Analistas

Señales alentadoras de un 2014 más brillante

Hay una alarmante cantidad de optimismo sobre las perspectivas económicas de Estados Unidos para 2014. Permítanme hacer que la situación sea incluso más alarmante al decir que básicamente comparto ese optimismo. 

¿Por qué? Debido al efecto de Los Tres Chiflados: si alguien se ha estado golpeando la cabeza contra la pared sin ningún motivo, se sentirá mucho mejor cuando deje de hacerlo. 

Una forma de describir a la economía estadounidense en 2013 es decir que, en efecto, estaba intentando iniciar una fuerte recuperación pero fue contenida por una terrible política fiscal federal. La vivienda estaba regresando; si las políticas de austeridad estatales y locales no estaban yendo en reversa, al menos no se estaban intensificando, y el gasto de las familias estaba empezando a revivir conforme los bajaban los niveles de deuda. 

Pero las autoridades federales estaban elevando el impuesto a la nómina, recortando el gasto a través de la secuestración, y más.

Incidentalmente, debido a estos factores adicionales no me tomo en serio las afirmaciones de los monetaristas de mercado de que el hecho de que el crecimiento no haya colapsado en 2013 demuestra de alguna forma que la política fiscal no importa. La austeridad en Estados Unidos, pese a ser realmente mala, no fue ni remotamente tan intensa como lo que se presentó en el sur de Europa; fue tan contenida que podía más o menos compensarse (y sostendría que así lo fue) con otros desarrollos durante el transcurso de un solo año. 

El punto, en cualquiera de los casos, es que los golpes de cabeza están por terminar; no en el sentido de que revertiremos los pasos que dimos en la dirección equivocada, sino que no seguiremos avanzando en esa dirección. Mientras tanto, el mercado de viviendas aún sigue mejorando, y otras cosas son relativamente favorables.

Nada de esto reivindica los múltiples años de lenta recuperación que debió haber sido vigorosa. Y seamos claros: este tipo de pronóstico es mucho menos confiable que, digamos, mis pronósticos de que la inflación y las tasas de interés permanecerían bajas en Estados Unidos siempre que siguiéramos atrapados en una trampa de liquidez, pronósticos que se basaron en fundamentos de un modelo. 

No obstante, este año inicia con algunos buenos augurios.

Ah, y en el lado de la política: dado que el Obamacare no es un desastre y que los estadounidenses enfrentan la posibilidad de una tasa decente de crecimiento económico, las elecciones intermedias para el Congreso, que se celebrarán en noviembre, podrían no salir como muchos conservadores esperan. 

Lo que un buen año no demostrará 

Un breve apéndice: si 2014 es un año de crecimiento relativamente bueno, ya saben que mucha gente lo tomará como algo que de alguna forma refuta al keynesianismo; “¡Hey! ¿No predijeron que la economía nunca se recuperaría sin estímulo fiscal?” 

No, no lo hicimos. 

Tal como lo escribí en 2009: “En el largo plazo, tendremos una recuperación económica espontánea, incluso si fracasan todas las iniciativas de política. Por otro lado, en el largo plazo …” 

El hecho de que las cosas eventualmente mejoren no es ni una refutación del análisis keynesiano ni un motivo para excusarse y pasar por alto los vastos costos económico y humanos de las malas políticas aplicadas hasta la fecha, de la misma forma en que tampoco reivindica las políticas de austeridad en Gran Bretaña.