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La próxima mala idea de Europa: traer a los tecnócratas

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Pero, permítanme señalar, como lo he hecho antes, que lo que Europa llama tecnócratas no son gente que sepa cómo funciona el mundo; son personas que suscriben a las fantasías aprobadas y nunca cambian de idea, sin importar lo mal que salgan las cosas. Pese a la abrumadora evidencia de que la austeridad ha tenido exactamente los horribles efectos anunciados por los libros de texto básicos de macroeconomía, los tecnócratas se aferran a una creencia en el hada de la confianza. Pese a una impactante ausencia de evidencia en el sentido de que la “reforma estructural” genera gran impulso económico, especialmente en un país que sufre de una enorme brecha de producción, siguen presentando la reforma estructural (principalmente en forma de desempoderar a los trabajadores) como remedio soberano para todos los males. Pese a un claro historial de fracasos previos, siguen presionando a favor de la venta de activos griegos como supuesta respuesta al sobreendeudamiento.

En pocas palabras, lo que Europa normalmente quiere decir cuando habla de tecnócrata es Gente Muy Seria, alguien distinguido por su fe en la ortodoxia recibida, sin importar la evidencia. Es como lo escribió John Maynard Keynes: “La sabiduría del mundo enseña que es mejor para la reputación fallar convencionalmente que tener éxito en forma poco convencional”.

Y parece como que en el futuro de Europa hay mucho más fracasos convencionales.

Alemanes enojados

Jacob Soll, un profesor de la Universidad del Sur de California, escribió recientemente una columna de opinión en The New York Times sobre el coraje destructivo que notó en una conferencia alemana sobre cuestiones del euro; puedo secundar esa observación.

Verán, últimamente he estado recibiendo muchísimo correo electrónico de Alemania, para variar con respecto a (o de hecho, además de) mi tromba normal de mensajes de odio del ala derecha. Soy consciente de que se trata de una muestra altamente distorsionada, dado que solo estoy leyendo gente suficientemente enojada e irracional para escribir estas cosas; en serio, ¿qué esperan lograr los que escriben estos mensajes? No obstante, el contenido de la correspondencia es impactante.

Básicamente, las misivas entrantes toman dos formas:

1. Obscenidades, tanto en inglés como en alemán.

2. Amargas acusaciones de persecución, que más o menos siguen la línea de “como judío, usted debería conocer los peligros de satanizar a la gente”, porque criticar la ideología económica de una nación es como declarar subhumana a su gente.

Hay que considerar que es gente que escribe cartas, y difícilmente es representativa. Sin embargo, el sentido de victimización de Alemania sí parece real, y es un problema grande para sus vecinos.

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