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No se puede esperar que la salida de Grecia de la Eurozona sea indolora

El vicecanciller alemán dijo en una entrevista reciente que la posibilidad de que Grecia abandone el euro “ha perdido su terror”. Mientras tanto, Der Spiegel informó que el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha decidido desconectar el financiamiento para Grecia.

Me parece que su falta de terror … es perturbadora. No estoy diciendo que deba hacerse que Grecia siga en el euro; ultimadamente, se dificulta ver cómo puede funcionar eso. Pero si alguien de Europa se imagina que la salida griega puede contenerse fácilmente, está soñando.

Una vez que un país, cualquiera, ha demostrado que el euro no necesariamente es para siempre, los inversionistas – y los ahorradores ordinarios – de otros países están obligados a tomar nota. Me sorprendería que a la salida griega no la siguieran grandes retiros bancarios en la periferia europea.

Para contener esto, el Banco Central Europeo (BCE) tendría que proveer gran cantidad de financiamiento bancario – y probablemente también tendría que comprar deuda soberana, especialmente dados los picos en el rendimiento de la deuda española e italiana que se están presentando mientras lee esto.

¿Los alemanes están listos para esto? El consejo que daría es tener miedo, mucho miedo.

El efecto radicalizante del desastre del euro

Una cosa que no creo que haya sido suficientemente enfatizada conforme contemplamos la cara del desastre del euro es la cantidad de daño que hará al paisaje político europeo general.

En gran parte de la periferia, ambos lados de la división política normal han sido embaucados para que adopten políticas de austeridad y devaluación interna – a veces en gobiernos de unidad nacional, otras en gobiernos normales de mayoría partidista pero con ambos partidos siguiendo casi la misma línea.

Entonces, si las políticas fracasan desastrosamente, lo que cada vez parece más factible, el efecto será desacreditar a todo el centro político, dejando a los radicales de izquierda y derecha como los únicos sin mancharse.

Es difícil saber cómo terminará esto. Pero en pocos años Europa podría ser un sitio muy distinto a la agradable alianza de naciones democráticas que todos conocemos y queremos.