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Japón se pone duro

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Casi para sorpresa de todos, Japón – ¡Japón! – ha emergido como el país desarrollado más dispuesto a romper con la ortodoxia de la austeridad y a probar una combinación de agresivos estímulos monetarios y fiscales. El veredicto sobre la “Abeconomía”, por supuesto, sigue estando en el aire, aunque los primeros indicios son buenos. ¿Pero cómo pasó esto?

 

David Pilling, columnista del Financial Times, sugirió recientemente que el cambio fue provocado por el doble impacto del tsunami de 2011 y que China superara a Japón como la segunda economía del mundo. Estos impactos, sostiene el Sr. Pilling, rompieron el fatalismo y convencieron a la élite japonesa de que algo debía hacerse.  Mis viejos lectores saben que alguna vez bromeé que lo que necesitábamos en Estados Unidos para sacudirnos y entrar en acción con los estímulos era una amenaza de los alienígenas del espacio; no importaba si después se revelaba que los extraterrestres eran una broma de mal gusto. 
 
Bueno, parece que Japón ha encontrado el equivalente moral de los alienígenas del espacio. Bien por ellos.
 
La tierra de las sumas crecientes
 
Las buenas noticias siguen llegando; por supuesto, esto no acaba hasta que cante el luchador de sumo, pero claramente ha habido un cambio importante en la psicología y expectativas japonesas, que es de lo que se trata todo. 
 
¿Por qué parece estar funcionando tan bien? Hace mucho sostuve que para ganar inercia en una trampa de liquidez, el banco central tenía que prometer creíblemente ser irresponsable – esto es, convencer a los inversionistas que no controlaría la expansión monetaria una vez que la economía estuviera en pleno empleo y la inflación empezara a crecer. Y eso es algo difícil de hacer. 
 
Sin importar lo que puedan decir los banqueros centrales, la historia demuestra que a menudo vuelven a lo mismo ante la menor oportunidad. Los ejemplos de cambios exitosos en las expectativas tienden a involucrar cambios drásticos de régimen, como cuando el Presidente Franklin D. Roosevelt sacó a Estados Unidos del estándar de oro. 
 
Y es aquí donde entra el equivalente moral del tsunami-China para mi teoría de los alienígenas del espacio: discutiblemente, los impactos de los últimos dos años han cambiado suficientemente las percepciones japonesas sobre lo que debe hacerse para hacer creíble la irresponsabilidad duradera – o, de hecho, un compromiso serio y sostenido con mayor inflación. 
 
Mientras tanto, Martin Feldstein, ex presidente del Consejo de Asesores Económicos durante la administración del Presidente Ronald Reagan, está exigiendo que se ponga fin a los esfuerzos de la Reserva Federal de Estados Unidos por hacer lo mismo, induciendo más ira del economista David Glasner, quien, en una publicación reciente en Internet, acusó al Sr. Feldstein de no entender el punto de que todo tiene que ver con cambiar las expectativas. Pero de hecho es mucho peor de lo que dice el Sr. Glasner. 
 
Esto es lo que dijo el Sr. Feldstein en una columna de opinión para The Wall Street Journal del 9 de mayo, intitulada “The Federal Reserve’s Policy Dead End”: “El Sr. Bernanke ha enfatizado que el uso de una política monetaria no convencional requiere un análisis de costo-beneficio que compare las ganancias que puede lograr la relajación cuantitativa con los riesgos de burbujas de precio de activos, inflación futura y los demás efectos potenciales de un estado financiero de la Fed en rápido crecimiento”. 
 
Entonces, debemos parar la relajación cuantitativa porque podría llevar a más inflación – cuando las expectativas de (un poco de) más inflación son precisamente el punto principal de la política monetaria no convencional. 
 
Hasta se podría decir que si la relajación cuantitativa falla, será porque gente como el Sr. Feldstein está haciendo su mejor esfuerzo para bloquear el principal canal por el que pudiera funcionar. 
 
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