Analistas

Todavía a la espera de disturbios

He recibido varias respuestas concienzudas de economistas que respeto, y todos han presentado un argumento particular sobre los efectos de la incertidumbre inducida por el Brexit. Es más a o menos así: en este momento, las firmas no saben qué tantos vínculos tendrá Gran Bretaña con Europa, por lo que para ellas tiene sentido posponer la inversión hasta que se clarifique la situación.

Se trata de un argumento interesante y factible; básicamente, que la forma no clara del Brexit crea valor para la opción de esperar. Pero tengo tres preguntas al respecto.

Primero, ¿es este argumento lo que realmente subyace a todos estos horribles pronósticos post Brexit? Supongo que muy poca gente que lee noticias (o incluso informes) sobre el Brexit lo entiende así. Lo que está viendo se parece más a la noción de que incertidumbre es igual a mayor probabilidad de malas cosas. En otras palabras, este argumento es mucho más matizado y sutil que cualquier cosa que haya oído previamente en esta discusión.

En segundo lugar, ¿no implica este argumento un auge posterior en la inversión una vez que la incertidumbre se resuelve en cualquier dirección? Esto es, una vez que el Primer Ministro, Nigel Farage, en Gran Bretaña, y el Presidente Marine Le Pen, en Francia, hayan ideado el fallecimiento de la UE, no habrá motivos para esperar, y toda esa inversión reprimida volverá rugiendo, ¿cierto? Pero no he escuchado a decir nadie que el efecto contractivo del Brexit vaya a ser seguido por un auge de compensación una vez que las cosas se asienten.

En tercer lugar, ¿no sugiere este argumento esencialmente los mismos efectos de cualquier negociación de política cuyo resultado final sea desconocido? ¿Por qué no decimos que las posibilidades del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica o de la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión son contractivas, porque las firmas tienen un incentivo para posponer las decisiones de inversión hasta que sepan si estos acuerdos de hecho se materializarán? No obstante, de alguna forma nunca he escuchado a nadie que hable de los efectos depresores de la liberalización comercial pendiente.

Otra vez, no estoy intentando defender el Brexit. Pero me preocupa que el ánimo por condenarlo haya llevado a una caída en los estándares intelectuales.

También, permítanme decir que la narrativa del desastre está coloreando parte (no todo) del reportaje financiero. En general, la reacción del mercado me parece muy apagada. No son solo las acciones: los diferenciales en los bonos europeos están casi igual que hace un mes. Cierto, a nivel global las tasas están considerablemente más bajas, pero no estamos viendo el tipo de desorganización financiera tan ampliamente pronosticada. Sin embargo, los titulares sobre trastornos están por doquier.

¿Podría estar equivocado en todo esto? Por supuesto. Sin embargo, todo mundo realmente debería preguntarse de dónde viene todo el consenso macroeconómico en torno al Brexit.