en nada a la de Weimar o Zimbabue. 
 
Sé que los vigilantes quieren su Apocalipsis; realmente quieren creer que a menos que hagamos lo que dicen, cosas increíblemente malas sucederán. 
 
Pero el ejemplo histórico más relevante que puedo encontrar no apoya para nada su alarmismo. 
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